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Aragón

gente de la tierra

En busca de la esencia del vino, encontró su pasión

Víctor Clavería elabora sus vinos de la gama Zinca de un modo totalmente artesanal que recupera aromas, técnicas y sabores de hace miles de años.

Víctor Clavería en su bodega de Casa Ric, en La Almunia de San Juan.
Víctor Clavería en su bodega de Casa Ric, en La Almunia de San Juan.
MIguel Angel Muniesa

Porque todas las historias que persiguen un sueño merecen la pena ser contadas, la de Víctor Clavería esa una de esas que reúne pasión, tesón y la clarividencia de saber exactamente lo que se quiere hacer.

Economista de profesión, pero enólogo de corazón, no dudó en dar el salto hacia lo que verdaderamente le conmovía: «No quería arrepentirme de no hacer lo que me apetecía», explica. En 2010, se marchó a Logroño a estudiar Enología y en 2014 ya había dejado atrás su vida en la ciudad para hacer vino en la bodega de la casa de sus abuelos, en el municipio oscense de La Almunia de San Juan.

Desde el principio, Clavería tuvo claro que ese era el lugar que le permitiría hacer realidad su sueño. La bodega era el único espacio de la conocida como Casa Ric que se conservaba como en sus orígenes, en el siglo XI. Más que el lugar de trabajo fue la fuente de inspiración que ha marcado la personalidad de la producción de la Bodega Clavería Barrabés.

Los Zinca son vinos naturales y trabajados de forma manual, lo que les ha valido ser los únicos del sector reconocidos con el Sello de Artesanía Alimentaria de Aragón en la provincia de Huesca. Desde la vendimia hasta la selección de la uva, grano a grano, pasando por la larga fermentación, en tinajas de barro, y la prensa, también manual.

La bodega de la conocida Casa Ric era el único espacio que se conservaba como en el siglo XI

El resultado son unos vinos de calidad, diferenciados, sin conservantes. No hace falta aditivos, debido a su alta concentración y su tardía vendimia. En su aroma y su sabor hay un claro predominio de la fruta.

«Los comienzos fueron duros –reconoce Clavería–. Has hecho una inversión importante, nadie te conoce y estás todo el día de ferias y visitas». Aún así, nunca se le pasó por la cabeza hacer otro tipo de producto.

Empezó con una producción de 300 botellas que ahora ha alcanzado las 2.000, gracias, en gran medida, al proyecto Vignerons de Huesca, que aúpa a las bodegas pequeñas aportándoles mayor visibilidad. Como el propio Víctor señala «ahora vemos los frutos de nuestro trabajo», muy demandado, sobre todo, en la alta restauración oscense. A nivel particular, los vinos se pueden adquirir ‘online’ a través de www.binomiovinos.com. Explica que no aumentarán mucho más su producción vinícola porque «estamos alcanzando el máximo en cuanto a la capacidad de la bodega».

El plural incluye a su mujer, Isabel Nieves, encargada de la parte contable y administrativa de Binomio Vinos, la empresa que sostiene el proyecto de Bodegas Clavería Barrabés. También se dedica a producir otras bebidas como el vermú, la sangría o la ginebra, bajo la marca de Cabecita Loca, y su sede se encuentra en Barbastro, actual lugar de residencia de Víctor y su mujer.

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