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Las atenciones por picadura de mosca negra caen un 39% por el confinamiento y los tratamientos en el Ebro y el Gállego

El alto caudal del primero hasta junio también  ha dificultado su proliferación. Se han registrado 7.932 consultas, de las que el 59,6% han sido en la provincia de Zaragoza.

Ribera del Ebro donde otros años había mosca negra.
Ribera del Ebro donde otros años había mosca negra.
José Miguel Marco

Las atenciones por mosca negra han caído un 39,4% respecto a 2019 por el confinamiento, los tratamientos y controles realizados en el Ebro y el Gállego y los caudales de los últimos meses. Estos tres factores han hecho que el número de consultas por picadura de insectos registradas en los centros de Atención Primaria se haya desplomado hasta las 7.932, un dato que contrasta con las alrededor de 13.000 notificadas hace un año.

Según el boletín epidemiológico de Aragón, la provincia de Zaragoza concentra el 59,6% de las consultas. Son 4.727, de las que 2.424 corresponden a la capital. A estas hay que añadir las 1.773 de la provincia de Huesca (22,4%) y las 1.432 de la de Teruel (18,1%). Aunque estas cifras, que van desde el 1 de enero a mitad de julio, engloban picaduras y mordeduras de otros insectos, la mayor parte se deben a la mosca negra, algo que viene ocurriendo desde 2010.

Año récord en 2017

Estas estadísticas reflejan únicamente los casos más graves, ya que las picaduras leves no suelen requerir de atención sanitaria. Ya en la semana 22, del 25 al 31 de mayo, se superó el umbral establecido para 2020 en Aragón. No obstante, el global de este año nada tiene que ver con los registros de 2012 o 2017. El primero, recordó Emilio Martínez, veterinario del Instituto Municipal de Salud Pública de Zaragoza, terminó con alrededor de 18.000 atenciones y el segundo, con unas 13.500.

Para entender el desplome de los primeros siete meses del año han de tenerse en cuenta varios factores. El primero es que, a raíz del confinamiento, ha habido menos personas que han salido a la calle. La covid obligó a limitar los paseos, una práctica que, no obstante, se recuperó en mayo, coincidiendo con las semanas de mayor incidencia de la mosca negra.

¿Cómo se explica entonces el descenso? Uno de los principales motivos está en el control larvario que realiza periódicamente el Instituto Municipal a las aguas del Ebro y el Gállego. Los últimos resultados, obtenidos el pasado lunes, confirman unos registros «bajísimos» en ambos ríos. "En el Gállego no hay ya prácticamente nada y en el Ebro, muy pocos. Sobre todo si se comparan con otros años", dijo Martínez.

Ya a finales de junio, el Ayuntamiento inició el tratamiento directo contra este insecto en los dos ríos. Lo hizo, como en años anteriores, con sulfatadoras y un biocida inocuo para el resto de flora y fauna. Los niveles actuales hacen prever que no serán necesarios nuevos tratamientos, aunque se mantendrá la vigilancia.

"El pico ya ha pasado"

El caudal del Ebro también ha influido. "Si hay una crecida extraordinaria, se limpia de macrófitos. Este año no la ha habido, pero los niveles han sido altos hasta junio por las lluvias. Esto ha hecho que los macrófitos –las ‘algas’ de color verde que otros años teñían el río– no hayan aflorado", añadió Martínez. De cara a los próximos meses, las previsiones son optimistas, ya que a partir de la primera semana de julio, la incidencia de la mosca negra "es menor".

"El pico suele producirse entonces y en las siguientes semanas, las atenciones caen", agregó. Según este veterinario del Instituto Municipal de Salud Pública, este año "no ha habido denuncias ni quejas" por la mosca negra. Esto se debe, entre otros motivos, al descenso de usos en las piscinas públicas, origen, en años anteriores, de una parte importante de las atenciones. Todo esto hace pensar que la Comunidad cerrará uno de sus mejores ejercicios desde 2011, momento en que se activó el sistema de vigilancia ante picaduras de insectos en Atención Primaria con el objetivo de monitorizar la demanda asistencial e implantar nuevas medidas de control.

En los barrios más próximos a la ribera señalan que este verano "no es comparable" a otros. Aunque el problema no ha desaparecido del todo, basta con acercarse a la orilla del Ebro y ver el color del río, muy distinto al verde que obligó a los vecinos de Vadorrey a declararle la guerra a los macrófitos y hacer limpiezas por su cuenta.

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