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Ángel Pueyo: "Se puede mantener la distancia creando proximidad"

El catedrático de Geografía humana analiza la evolución del coronavirus.

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Ángel Pueyo no pierde el optimismo.
Oliver Duch

Entre brotes y rebrotes, se suceden los estudios y encuestas sobre la covid. Ángel Pueyo es catedrático de Geografía humana y director de la cátedra Territorio, Sociedad y Visualización Geográfica del Ayuntamiento y de la Universidad de Zaragoza.

¿Qué pinta un geógrafo entre una proteína y el lípido del coronavirus?

Le cuento. Analizamos el espacio y la sociedad. Somos transversales. Utilizamos un lenguaje que ayuda a entenderse a un abogado, un arquitecto, un médico, un sociólogo… Desarrollamos herramientas, sobre todo mapas, que ayuden a presentar y comprender algunos de los problemas ligados a la covid, no solo para los técnicos, sino para la ciudadanía. Plasmamos, en suma, lo que siente y piensa la población.

Hay que respirar antes de leer el largo enunciado del proyecto: ‘Encuesta de condiciones de vida, percepción y valoración emocional de la ciudadanía durante el confinamiento’.

Esta encuesta de la Universidad y del Ayuntamiento de Zaragoza consta de 400 preguntas sobre nueve temas. Respondieron 5.300 personas. Proporcionalmente, es la mayor encuesta que se ha hecho en Europa. Madrid hizo una de 1.200 encuestas. Nosotros, sobre una población muy inferior, más de cuatro veces más. Se realizó con confianza y absoluta libertad. Trabajamos más de 20 personas en su diseño. Se trata de la más completa que yo conozco, incluidas las realizadas en Estados Unidos y Francia.

¿Qué conclusiones extrae?

La ciudadanía fue responsable durante el confinamiento. Reforzó los lazos familiares y de proximidad. No solo con la familia, sino con los vecinos. Se creó una red de solidaridad, que complementa los apoyos de las administraciones públicas. Además, nos permitió ver la emergencia de esta crisis, que va a continuar más allá de la pandemia, como los ERTE y los ERE, la disminución sustancial de la capacidad económica, el miedo, la tristeza, la indignación…

¿Y el fenómeno de internet?

Curiosamente, no se sintió la soledad porque las redes digitales han creado unas conexiones de proximidad virtual que complementan a las físicas.

No se recomienda el contacto real sino la ‘distancia social’.

Se puede mantener la distancia creando proximidad, ese es el reto. No colisionan conceptos como distancia y proximidad. Hay muchas formas de aproximarse sin tocarse.

¿Qué consideraban como esencial los encuestados?

Los servicios públicos: médicos, servicios sociales, las fuerzas de seguridad, la educación, además de otros servicios esenciales que algunas veces no reconocemos. Me refiero a cajeras de supermercados, servicio de mantenimiento, repartidores… Hay datos muy curiosos.

¿Por ejemplo?

La covid vino a través de clases más móviles y con capacidad de dirección y gestión, y se empieza a enquistar en las clases más vulnerables. Este es el grave peligro, como en Nueva York, que llegó a Manhattan, las clases más pudientes salieron y el problema recayó en los barrios más desfavorecidos. Recuerdo que en Estados Unidos la sanidad hay que pagarla, no como en España...

¿Qué nos ha enseñado la covid?

A ser solidarios intergeneracionalmente. Tenemos que tener responsabilidad en cuidarnos para cuidar a los demás. Yo llevo mascarilla por mí, pero también por mi madre, que tiene 94 años.

¿Cómo divisa la pandemia dentro de tres meses?

Nos encontramos en una realidad diferente. Afortunadamente, hemos aprendido en estos cuatro meses. La vacuna sería la solución ideal, pero no ha llegado todavía. Mientras llega, la covid nos ha ayudado a reflexionar sobre el modo de vida, las cosas prescindibles, las relaciones que hay que potenciar. Y valorar que algunos seguimos siendo privilegiados.

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