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Las carreteras aragonesas y sus estaciones de servicio recuperan el pulso

Durante el estado de alarma, la movilidad cayó hasta un 87% en Aragón. Hubo gasolineras que algunos días no vendieron ni un litro. Ahora se acercan a los niveles previos a la crisis de la Covid-19.

Una ambulancia reposta durante el estado de alarma.
Una ambulancia reposta en Zaragoza durante el estado de alarma.
Heraldo

El estado de alarma y el confinamiento dejaron sin pulso las carreteras aragonesas. Esto supuso un duro golpe para las estaciones de servicio de la Comunidad, cuyos potenciales clientes se quedaron en casa. Y sus coches, en el garaje. Algunas llegaron a no vender ni un solo litro de gasolina en todo un día. Ahora, poco a poco, van recuperando la actividad al mismo ritmo que vuelve la circulación al asfalto aragonés.

El Ministerio de Fomento ha hecho un seguimiento del comportamiento que ha tenido la movilidad en el país desde que se decretó el estado de alarma, gracias al rastreo (anónimo) de la señalas de los teléfonos móviles. El estudio toma como referencia la semana del 14 al 20 de febrero -cuando el coronavirus aún no había empezado a condicionar la vida del país-, y los compara el número de movimientos que ha habido después de esas fechas.

Durante el estado de alarma, la paralización de la movilidad fue tal que algunos días los movimientos en las carreteras aragonesas se redujeron un 87% con respecto al periodo de referencia. Fue el caso del 10 de abril, cuando se registró la mayor caída de todo el periodo. Durante la época más dura del confinamiento, cuando solo se permitían los desplazamientos de las actividades esenciales, la movilidad se redujo entre el 60% y ese 87%, dependiendo de las jornadas.

La caída más dura se produjo en los desplazamientos fuera de la Comunidad, que llegó a desplomarse un 94% durante algunas jornadas. Los movimientos dentro de Aragón también se redujeron drásticamente, pero no llegaron a superar el 80% de disminución.

Pilar Soto, presidenta de la Asociación de Estaciones de Servicio de Aragón (Aesar), señala que estos negocios durante esos días “tuvieron que abrir a pérdidas”. “En mi caso llegué a bajar más de un 80% el volumen de negocio”, cuenta sobre su estación, la BP situada a la entrada de la carretera de Castellón. Entre semana el impacto fue variable, pero los fines de semana “no se trabajaba absolutamente nada”, explica.

Conforme se fue abriendo la mano durante el estado de alarma, la actividad en las carreteras poco a poco se fue recuperando. Así, durante el mes de mayo los porcentajes de caída con respecto a una semana normal fueron progresando desde el 55% con el que empezó el mes hasta el 30% con el que terminó. 

Esta mejoría se agudizó durante en junio y, especialmente, a partir del día 21 de ese mes, cuando se levantó el estado de alarma y, con él, el veto a los desplazamientos entre comunidades autónomas. Ese domingo, los desplazamientos de Aragón a alguna otra comunidad no solo no fueron inferiores a un día normal, sino que fueron casi un 2% superiores.

Desde entonces, las carreteras presentan un nivel de tráfico totalmente distinto al de los meses precedentes, aunque aún algo por debajo a la semana de referencia. Desde el 22 de junio hasta el 3 de julio (último día con datos disponibles), la movilidad en Aragón está entre un 12% y un 5% por debajo de la citada semana de febrero.

Esta tendencia ha llevado a las estaciones a recuperar los clientes. Aunque, como dice Soto, “mejorar no era difícil”, el aumento de las ventas ha sido claro, ya que la facturación se ha incrementado en algunos casos por encima del 70%, con respecto a la época del estado de alarma. “Julio suele ser un buen mes para nosotros por las vacaciones, así que hemos notado un repunte importante”, afirma.

Eso sí, la situación no es la misma en todas las estaciones, ya que su ubicación es clave. No es lo mismo las que están en las autovías que las que están en el medio rural, en los polígonos industriales… Estos días, por ejemplo, se nota un nuevo parón en las ventas en las estaciones que están en las zonas aragonesas que han regresado a la fase 2.

La preocupación de estos negocios, como la de otros sectores económicos, es el próximo otoño. “Si los Ertes se mantienen y si aumenta el paro, será un problema también para nosotros. Y si vuelve a haber otro confinamiento, ni te cuento”, concluye la presidenta de Aesar.

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