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Aragoneses en Lérida: “Lo peor es el miedo a revivir lo mismo que hace unos meses”

El confinamiento de Lérida y otros 37 municipios de la comarca del Segriá afecta a buena parte de los 8.400 aragoneses que viven en la provincia vecina.

Arriba, Jesús Monter y María Rosel; abajo, a la izquierda, Xavier y Cristina y Cherish Junyent
Arriba, Jesús Monter y María Rosel; abajo, a la izquierda, Xavier y Cristina y Cherish Junyent
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El anuncio del confinamiento de la ciudad de Lérida y otros 37 municipios de la comarca del Segriá la mañana del sábado provocaba el desconcierto generalizado de varios residentes de la zona. La Generalitat decretaba el confinamiento perimetral de la zona debido a un “crecimiento demasiado importante de casos de contagio”, limitando las entradas y salidas al territorio afectado salvo por motivos laborales, además de prohibir las reuniones de más de diez personas en el ámbito público y familiar. Según los últimos datos, la comarca del Segriá ha sumado 74 nuevos positivos por covid-19 en las últimas 24 horas y acumula 2.615 casos desde el inicio de la pandemia.

Jesús Monter Herbera, presidente de la Casa de Aragón en Lerida
Jesús Monter Herbera, presidente de la Casa de Aragón en Lerida
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Durante esta semana se han vuelto a repetir historias hasta hace unos meses inimaginables. Como el caso de Jesús Monter, natural de la localidad oscense de Binaced y residente en Lérida, que se encuentra a tan solo media hora de distancia de su hermano, pero que no va a poder visitarlo hasta que se levante el confinamiento. Como él, son cientos los casos de aragoneses en esta misma situación. Según datos de la Casa de Aragón en Lérida, actualmente residen en la provincia de Lérida más de 8.400 aragoneses.

Monter, su presidente desde hace 21 años, asegura que la sensación por el momento es de relativa tranquilidad. “Claro que la gente tiene miedo. Es normal, aunque yo particularmente no creo que vuelva a haber confinamiento en las casas. Eso significaría volver a pararlo todo. Si la gente es responsable, no debería ocurrir”, afirma. A su vez, asegura que es primordial que la gente se tome en serio las nuevas medidas. “La mayoría de la gente es responsable y usa mascarilla aunque siempre hay alguno que no hace las cosas bien”, asevera.

María Rosel, teletrabajando en casa
María Rosel, teletrabajando en casa
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Además, al ser fin de semana y verano, a muchos aragoneses residentes en Lérida les pilló pasando el fin de semana fuera. Es el caso de María Rosel, vecina desde hace 5 años de Mayals, municipio ubicado en la comarca del Segriá, cuya capital es Lérida y donde residen unas 210.000 personas. “Estaba disfrutando del fin de semana en Graus cuando me llamó mi madre para decirme que había oído en las noticias que iban a confinar Lérida y que tenía hasta las 16.00 para volver a casa”, relata la aragonesa.

En su caso no tuvo problema para regresar pues llevaba el certificado de empadronamiento. “Al llegar había algunas rotondas cerradas y en otras algunos controles. Cuando me tocó, me advirtieron que si entraba ya no podría volver a salir”, rememora. Aunque la empresa en la que trabaja está ubicada en Zaragoza, ella se adaptó a la fórmula del teletrabajo hace años. 

Casi a diario, muchos aragoneses cambian de Comunidad para hacer la compra, ir al médico o visitar a algún amigo o familiar, es el caso de su pareja. “Aunque es de aquí, tiene campos en Torrente de Cinca (Bajo Cinca, Huesca) y yo, por ejemplo; colaboro con una protectora de animales en Flix, Tarragona”, explica.

Mientras se adaptan a la nueva realidad, la zaragozana se prepara para cancelar algunos planes y se mentaliza para pasar unos días sin ver a su familia: “De momento hablan de 15 días pero no se sabe. Lo peor es la incertidumbre y el miedo a revivir lo mismo que hace unos meses”.

Un baño de realidad

También son muchos los casos de aragoneses que, aunque siguen empadronados en Aragón, tienen su lugar de trabajo en la zona afectada. Es el caso de Gustavo Villa, residente en Lérida desde hace dos años donde se dedica al ámbito de la seguridad. En su opinión, la adopción de nuevas medidas ha servido para que la gente vuelva a tomarse en serio la pandemia: “Creo que, en general, nos habíamos relajado mucho durante las últimas semanas y esto ha sido un baño de realidad. Ahora se ven más las mascarillas, la gente se limpia más las manos y se nota menos movimiento”.

Xavier y Cristina, separados por el confinamiento en Lérida.
Xavier y Cristina, separados por el confinamiento en Lérida.
 

Sin embargo, el hecho de que los comercios y los bares sigan abiertos también despierta algunas dudas en la ciudadanía. “También es verdad que han pasado solo tres días pero yo sigo pudiendo coger cita en el gimnasio”, critica Marta Mur, médico residente en el Hospital Arnau de Vilanova desde hace tres años. “El viernes nos avisaron de que iban a tomarse medidas, el hecho de ver el hospital de campaña montado el viernes fue una sorpresa increíble”, advierte.

La zaragozana destaca el poco margen con el que se decretó el confinamiento en toda la zona. “Lo anunciaron a las 12 de la mañana de un sábado, a la mayoría nos pilló fuera de juego. Es muy difícil asumir que podríamos volver a vivir lo que ya hemos vivido”, destaca. Además, asegura que para el personal sanitario es un duro golpe ya que la mayoría todavía sufre las consecuencias de los meses más duros de la pandemia: “Es una mezcla de frustración y angustia que se unen a la incertidumbre de no saber qué va a pasar ahora y a la responsabilidad que tenemos como personal sanitario”.

Vuelta a la incertidumbre

La zaragozana Cristina Nasarre se ha visto obligada a despedirse de su pareja, Xavier, natural de Lérida donde reside habitualmente y tiene su lugar de trabajo. A pesar de que durante el estado de alarma pudo adaptarse al teletrabajo y quedarse en Zaragoza con ella, ahora, dada la situación, se ha visto obligado a quedarse en la ciudad catalana hasta que pase todo. ¿El problema? Que nadie sabe cuándo llegará ese momento. “Este fin de semana, el viernes, vino a pasarlo aquí como solemos hacer a sabiendas de lo que podía pasar. Nos despedimos y ya no sabemos cuándo vamos a volver a vernos ya que ninguno de los dos cumple los requisitos para desplazarse”, explica.

Cherish Junyent, vecina de Lérida residente en Zaragoza
Cherish Junyent, vecina de Lérida residente en Zaragoza
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Sin embargo, asegura que dadas las circunstancias, toca “adaptarse y aceptar la situación”. “Si se imponen estas medidas es por algo. Lo importante es que la gente se lo tome en serio para que todo vuelva a la normalidad lo antes posible”, concluye. También ha supuesto un cambio en la vida de Cherish Junyent, trabajadora social y vecina de un pueblo de Lérida que reside en la capital aragonesa junto a su pareja desde hace 3 años. “El anuncio del confinamiento pilló a mis padres haciendo la compra en Lérida. De repente avisaron a la gente que venía de pueblos de fuera de la comarca que tenían que acabar cuanto antes porque iban a cerrar la zona”, relata.

En su caso, ha solicitado la fórmula de teletrabajo quedándose en Zaragoza la mayoría del tiempo y tan solo tendrá que desplazarse dos días a la semana hasta su lugar de trabajo. “Creo que es una medida dura, pero necesaria. De hecho creo que lo tendrían que haber hecho antes”, opina.

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