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Una veintena de negocios del centro de Zaragoza echa el cierre definitivo tras la crisis sanitaria

“La única forma de revertir la situación es que se rebajen los alquileres y que el consumidor se aleje del ‘ahorro del miedo’”, argumentan los comerciantes.

Cada semana hay más locales vacíos en el centro de Zaragoza.
Cada semana hay más locales vacíos en el centro de Zaragoza.
Guillermo Mestre

Llevaban tiempo en el alambre. Haciendo malabares con las facturas y mal llegando a fin de mes gracias a algunos créditos o, incluso, al patrimonio personal. Un buen montón de negocios que antes de la crisis sanitaria de la covid tenían dudas sobre su viabilidad parece que han decidido no volver a levantar la persiana este mes, ni el que viene, ni en un futuro próximo.

“En la zona centro antes de la pandemia ya había ocho o diez locales cerrados. Ahora se han duplicado y aún hay muchos establecimientos más que han reabierto pero únicamente para deshacerse del stock porque lo primero que han hecho ha sido poner en el escaparate un cartel de ‘liquidación por cierre’”, lamenta Begoña Abad, presidenta de la asociación de empresarios del sector comercial Zona Centro.

Este espacio reúne a las tiendas de León XIII, el paseo de las Damas, San Ignacio de Loyola, el paseo de la Constitución… Lo que vendría a ser la milla de oro del comercio zaragozano, que atraviesa momentos muy complicados. “Los precios de los alquileres en esta zona son altísimos y algunos arrendatarios han accedido a renegociarlos pero otros no”, comentan. Ponen de ejemplo un gran local en León XIII, junto a la cafetería Estoril, que durante un tiempo fue una tiendas de juguetes, pero que lleva seis años cerrado porque llegan a pedir hasta 8.000 euros. “Si no se vende, es imposible pagar estos alquileres, por muchas ayudas a las que aspires o por mucho que juegues a prorratear los gastos”, se quejan. Algunos afortunados han tenido la suerte de que se les perdonara el mes de abril que permanecieron 30 días cerrados y sin ingreso alguno. Otros han logrado un aplazamiento o una rebaja del 50% del alquiler durante los meses más duros de la crisis, pero los arrendatarios creen que esta va tocando a su fin y aspiran a volver a cobrar lo de antes. El problema para muchas tiendas del sector textil es, además, que han perdido unos meses que tradicionalmente suelen ser buenos por la venta de ropa para las comuniones y las bodas del verano. Cuentan que las tiendas estaban repletas de existencias al empezar el estado de alarma pero, ahora, si ponen el género en rebajas, perderán dinero. “Nos estamos endeudando, acostumbrándonos a abrir a pérdidas, y la situación conforme más tiempo pase más insostenible se vuelve”, lamenta Abad.

Paseando por el centro se confunden los carteles de “rebajas” con los de “se traspasa”. "Creemos que los alquileres deben bajar acorde con la situación económica que es más frágil y habida cuenta de los locales vacíos que hay por todas las ciudades", piden desde la Federación de Empresarios del Comercio y Servicios de Zaragoza (ECOS). La entidad ya advirtió en mayo de que uno de cada cinco comercios de barrio podría cerrar a causa del coronavirus; más de un mes después se reafirma en esta oscura predicción.

Muchos autónomos no han podido resistir la embestida y las agresivas rebajas de las grandes superficies amenazan con arrasar a los tímidos descuentos de las pequeñas tiendas. “Esto tiene consecuencias en la identidad misma de la ciudad, si se pierde el comercio pequeño que aglutinas a los vecinos y hace tejido urbano salimos perdiendo todos”, comentan los afectados.

“Hemos salido de rebajas, pero aún vemos muchas tiendas que no han abierto. No sé si serán las vacaciones, si esperan ya a la nueva temporada de septiembre o si han cerrado ya para siempre”, dice María Luz Láinez, vecina de Utebo. Es seguro que grandes multinacionales como Camper o el Vips volverán a abrir -es posible que estén tratando de solventar sus ERTE- pero “hay muchas pequeñas tiendas físicas como Vorne, Cierzo o Limón y Fresa, que no tienen pinta de volver a levantar la persiana”, lamenta Láinez. Al habitual inventario desolador de locales vacíos podrían sumarse en los próximos meses hasta un 15% más de establecimientos que anuncien su cierre definitivo y que resten vida a las calles de la ciudad.

En la calles de Alfonso I también proliferan las persianas echadas.
En la calles de Alfonso I también proliferan las persianas echadas.
Guillermo Mestre

Al margen de rebajar alquileres, la otra clave para revertir la situación sería que los compradores salieran a arramblar con todo como si no hubiera un mañana, pero esta avalancha no se está dando. “Hay mucho miedo y es normal. Primero, porque la gente está asustada, muchos dependen de un ERTE que aún no han cobrado y porque ha vuelto a surgir el llamado ‘ahorro del miedo’, que siempre retrae los gastos”, explican en ECOS. A estos temores hay que sumar que tampoco ha sido fácil adoptar las medidas de seguridad precisadas (mascarillas, geles, incluso máquinas de vapor…) y que todas estas precauciones pueden ser desincentivadoras. “Apenas se usan los probadores porque tenemos que tener mucho control sobre ellos y eso también hace que haya menos ganas de comprar”, cuentan en una tienda de moda. De momento, “lo poco que facturamos es para pagar esos costes extra de desinfección”, que los comerciantes cifran en unos 200 euros mensuales.

Un reciente estudio de la consultora CBRE sobre la afluencia de visitantes a los ejes comerciales de Zaragoza avaló el progresivo regreso de los clientes a calles como Alfonso I, el paseo de la Independencia o el Coso. Sin embargo, aún quedan semanas de incertidumbre por delante y las tiendas y, también, el Ayuntamiento se esfuerza en buscar la complicidad de los clientes más fieles. Con la campaña ‘Volveremos si tú vuelves’ se trata de dar visibilidad al pequeño comercio (más de 400 negocios participan en esta iniciativa “para la revitalización del comercio tras la pandemia”) y el Gobierno de Zaragoza está a punto de aprobar las bases que regularán unas ayudas financieras al 0% de interés para inyectar liquidez a las tiendas. Se ha establecido un máximo de 10.000 euros por beneficiario y la devolución podrá hacerse hasta en cinco años.

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