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Aragón

lonjas agropecuarias

Cotizar en pandemia

La crisis de la covid-19 se nota en las lonjas agropecuarias, que lidian con la dificultad de acordar un precio en el peor momento del  mercado.

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Los agricultores, que critican los bajos precios en lonja de las cebadas, se encuentran en estos momentos en plena recolección.
Uaga

Cada semana las lonjas agropecuarias celebran una sesión en la que cada mesa (ya sea ovino o vacuno, pollos o porcino, cereal, almendra o alfalfa) discute sobre cuáles son las cotizaciones que, según las condiciones del mercado, deberían tener las distintas producciones.

Los precios -que toman de común acuerdo productores y comercializadores- son orientativos, pueden servir de referencia sin carácter vinculante, pero sin duda son el espejo en el que se miran las operaciones comerciales que realiza el sector. Las decisiones de las lonjas no siempre son del gusto de quienes venden y compran. Menos aún en los últimos meses, los que han estado marcados por la pandemia, el estado de alarma, el confinamiento de la sociedad, la restricción de movimientos y el cierre total del canal horeca. Unos meses en los que las tablillas de estas asociaciones sin ánimo de lucro han cobrado especial protagonismo y se han visto salpicadas también por los efectos del coronavirus.

Sus sesiones dejaron de ser presenciales y los encuentros y las reuniones de las mesas se han realizado durante todo el estado de alarma a través de pantallas de ordenador. No fue difícil. "La nueva operativa no ha supuesto ningún problema", aseguran tanto desde la Lonja del Ebro como de la Binéfar, las dos que operan en Aragón.

La complicación llegó cuando los efectos de la crisis sanitaria impactaron en las producciones -especialmente ovino y vacuno- que tenían como destino los menús de bares y restaurantes, que se vieron obligados cerrar sus persianas el 14 de marzo y que no volvieron a levantarse, con muchas restricciones, hasta ya bien entrado el mes de mayo.

No todas las lonjas tomaron las mismas decisiones, pero fueron muchas, entre ellas la Lonja del Ebro, las que optaron por no poner precio al cordero cuando el sector vivía sus momentos más complicados con el canal horeca cerrado, el consumo por los suelos y los cebaderos a rebosar de animales y sin salida al mercado.

Las organizaciones agrarias reaccionaron entonces con críticas y lo han vuelto a hacer cuando al comienzo de la campaña de cereal -con una previsión de cosecha "histórica"- se encontraron las casillas que ocupan las cotizaciones de la cebada con unos precios (a la baja) que no se conocían desde hace 35 años.

"Las lonjas no fijan precios, pero es que tampoco pueden hacerlo", insisten los responsables de la del Ebro, que recuerdan además que quienes marcan las cotizaciones "orientativas" que reflejan las tablillas son los agricultores o ganaderos (representados a través de sus cooperativas), los comercializadores y los transformadores.

"La Lonja del Ebro no tiene poder de decisión en las cotizaciones semanales, porque aunque quisiera, no puede hacerlo». Lo repite una y otra vez el presidente de esta asociación sin ánimo de lucro, Luis Acín, cuando se le pregunta por las críticas de las organizaciones agrarias, que culpan a la institución de las bajas cotizaciones que, durante el estado de alarma y en la desescalada, han tenido producciones como el ovino o los cereales, especialmente la cebada. "Lo que sí hace la lonja es vigilar e impedir que ningún sector pueda manipular las cotizaciones y mucho menos permitir movimientos especulativos de los grandes operadores", matiza.

El máximo responsable de la Lonja del Ebro no entiende que los representantes del sector denuncien que los agricultores y ganaderos no tienen voz ni voto en estos organismos. "La mesa del cereal, por ejemplo, está compuesta por cooperativas agrarias, que representan a los agricultores, por comercializadores y transformadores", explica Acín, que reitera que son ellos con sus acuerdos, "tomados por unanimidad", los que orientan los precios.

No fue una decisión de los responsables de esta lonja que al principio de la pandemia se acordara que ante la paralización de las operaciones en el ovino lo mejor era que estas producciones dejaran de cotizar. "Así lo pidieron los miembros de la mesa", explica Acín, que recuerda que esta decisión "no solo la tomó la Lonja del Ebro sino todas las del país". De hecho, insiste el presidente, ante el desconcierto que se generó, "se nos pidió que marcásemos unos precios para orientar". Así se hizo. "Nos arriesgamos incluso a pesar de lo complicado que resultaba esta tarea ante la total ausencia de operaciones", señala. Y a partir de ahí, recuerda, comenzaron a cotizar el resto de las lonjas.

Las aguas parecieron volver a su cauce cuando las exportaciones dieron un respiro al mercado del ovino y sus cotizaciones comenzaron a recuperar tono. Llegó entonces el momento de recolectar el cereal. "Una cosecha histórica", según las primeras estimaciones realizadas. Volvieron las críticas. Y la "sorpresa" ante los bajos precios a los que cotizaban las primeras cebadas se convirtió de nuevo en acusaciones de "especulación" que los representantes del sector dirigieron directamente a los "grandes operadores del sector ganadero y de piensos".

En la Lonja del Ebro se puso precio a la cebada, pero solo en era. La de maltería no cotizó. "Quizá eso fue el error", reconoce Acín, que explica que el precio de la era no es el que cotiza en otras lonjas "y por eso se veían las diferencias". Pero lo que deja claro es que la decisión se tomó por unanimidad de la mesa, en la que participan sino directamente los agricultores, sí "varias importantes cooperativas que representan a muchos productores cerealistas de la Comunidad". En esa decisión, todos estuvieron de acuerdo y "nadie impuso nada a nadie, pero es que además ni desde Lonja del Ebro se hubiera permitido", destaca con rotundidad su presidente. Porque Acín recuerda que la Ley de Defensa de la Competencia por la que se guía esta asociación deja bien claro que está prohibido "todo acuerdo, decisión o recomendación colectiva o práctica concertada conscientemente paralela, que tenga por objeto, produzca o pueda producir el efecto de impedir, restringir o falsear la competencia en todo el territorio nacional".

Sesiones públicas

No entienden tampoco en la Lonja del Ebro que los productores cuestionen su transparencia. "Las sesiones son públicas, pueden acercarse quienes lo deseen para ver qué hacemos y comprobar como se forman los precios", dice Luis Acín. Y señala que en las mesas no están presentes las organizaciones agrarias porque así lo determinan los estatutos, pero explica que ha sido durante su presidencia cuando se decidió crear un consejo asesor de la lonja formado por las organizaciones agrarias, las cooperativas, los colegios de agrónomos y los regantes. "Este órgano debería ser el cauce para plantear cualquier aclaración sobre el funcionamiento de la lonja y hacer oír sus sugerencias y críticas en su caso", señala Acín, que aunque respeta que los sindicatos del campo defiendan los intereses de sus afiliados, insiste en que esta labor "nunca tendría que ser a costa de desprestigiar la neutral y desinteresada labor de la Lonja".

Con estos desacuerdos sobre la mesa, los responsables de esta entidad han reiterado su disposición a escuchar "todo tipo de sugerencias que puedan mejorar su funcionamiento". Aún más, Acín ha lanzado un guante al sector. "Si tienen facturas y justificantes de operaciones por encima de los precios orientativos que nosotros marcamos, que nos las enseñen".

Responden también ante la propuesta realizada por las organizaciones agrarias y las cooperativas, que ante los bajos precios actuales han aconsejado a los agricultores que almacenen su cosecha hasta que puedan venderla en mejores condiciones y a mejor precio. La Lonja de Ebro lo entiende y manifiesta que «no tiene ningún inconveniente», pero advierte de que "será el mercado el que guiado por la oferta y la demanda incidirá en futuras cotizaciones, estemos o no de acuerdo con ello".

Lonjas "muy duras"

En la Lonja de Binéfar también reconocen que el impacto de las medidas tomadas para frenar la expansión del coronavirus se ha dejado sentir no solo en la operativa de la sesiones sino en las decisiones para acordar precios. Esta entidad oscense estaba preparada para funcionar en modo virtual. Sus responsables comenzaron a preparar las videoconferencias incluso una semana antes de que se decretara el estado de alarma, aunque tenían experiencia en estas lides porque cuentan con una mesa que se celebra conjuntamente con Toledo y en la que ya se utilizan las herramientas telemáticas. "Se han hecho lonjas muy buenas", señala Alberto Gracia, vicepresidente de la Lonja de Binéfar, que explica que incluso ha habido una mayor participación porque el canal ‘online’ permitía la presencia (desde casa) a aquellos que normalmente no pueden desplazarse físicamente a las instalaciones de Binéfar. Tan bien han funcionado de este modo sus sesiones que sus responsables han decidido mantener este sistema en el futuro. "Vamos a dejar para siempre un sistema mixto que combine las mesas presenciales con la presencia ‘online’" señala.

Pero también han sido sesiones muy duras. "Hemos tenido que lidiar con el miedo", asegura. Porque Alberto Gracia recuerda que aquellas primeras sesiones tras el confinamiento comenzaron con "mucho desánimo". Después la excepcional situación «generó tanto estrés» que los precios se distorsionaban "y costaba mucho trabajo llegar a acuerdos".

"Todo tiene un precio"

Pero en la Lonja de Binéfar siempre tuvieron claro que no iban a dejar producciones sin cotización de referencia. "Nuestra máxima es que todo tiene un precio", señala Gracia, que insiste en que el trabajo de una lonja es que mientras haya una sola operación hay que buscar esa cotización, por muy baja que sea.

"No poner precio es decirle al ganadero o al agricultor que su producción vale lo que le quieran dar", detalla el vicepresidente de la Lonja de Binéfar, que insiste también en que los precios son orientativos y que se establecen tomando como referencia "las operaciones que se están haciendo en el mercado". Pero se muestra convencido de que por muy bajos que fueran los valores a los que cotizó el ovino en el momento más complicado para el sector, "si no hubiéramos cotizado en Binéfar, ahora estaríamos hablando de precios muy inferiores".

En las cotizaciones del cereal -muy bajas según los productores- también influyen los temores que está provocando una escenario marcado por el virus y por la intranquilidad a nuevos brotes. Lo reconoce Gracia, que recuerda que "buenas expectativas de producción ha habido otras campañas", pero que advierte que el elemento diferenciador en estos momentos es "el miedo y el estrés" que están favoreciendo una tendencia a la baja en prácticamente todos los productos.

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