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ocio en aragón

Las ‘escape rooms’ reabren extremando las medidas higiénicas y con más tiempo por grupo

Las salas ponen a disposición de los clientes alfombras virucidas, taquillas o geles y llevan a cabo una limpieza en profundidad tras cada uso.

Prision, de Fox in a box.
Prision, de Fox in a box.
Fox in a box

Algunos modelos de negocio se han visto más afectados que otros durante la cuarentena obligatoria por la crisis del coronavirus. Uno de los más damnificados ha sido el de las salas de escape (‘escape rooms’, en inglés), una forma de ocio que no ha dejado de crecer en los últimos años, pero que por motivos obvios no se puede comercializar a distancia. El teletrabajo, tan extendido en algunos sectores estos últimos meses, no ha sido una opción para los propietarios de las salas, que ahora buscan recuperar la confianza de sus fieles y seducir a nuevos usuarios.

Por eso han decidido unirse en una asociación nacional (Aejever), que a su vez ha encontrado réplica a escala autonómica. Los empresarios aragoneses de salas de escape, que al fin pudieron reabrir el pasado lunes, se han mantenido en contacto y han acordado una serie de medidas higiénicas de lo más pormenorizado. “Queremos ser especialmente cuidadosos. La diversión que ofrecemos tiene lugar en un espacio cerrado, por lo que necesitamos que la gente no solo esté segura sino que además así lo sienta, que no se vea cohibida de ninguna manera”, cuenta Alejandro Bonciella, de Fox in a box, sala ubicada en el Coso zaragozano.

Para ello, además de ser obligatorio el uso de la máscara durante el juego, los participantes tendrán que emplear gel desinfectante al acceder al local. “Antes, en el momento de la reserva, les informaremos de las medidas que hemos tomado, como la instalación de alfombras virucidas que, al pisar, limpian y desinfectan las suelas de los zapatos”, cuenta Bonciella, quien se siente satisfecho por la “acogida brutal” que han tenido en su regreso.

Entre la salida de un grupo y la entrada de otro se están guardando unos tiempos más dilatados que anteriormente: “En una ‘escape room’ se tocan y manipulan todos los objetos de la sala. Esa es la esencia y no va a cambiar. Por eso, entre cada uso del espacio vamos a ventilar a conciencia, a desinfectar en profundidad cada centímetro. La prioridad es conseguir que nuestros negocios sean 100% seguros”. Otro aspecto que se potenciará en su negocio es el uso de las taquillas, para las que además se facilitarán “bolsas en las que se podrán introducir los objetos personales, de modo que estos no entren en contacto con nada”.

La misma tesis sostiene Joaquín Antolí, propietario de Protagonist Escape Room, en el barrio zaragozano de Delicias: “Lo primero es la seguridad del cliente. Por eso tuvimos claro que no teníamos que apresurarnos, como ha ocurrido en otras comunidades autónomas, sino que había que volver con todas las garantías”. El empresario destaca que “el sector ha sabido ponerse de acuerdo, planteando ideas en común que han cuajado tras la incertidumbre inicial”.

Antolí enumera otras medidas higiénico-sanitarias que se han puesto en marcha, como “la papelera desechable en la que se van recogiendo los residuos”, la reducción y simplificación del pago en efectivo para minimizar el contacto o “la supresión de los objetos del photocall”. Además, desde su negocio animan “a que la gente no lleve mucho material, como bolsos o chaquetas, y que en la medida de lo posible los dejen en el coche”, unos consejos que “la gente está entendiendo, igual que todos nos vamos acostumbrando a las mascarillas”.

Las salas de escape viven su particular temporada alta en Navidad, cuando los grupos de amigos se reencuentran en plenitud o se celebran comidas de empresa, pero también es muy importante para sus ingresos un periodo como la Semana Santa del que este año se han visto privados. “Notamos que la gente llama con muchas ganas y, aunque la situación económica que viene no es la mejor, la gente tiene ganas de marcha, somos positivos”, concluye Antolí.

Una regulación clara

Una de las reclamaciones del sector, que se está viendo multiplicada durante los distintos saltos de fase a lo largo del estado de alarma, es la falta de un marco legal claro. “Empieza a cansar que seamos los nuevos, cuando hay compañeros que ya llevan hasta siete años con las sala abierta. Necesitamos que se nos encasille en un epígrafe, tener unos derechos y obligaciones claros, estar más regulados, porque si no puede ocurrir como en estas semanas en las que el BOE marcaba unas normas para el ocio recreativo y no sabíamos si atenernos a ellas o no”, lamenta Alejandro Bonciella, de Fox in a box.

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