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Desmontando la muerte por afrodisíacos de Fernando el Católico

Un estudio del historiador Jaime Elipe y la médica Beatriz Villagrasa apunta al fallo cardíaco como hipótesis "más plausible" del deterioro físico que acabó con la vida del monarca aragonés.

El historiador aragonés Jaime Elipe junto al monumento a Fernando el Católico en la plaza San Francisco de Zaragoza.
El historiador aragonés Jaime Elipe junto al monumento a Fernando el Católico en la plaza San Francisco de Zaragoza.
Guillermo Mestre

A partir del 10 de marzo de 1513, justo el día en el que cumplía 61 años, Fernando el Católico "nunca más volvió a sentirse en salud". No se encontraba bien y días después tuvo un cuadro de vómitos, al que siguió en abril una "fiebre desconocida" por la que tuvo que tomar "una medicina y tuvo delirios". Así lo dejó escrito en su 'Epistolario' el humanista lombardo Pedro Mártir de Anglería, miembro activo de la corte desde 1487, quien informó de que cuando tuvo esos síntomas iniciales había ingerido una mezcla afrodisíaca suministrada por su joven esposa la reina Germana de Foix, con la que se había casado tras morir Isabel la Católica, para mejorar su potencia sexual y poder quedar encinta.

Casi tres años después, marcados por un deterioro físico y anímico, Fernando II fallecía el 23 de enero de 1516 "en una rústica casa" en un pueblo de Extremadura cuando marchaba a presidir el capítulo de la Orden de Calatrava. Su deceso se atribuyó en la época al empleo abusivo de brebajes afrodisíacos: testículos de toro y cantaridina (sustancia producida por escarabajos). Una explicación que la historiografía posterior no cuestionó a lo largo de los siglos; hasta ahora.

El historiador Jaime Elipe y la médica Beatriz Villagrasa, ambos aragoneses, acaban de publicar el estudio 'El fin de un mito: causas clínicas de la muerte de Fernando el Católico' (en 'Studium. Revista de Humanidades' de la Universidad de Zaragoza) que desmonta esa versión y ofrece la nueva hipótesis de un fallo cardíaco.

Retrato de Fernando el Católico pintado por un autor desconocido.
Retrato de Fernando el Católico pintado por un autor desconocido.
Archivo Heraldo

"Es una figura poco conocida. Lo que se sabía es que había muerto por tomar un brebaje que le había arruinado la salud. Nadie se había parado a ver si era cierto o no. Es bastante más jugoso que muriera de afrodisíacos; siempre las explicaciones más pasajeras es un poco lo que permanece en el ideario popular y, en este caso, ha sucedido lo mismo. Nosotros hemos visto que no se sostiene. Es una invención, un mito... anécdotas inventadas que se van transmitiendo", explica Elipe, que junto a Villagrasa han elaborado un estudio interdisciplinar "riguroso y serio".

La caza y la reina, sus dos grandes pasiones

Para ello han realizado una lectura de las cartas del humanista lombardo, que ofrece hasta 20 noticias sobre el estado de salud del Rey deAragón en los últimos tres años de su vida, para trazar un cuadro clínico. Fue el único que recogió datos de forma continuada en el  tiempo, "que han sido pasados por alto por la historiografía". En el estudio se indica que ya en otoño de 1513, Pedro Mártir mostraba su preocupación por el estado del monarca. No tenía ni "el mismo semblante, ni la misma atención para escuchar ni la misma amabilidad". Y un mes más tarde, hizo referencia a la disnea o dificultad respiratoria. Desde entonces, Fernando el Católico tendría "horror a vivir bajo techado".

Con el año nuevo, se añadirían molestias gástricas, "callos en el estómago", y ardor. Además, en 1514 moría el secretario Miguel Pérez de Almazán, compañero y fiel servidor durante casi toda su vida. "Pero no solo estos males consumían su vida a ojos del cortesano Pedro Mártir. Según él, y era un pensamiento común, el rey abusaba de las que eran en esos momentos sus dos grandes pasiones: la caza y la reina. A tal punto llegaba que 'si no se desprende de dos apetitos, muy pronto entregará su alma a Dios y su cuerpo a tierra'", se recoge en la investigación 'El fin de un mito'.

Ya en noviembre apareció otro de los síntomas relevantes en su deterioro físico: los edemas (así descritos: "empeora su asma y el humor que lo va hinchando"). "Progresa la hidropesía, y ni con el movimiento ni con el reposo disminuye el mal, que poco a poco se va extendiendo", decía un mes más tarde en otra epístola Anglería, quien criticaba la afición de Fernando el Católico a la caza.

A punto de morir por disnea aguda

Pero el episodio que le pudo costar la vida ocurrió la noche del 18 de julio de 1515, cuando tuvo un cuadro de disnea aguda. "Casi quedó ahogado mientras dormía. Un síncope y el catarro le obstruyeron las fibras del corazón (...) sintió al soberano atragantarse y dar unos horribles ronquidos (...). Acudió al estrépito que formaba el Rey, casi a punto de expirar. Traspuesto con el habla perdida, torcía los ojos. Le rocían el rostro con agua fría. Por fin volvió en sí", describe el humanista. A partir de ahí, la información ofrecida por el 'Epistolario' se "limita a reseñar su empeoramiento y la sensación de muerte inminente" del monarca aragonés.

La médico Beatriz Villagrasa en el Archivo de la Corona de Aragón en Barcelona.
La médico Beatriz Villagrasa en el Archivo de la Corona de Aragón en Barcelona.
B. V.

Con este desarrollo clínico, Elipe y Villagrasa abordan las hipótesis diagnósticas entre las que se descarta una muerte por abusos de afrodisíacos. De hecho, en el estudio se destaca que no está demostrado que los testículos de toro ocasionen tal deterioro en la salud, "aparte de clínica digestiva (náuseas, vómitos...) en caso de ser ingeridos en mal estado". Y en cuanto a la cantaridina carece "de cualquier base empírica", la intoxicación no es muy frecuente y la mayor parte de sus efectos tóxicos "están relacionados con su propiedad vesicante, al producir ampollas en la piel y mucosas con las que entra en contacto". Asimismo, tal y como se indica, "la literatura científica sobre este tema recoge que los efectos tóxicos de esta sustancia se manifiestan entre las 2 y 10 horas tras la ingesta".

"La dificultad respiratoria es lo primero que aparece y año y medio más tarde, los edemas. Empezaría a fallarle el corazón y cuando eso ocurre, aparecen esos síntomas"

Para la médica aragonesa, la hipótesis "más plausible" es que Fernando II muriera por un fallo cardíaco. "La dificultad respiratoria es lo primero que aparece y año y medio más tarde, los edemas. Con esos dos síntomas guías y la evolución que había tenido, cuadraba con un fallo cardíaco, más que con el renal o el hepático; que fueron los tres orígenes que uno se plantea. Pienso que empezaría a fallarle el corazón y cuando eso ocurre, aparecen esos síntomas. Las causas de por qué falla pueden ser miles: una anemia, que tuviera un problema de válvulas... Los monarcas tenían unas dietas muy ricas en carne y podría tener colesterol y ser hipertenso", subraya.

Por su parte, Elipe resalta la necesidad del rey de estar al aire libre. "El horror a vivir bajo techado fue una constante los tres últimos años de vida. Hay que pensar que en esa época toda la iluminación y el calor era a partir del fuego; de ahí que pensamos que necesitaba estar al aire libre para poder sentir que al menos no se ahogaba tanto".

Ambos no descartan que Fernando el Católico tomara brebajes para mejorar su potencia sexual, pero sí que esa fuera la causa de su óbito. "Es muy improbable; tendría que haber sido un desarrollo mucho más agudo. Es una enfermedad que desde que empieza hasta que se muere transcurren más de dos años. No podemos decir que sea la verdad absoluta, nos faltaría la autopsia", afirma Villagrasa. A lo que el historiador añade que la hipótesis a la que han llegado tiene un grado de "veracidad o de plausibilidad" más "alto" de todo lo que se ha dicho hasta el momento. "Eso no significa que el día de mañana alguien descubra algo mejor y desmonte nuestra teoría", dice.

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