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Aragón

carta de recuerdo

"Se trabajó sin regateo, incluso corriendo el riesgo del contagio"

HERALDO publica doce cartas manuscritas de otros tantos aragoneses que perdieron a sus seres queridos o que han trabajado de forma directa con aquellos que nos dejaron para siempre. María Jesús Extremiana Alonso es directora del geriátrico fundación TAU de San Eugenio. Hermana franciscana.

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Epístola de la hermana María Jesus.
Laura Uranga

Así fue y así pasó. Nuestra vida tranquila a la vez que animada se vio alterada por el covid-19, que se adentró en nuestra casa. El día 8 de marzo la residencia solicitó la realización de pruebas. Y el día 9 se confirmaron los diagnósticos. Ante tan terrible noticia y sin tiempo, se dio respuesta inmediata con medidas de seguridad y prevención. Tristes y duras medidas… Sintiéndonos acompañados, profesional y humanamente, en todo momento por la Administración, Consejería de Ciudadanía y Derechos Sociales, Salud Pública, Ayuntamiento de Zaragoza, así como de otras entidades de la ciudad.

La estructura del centro facilitó una zona para aislamiento, zona ventilada y soleada, preparada con los equipos sanitarios oportunos: concentradores y balas de oxígeno así como todo el material de enfermería oportuno y exclusivo para esta situación. Contamos también con los EPIS necesarios. Había preocupación fuerte pero activa, dolor a la vez que desconcierto. Siempre actividad y eficacia para frenar al virus y atender a quienes lo necesitaban, nuestra preocupación era mayor pues los mayores que atendemos son personas con deterioro cognitivo.

Hay que agradecer la reacción del personal del centro: hacer equipo, aportando cada profesional lo mejor de que disponían, todos a una. Contando también con el reconocimiento, apoyo y confianza por parte de las familias. Había sufrimiento, dolor, tristeza, pero la gran experiencia de la solidaridad era el mejor remedio, involucrados todos en esta lucha. Se trabajó sin regateo, incluso corriendo riesgo del contagio (a pesar de llevar sus equipos de protección), pero con cariño, entrega y profesionalidad.

Lamentamos la pérdida de algunos de nuestros queridos ancianos. Quedan con cariño en nuestro recuerdo junto con el agradecimiento de quienes han colaborado gratuita y generosamente.

Ha pasado ya un tiempo. Puedo decir que ha sido una experiencia única por su dureza donde entramos en contacto con nuestra propia fragilidad, donde la vida tiene su gran valor tengamos la edad que tengamos, donde el miedo y el valor entran en conflicto. Pero también la bondad, la ternura y lo mejor de nosotros mismos afloran de forma intensa.

Somos seres humanos con una gran dimensión espiritual, generosa, solidaria… Y desde ahí nos movemos con el temor y el valor de ser para los demás. Que Dios os lo pague. 

>> LEA EL RESTO DE LAS CARTAS EN EL ESPECIAL DE HERALDO.

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