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Escenario 2

'Lo que la curva nos cuenta', por Nacho de Blas, profesor titular de la Universidad de Zaragoza.

Coronavirus, archivo.
Coronavirus, archivo.
Pixabay

Este miércoles comenté que el virus podría desaparecer y pasar a ser un mal recuerdo. Pero hay escenarios menos optimistas. Este jueves les comento una segunda posible evolución de la actual epidemia de covid-19.

Se ha contenido parcialmente la primera onda epidémica adoptando medidas preventivas como el cierre de fronteras, la restricción de movimientos y el confinamiento de la población. Todas buscan reducir el riesgo de contagio. Al ser una enfermedad de transmisión por vía aérea, el uso de mascarillas se ha convertido en una de sus señas de identidad. Muy similar a las estrategias seguidas frente a las pandemias de gripe del siglo XX.

Ya está remitiendo la onda primaria y puede que aparezcan ondas secundarias de menor intensidad y mayor duración que se repetirían cada año.

Así es como se comportan otras enfermedades respiratorias víricas como gripe y otros coronavirus humanos, que tienen una presentación marcadamente estacional, con brotes de incidencia variable en otoño e invierno. La combinación de varios factores explicaría esta situación. Al llegar el frío el virus tiene más opciones de sobrevivir en el ambiente y son más frecuentes las concentraciones de personas en espacios cerrados, aumentando la probabilidad de transmisión. Sin embargo, en el verano el virus se inactiva con más facilidad y la población aumenta sus actividades al aire libre, lo que disminuye el número de infecciones.

Además, parte de la población está inmunizada por infecciones previas o gracias a la administración de vacunas. La duración prolongada de la inmunidad y la elevada proporción de personas inmunizadas condicionan que los brotes anuales no sean demasiado importantes.

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