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Aragón

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'Lo que la curva nos cuenta', por Nacho de Blas, profesor titular de la Universidad de Zaragoza.

Coronavirus, archivo.
Coronavirus, archivo.
Pixabay

En los próximos días voy a comentar cuatro posibles escenarios de evolución de la covid-19. Empezaré por el más deseable: la desaparición de SARS-CoV-2.

La erradicación de enfermedades es uno de los grandes retos de la humanidad. En 1924, 28 países crearon la Oficina Internacional de Epizootías (OIE) con el objetivo de mejorar la salud animal en el mundo. Hoy en día sigue operativa y está reconocida por 182 países. Uno de sus mayores logros es la erradicación en 2011 de la peste bovina, una enfermedad vírica que llevaba siglos diezmando las poblaciones de ganado vacuno.

El equivalente en salud pública es la Organización Mundial de la Salud (OMS) que fue creada en 1948 por la Organización de Naciones Unidas, y entre sus éxitos destaca la erradicación la viruela humana en 1980.

Hasta ahora solo hemos erradicado estas dos enfermedades y ha sido posible gracias al uso masivo de vacunas, una rigurosa vigilancia epidemiológica y la aplicación de estrictas políticas sanitarias.

Algunas enfermedades han desaparecido de forma natural. Curiosamente una de ellas es el síndrome respiratorio agudo severo (SARS) causado por un coronavirus. Se inició en China a finales de 2002 y desapareció misteriosamente en julio de 2003 tras causar casi 8.100 enfermos y 774 muertes en 30 países, especialmente en China, Hong Kong, Canadá, Singapur y Vietnam. Hubo 8 casos en 2004, pero debidos a accidentes en laboratorios de investigación. La hipótesis es que el virus sufrió una deleción (pérdida de genoma) y su capacidad para propagarse disminuyó drásticamente.

Se ha descrito una mutación similar en SARS-CoV-2, pero no es probable que se convierta en la variante mayoritaria.

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