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Aragón

EN PRIMERA PERSONA

Diario de un confinamiento: Marta, Alexia y un altavoz inteligente

Día 42. Hay niños que hacen signos de victoria como si hubieran salido de la buhardilla de Ana Frank. Otros pisan la calle sin dejar de mirar el móvil

Kiko Veneno y no poco intrusos.
Kiko Veneno y no poco intrusos.
Heraldo

Él en César Augusto y yo en Hernán Cortés. Es como ‘Tú a Boston y yo a California’, pero en versión pandémica y local. Ayer pude saludar a un compañero de trabajo, aunque a unos 80 metros de distancia. Él salió a pasear con su hijo a la misma hora en la que yo bajé velozmente a comprar el pan e hicimos un ‘Hola, don Pepito; hola, don José’ a través de los vanos de la puerta del Carmen. No sé si la estampa es emotiva, simbólica o solo patética, pero es la que es.

He dormido regular porque anoche mi adorable vecina (la de la Stasi) se quedó viendo las 678 horas del ‘Deluxe’ con el culebrón Alfonso Merlos. El volumen de su tele siempre está al 300%, así que no hubo forma humana de que no me enterase de la cornamenta de Marta López, la acritud de Jorge Javier y las andanzas de la descocada Alexia. Por cierto, cada vez que mentaban a voz en grito a esta última saltaba mi asistente virtual de Amazon. En mitad de la noche, me saludaba una voz metálica esperando instrucciones. El altavoz (no tan) inteligente enloqueció y yo, de verdad, estuve por ponerme a beber lejía. No, no, no, no lo hagan. Y tampoco se inyecten detergente. Lo recomienda un señor que es de color naranja, no pasen por alto este detalle.

Hablando de toxicidades, he participado virtualmente en el nuevo vídeo de Kiko Veneno. Se me ve un nanosegundo junto a 157.789 personas más, pero, bueno, ahí estoy. Colaboré a gusto, si bien cuando recibí la propuesta entendí que era para la serie de ‘La Veneno’, por lo que se harán cargo de mi decepción. En cualquier caso, todos los Kikos que conozco (dos) son buena gente, así que ahí queda otra estampa lamentable y conmovedora que permenecará en mi memoria RAM de estos días como documento de la pandemia.

Boston, Alexia, Kiko... Otra de las imágenes de la jornada de ayer fue la de los niños, por fin, correteando por las calles y haciendo signos de victoria como si hubieran salido de la buhardilla de Ana Frank. Todos parecían bastante lozanos (si obviamos sus extraños peinados). El caso es que cada chaval ha vivido el encierro a su manera –como canta Frank (no Ana, sino Sinatra)– y así abordan también la desescalada. Desde mi ventana oí recriminar una madre a su hijo: "¿Puedes dejar el móvil y mirar el exterior y hablar con otros niños?". Él, con displicencia, solo levantó la cabeza de la pantalla para decir: "Déjame en paz, mamá".

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