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“Me preocupan la soledad y el miedo, que se contagian mucho más rápido que el Covid-19”

La pandemia del coronavirus ha obligado a reorganizar los servicios sociales aragoneses para atender a colectivos como los mayores y las familias en riesgo de exclusión, respetando el confinamiento.

Auxiliares del ayuntamiento de Pina de Ebro llamando a mayores durante la etapa del confinamiento.
Auxiliares del Ayuntamiento de Pina de Ebro llamando a mayores a sus domicilios.
Heraldo.es

Dolores Martín tiene 77 años y vive en Pina de Ebro. Hace unos días fue su cumpleaños y ha tenido que celebrarlo sin salir de casa, como tantas otras personas en la actual situación de confinamiento por el Covid-19. "Echo de menos salir a la calle, pero lo llevo bien porque estuve mucho tiempo sin salir", explica. Ha pasado por un ictus y una operación grave que la dejó siete meses y medio en la cama y tras la que tuvo que empezar a usar andador.

Como muchos mayores, es una caja sorpresas. "Antes de operarme hacía Culturismo. Llevaba cinco años. Tengo hasta diplomas", recuerda al otro lado del teléfono como si no fuera nada extraordinario. Rememora, con nostalgia, que "con 71 años hacía pesas y también daba la vuelta al pueblo. Hay 4,5 kilómetros". Ahora sus paseos se reducen a su casa y a la cochera. "Menos mal que me entretengo con la televisión, el ganchillo y mi gato. Algo tengo que hacer porque me comen los nervios", confiesa. Mantiene la ayuda a domicilio de los Servicios Sociales que tenía antes de la crisis del coronavirus. "Viene una asistenta para hacer la casa. Cada día una cosa", explica. Ahora trabaja equipada con guantes, mascarilla y bata. "Es muy amable y muy atenta y tiene mucha rasmia", afirma.

Ayuda a domicilio y "el botón"

Cuenta con tres hijas que están pendientes pero la comida la sigue cocinando ella. "Para hacerme una poca verdura y un poco de carne o pescado no necesito que me la traigan a casa", asegura, aunque podría solicitar el servicio de comida a domicilio.

No tiene especial miedo al contagio aunque confiesa que "algunas veces tengo miedo en casa, pero tengo un gato que es muy majico y dormimos los dos en la cama. Y así estoy más acompañada". "Y tengo el botón", añade sobre el servicio de teleasistencia. Cuenta, con sorpresa, que la llamaron varias de las personas que atienden los avisos para felicitarla el día de su cumpleaños. De momento, nada de videoconferencias. "Mi teléfono es moderno pero no tanto. Yo llamar y que me llamen", bromea, y cuelga para volver a su rutina.

"Son la generación de la postguerra. Son más resistentes de lo que pensamos"

Como Dolores, los mayores sobrellevan el confinamiento desde hace cinco semanas con resignación. Como recuerdan los profesionales que trabajan con el colectivo más azotado por la pandemia, son "la generación de la postguerra".

"Los mayores son más resistentes de lo que pensamos", afirma Ana María Aranda, trabajadora social de la Comarca de la Ribera Baja del Ebro. Esta incluye diez municipios que suman unos 8.500 habitantes. En las zonas rurales considera que mantener el contacto con la población resulta más sencillo porque las redes vecinales que se potencian ahora en las ciudades, en el pueblo ya existen. Aunque con las limitaciones que impone el confinamiento y las medidas de prevención. "Me preocupa que haga más daño la soledad y el miedo, que se contagian mucho más rápido que el Covid-19", confiesa. 

En ello coincide la alcaldesa del municipio, Mercedes Abós, que cree que a la hora de empezar el 'desescalado' de la población para volver a la actividad, se tiene que empezar por las zonas rurales y núcleos más pequeños, como ha propuesto este fin de semana el presidente aragonés, Javier Lambán. Con la despoblación que sufren zonas como la suya no cree que haya problemas para respetar las recomendaciones de Sanidad.

La pandemia obliga a reestructurar los servicios sociales

Los Servicios Sociales de Aragón atienden, de forma continuada, a 100.000 personas, lo que supone el 8% de la población de la Comunidad, según los últimos datos del Gobierno de Aragón.

Más de 3.500 personas son usuarios del Servicio de Atención a Domicilio que prestan las comarcas y entidades locales, y que atiende a la población general y a personas en situación de dependencia a través de una encomienda de gestión con el Instituto Aragonés de Servicios Sociales (IASS). Este último ha reestructurado todos sus servicios desde que se decretó el estado de alarma para atender las nuevas necesidades de la población, explican desde el mismo. Cada día se atienden 1.150 llamadas telefónicas, se sirven medio millar de comidas y la teleasistencia sigue llegando a 17.473 hogares, entre otros servicios.

En el caso de la Ribera Baja del Ebro se presta ayuda a domicilio a 200 personas mayores, en una comarca donde el 30% de la población tiene más de 65 años. El municipio más grande es Pina de Ebro, que ronda los 2.400 habitantes, seguido de Quinto con unos 2.000 vecinos; Sástago y Escatrón con un millar y el resto son pueblos más pequeños como Gelsa, La Zaida, Velilla, Alborge, Alforque y Cinco Olivas. Alguno no llega al centenar de vecinos.

Auxiliares Ayuntamiento de Pina de Ebro.
Auxiliares del Ayuntamiento de Pina de Ebro.
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"La incidencia de la enfermedad está siendo muy controlada", asegura Ana María Aranda. "Hay muchos casos en domicilio porque hay riesgo de que sean, pero pruebas no se hacen. Hasta que no hay una dificultad respiratoria se mantienen en casa", explica. Solo hay residencias en tres municipios, pero no hay casos declarados, afirma, y cruza los dedos. 

En la comarca, dentro de la reorganización por el coronavirus, se han reducido los que se prestan a domicilio para evitar el contagio, pero se mantienen a dependientes. Tienen comedor, cuyo menú se sirve a 35 personas al día en sus casas. El Ayuntamiento de Pina ha puesto a los operarios a colaborar en el reparto, pero su alcaldesa afirma que no han tenido que modificar hasta ahora las partidas presupuestarias porque "la comarca está cubriendo las necesidades en servicios sociales".

El Consistorio tiene previsto destinar el grueso de la de festejos (que este año serán 'virtuales') a los gastos extra generados por el coronavirus, como la compra de las primeras mascarillas a precios "desorbitantes", asegura, ante la escasez desde el principio. El Gobierno central ha anunciado que va a regular su precio.  Desde el Consistorio estudian también ayudas para colectivos afectados por el estado de alarma como los autónomos, que les reduzcan los gastos fijos que siguen teniendo aunque estén cerrados.

En la comarca se presta un servicio de acompañamiento telefónico. Pese al tejido social, el confinamiento hace que aumente la preocupación por "personas muy mayores que viven solas, que antes estaban muy vigiladas por el entorno, pero que ahora pueden pasar dos o tres días en los que nadie les echa en falta".

Estela Tejel y Esther Lahoz están al otro lado del teléfono. Se hace el seguimiento para ver si necesitan salir a comprar comida, a la farmacia o simplemente hablar. "Hoy he estado 15 minutos al teléfono con una usuaria que tenía ganas de saber qué pasa. Demandan información y cariño. A muchas personas se les está haciendo largo el encierro", explica la primera, una de las auxiliares. "Hubo a una señora que la notábamos muy deprimida y nos pusimos en contacto con la trabajadora social y ella con la psicóloga de la comarca y la llamó por teléfono", relata sobre la coordinación entre los profesionales.

A nivel autonómico esta necesidad de mantener el contacto desde casa se ha registrado en el Teléfono del Mayor, que ha pasado de atender 50 llamadas diarias hasta superar las 100, y el teléfono de información general del IASS se ha incrementado de 100 a casi 400 diarias. La atención telefónica se ha convertido en el principal canal de seguimiento durante el actual confinamiento de la población. 

Los pueblos más pequeños, como Cinco Olivas, donde vive Estela, no tienen ni tienda ni farmacia. "Cada pueblo se ha ido organizando con los vecinos. Al mío viene diariamente el pan y lo deja en un local del Ayuntamiento media hora porque antes iba al bar, que estaba todo el día abierto". Así que al margen de su trabajo de auxiliar, también sigue haciendo la compra a tres vecinas. "Me dan la lista, el monedero y les traigo la compra. Y como yo, todas. Lo que se ha hecho siempre en el pueblo".

Las redes vecinales no se tienen que potenciar en las grandes ciudades. Lo que sí que se comparten son las dificultades para encontrar equipos de protección. Tienen mascarillas y guantes pero han empezado a confeccionarse sus propias batas.

Además, han organizado un servicio de lavandería para desinfectar la ropa de las trabajadoras que acuden a las casas, con la lavadora y secadora que había en el Ayuntamiento. "Todas mis compañeras son unas heroínas", asegura Estela sobre la dificultad de combinar cuidado y protección para prevenir contagios cuando se desplazan a los domicilios. En situaciones como esta recalca que "este trabajo es vocación".

Desde los servicios sociales preocupa también qué estará ocurriendo en hogares con situaciones de violencia de género

El trabajo desde los servicios sociales de base de la comarca se centra en los colectivos más frágiles. "En un mes, nos hemos gastado para ayudas de urgencia el presupuesto de medio año", calculan, principalmente de alimentación. "Hay una población bastante numerosa que está en el límite de la precariedad laboral y el paro por los ERTES que se presentaron en marzo, que no cobrarán hasta principios de mayo. Son familias completas sin ningún retén económico", explica Ana María, ante la dificultad de ahorrar cuando se tienen ingresos bajos. "Una familia donde solo uno trabaja y tiene que afrontar con el salario mínimo, un alquiler, la luz, la calefacción, comer y mantener a cuatro de familia, no puede ahorrar".

Desde los servicios sociales preocupa también qué estará ocurriendo en hogares a los que no tienen acceso, en casos como situaciones de violencia de género, si no física, psicológica. "Habrá algunas mujeres calladas y aguantando porque no saben qué hacer" con la situación de confinamiento actual. Una situación en la que además los menores están "invisibilizados" ante la imposibilidad de salir a la calle. El Gobierno ha dicho que podrán salir parcialmente el próximo 27 de abril.

Los efectos de la "soledad impuesta"

Hogar de mayores del Picarral, cerrado durante el estado de alarma.
Hogar de mayores del IASS del Picarral, cerrado durante el estado de alarma.
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Las secuelas del confinamiento no se conocerán hasta que se llegue al día después, ahora un poco más lejos tras anunciar el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, su intención de pedir una nueva prórroga hasta el 9 de mayo. Pero los profesionales de los servicios sociales ya se preparan. "Lo que como técnicos esperamos encontrar el día que vuelvan al hogar de mayores es que habrá que trabajar el duelo de todos aquellos que han perdido a familiares, cercanos y lejanos, amigos, vecinos, conocidos y que se han enterrado sin poder despedirse", explica Charo Jorcano, directora del centro de mayores del barrio zaragozano del Picarral.

El centro, uno de los más grandes y activos de la ciudad, se encuentra como el resto, vacío. Cerrado al público, la atención es solo telefónica, pero mantiene las persianas subidas en horario laboral. "La mayoría hemos decidido venir y no hacer teletrabajo. Subimos todas las persianas nada más llegar para dar vida y compañía. Como la ventana del vecino. Así ya saben que estamos Es un referente muy importante. A las 8.30 o 9.00 ya hay gente que nos llama por la ventana, aunque no les podemos abrir", explica. Las salas vacías estaban hasta hace cinco semanas llenas de vida, con unos 1.000 jubilados haciendo actividades cada semana.

La directora del centro  teme que tras el encierro en casa, de un colectivo que se espera sea el último en la desescalada, "hayan perdido fondo físico, por mucho que anden en el pasillo" y que algunos también regresen "con merma en las capacidades cognitivas" y "falta de relación, de socilización" como resultado de "una soledad impuesta, no deseada"

"En las primeras semanas la gente estaba más animada, pero ahora el confinamiento les pesa"

Los socios que acuden a los hogares de mayores son personas muy activas. "Me quito el sombrero con esta generación. Mira en qué época han nacido. Son muy valientes", considera. Pero reconoce que "en este momento están más angustiados" y "les preocupa el futuro de los nietos y de sus hijos, que están yendo al paro".

A su favor juega su bagaje. "Son de una generación en la que el apoyo vecinal era importante. Siguen funcionando como migrantes del pueblo. Ellos se relacionan con sus vecinos de diferente manera", explica, lo que hace que tengan apoyos en el entorno y se cuiden. Ello unido a que con el confinamiento, aunque estén aislados, como los hijos no trabajan "ahora pueden estar más pendientes de los mayores". 

Sin embargo, a través de las llamadas telefónicas de seguimiento han observado cómo los ánimos van decayendo a medida que se prolonga el encierro en casa. "En las primeras semanas la gente estaba más animada, pero ahora el confinamiento les pesa, se les nota en que la conversación es más larga. El que está en matrimonio aún va, pero el que está solo, te secuestra", reconoce.

Y asegura que en el Picarral, la red vecinal funciona. "En Zaragoza todavía nos permitimos coger capazos", bromea, como ejemplo de que se mantiene la cercanía entre vecinos.

De las ayudas en alimentación al día después

Pabellón de Tenerías utilizado como ampliación del albergue municipal por el coronavirus.
Pabellón de Tenerías utilizado como ampliación del albergue municipal por el coronavirus.
Daniel Marcos

Zaragoza tiene un 20% de personas mayores de 65 años, de 700.000 habitantes, unos 140.000, de los que 60.000 son socios de los centros de convivencia de mayores del Ayuntamiento de Zaragoza. Desde ellos también se mantiene el contacto telefónico. 

En los servicios sociales municipales se empieza a notar un cambio en el perfil de usuario, de personas que nunca habían tenido que recurrir a la ayuda pública. Por empleo, entre los que llegan a la ampliación del albergue municipal en el pabellón municipal de Tenerías. Prevén que cuando se levante el confinamiento se van a encontrar una "situación nueva en todos los sentidos", incluido "el tipo de usuarios". Francisco José Rivas, responsable de los servicios sociales comunitarios del Consistorio, cuenta con que llegará "gente que se ha quedado sin ingresos de la noche a la mañana", con ingresos que ya eran precarios. "En la anterior crisis se amplió el número de usuarios", recuerdan en referencia a la iniciada en 2008 y de la que algunos se empezaban a recuperar ahora.

El Ayuntamiento de Zaragoza lleva destinados un millón de euros para 4.401 ayudas de urgencia de alimentación para familias vulnerables desde el pasado 16 de marzo, cuando comenzó el confinamiento. Desde el Consistorio se ha destacado que la inversión es "más del doble que en el mismo periodo del año anterior, cuando se concedieron". El importe medio de las ayudas también ha subido un 10%, de 215 a 237 euros.

Pese al desembolso, desde algunos sectores se ha criticado que la respuesta se haya concentrado en la alimentación, que es necesaria pero muy limitada a todas las necesidades que normalmente se atienden en servicios sociales. Además, con el inicio del confinamiento se cerraron la mayor parte de los centros de atención que luego se han ido abriendo por la presión asistencial, y desde los que se atiende por teléfono.

"El retraso en el pago de los ERTE va a generar una situación de vulnerabilidad tremenda a los Ayuntamientos"

El consejero de Acción Social y Familia del Ayuntamiento de Zaragoza, Ángel Lorén, afirma que "nos hemos ido adaptando a las circunstancias. No lo podemos medir por el número de centros, sino a las personas que estaban dedicadas".  Recalca que no han dejado de funcionar y "no se ha dejado a nadie desatendido", pero ha habido que "cumplir con la legislación del confinamiento".

Pasadas estas cinco primeras semanas de cuarentena asegura que "ahora ya estamos pensando en el día siguiente". Entre los factores que pueden agravar la situación de las familias apunta al retraso de los pagos del desempleo hasta mayo de los trabajadores afectados por expedientes temporales de empleo (ERTE) por el atasco en su tramitación por el Estado, ante la avalancha de casos. "Va a generar situación de vulnerabilidad tremenda a los Ayuntamientos", con un nuevo colectivo para solicitar ayudas.

El concejal prioriza conseguir liquidez para las organizaciones del tercer sector que trabajan con el Consitorio y tras las ayudas de emergencia atender, sin que se bloquee el sistema, a las que tengan que ver con vivienda, energía o gastos escolares, entre otros. El objetivo no es otro que  "ser capaces de enfrentarnos a esa avalancha que nos va a venir", plantea.

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