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Aragón

Opinión

El presidente que diseñó el presente de Aragón

ACTUALIZADA 16/04/2020 A LAS 16:34
Mitin del PP con Mariano Rajoy, Gustavo Alcalde y Santiago Lanzuela en Teruel en 2008
Mitin del PP con Mariano Rajoy, Gustavo Alcalde y Santiago Lanzuela en Teruel en 2008
Antonio García

Aragón ahora es turismo de nieve. Es logística. Es buen vino del Somontano. Es una comunidad vertebrada del sur de Teruel al norte de Huesca por una autovía que el Gobierno central se negaba incluso a dibujar sobre el mapa. Muchas veces, las ideas de los presidentes se quedan solo sobre un papel o, aunque se llevan a cabo, fracasan. Pero otras veces, las menos, una administración logra dar con un político que sabe sacar las ideas adelante y además consiguen perdurar en diferentes generaciones. En Aragón, ese político ha sido Santiago Lanzuela. El Aragón que disfrutamos hoy con proyectos motores en cada provincia fue diseñado en gran medida por este político turolense que gobernó la comunidad entre 1995 y 1999.

Santiago Lanzuela, que ha fallecido este jueves en un hospital madrileño con síntomas de infección por coronavirus,  llegó a la politica aragonesa de forma inesperada para la mayoría y el efecto que logró fue devolverla a la sensatez. Entre 1993 y su llegada a la Presidencia en en julio de 1995, Aragón había tenido tres presidentes autonómicos. Era una Comunidad enfangada por la corrupción, por una moción de censura con tránsfuga incluido y por políticos que habían llenado la sede de gobierno de micrófonos y que espiaban la vida de sus contrincantes. Lanzuela normalizó la Comunidad. La pacificó y le dio cuatro años de estabilidad. Y de honradez. 

"Lanzuela era recto, inflexible ante cualquier posible irregularidad"

Porque si hay algo de lo que ningún político duda en esta Comunidad es de la integridad que Santiago Lanzuela demostró como presidente de Aragón y en cada uno de sus cargos en la función pública. Lanzuela era recto, inflexible ante cualquier posible irregularidad. Incapaz por ejemplo de priorizar el interés de cualquier particular o de su partido, el PP, frente al de Aragón en cualquier toma de decisión, lo que también le pasó factura. Esta actitud y su buena gestión llegó a los ciudadanos y le hizo ganar escaños en las siguientes elecciones, pero esa forma de entender el servicio público, también le hizo perder el gobierno ante unos socios que rápidamente encontraron a otro partido que les ofrecía más.

Lanzuela era un destacado turolense y aragonés, pero de los que sembraron su huella también fuera de la Comunidad. Antes de entrar en política, Lanzuela era un destacado funcionario del Estado que coordinaba proyectos de cooperación españoles en países de América Latina. Cuando lo convencieron de entrar en política (porque fue de vocación tardía) y tras cumplir su etapa como presidente de Aragón, Lanzuela volvió al ámbito nacional, ya casi todo el tiempo como diputado en el Congreso. Y siempre por la circunscripción de Teruel. Ya fuese en los gobiernos de José María Aznar, de José Luis Rodríguez Zapatero o de Mariano Rajoy, fue siempre uno de los diputados más efectivos que tuvo Aragón en el Congreso.

 A su forma de ser ejecutiva (cuando ante una petición suya en el Congreso sobre algún proyecto de Aragón, el alto cargo de turno le contestaba diciendo que solo estaba “en estudio” y que no había fecha para las obras, él siempre contestaba: “Oiga, aquí en el Congreso se llega ya estudiado”; y le arrancaba plazos concretos) se une que era respetado en el Congreso por rivales y compañeros de partido, incluido todos los presidentes del Gobierno central

En su labor en el Congreso no solo destaca su defensa de los Fondos Fite para Teruel (de los que es autor intelectual y político), también hay constancia en el Diario de Sesiones de su defensa por las variantes turolenses, por los desdoblamientos de la N-II y N-232, por el Canfranc, el carbón y otros muchos puntales de la economía aragonesa. Con su pérdida, Aragón no solo se queda huérfano del que ha sido probablemente su mejor presidente, también pierde a una persona que dedicó hasta el último momento de su vida a defender de la mejor forma posible el país en el que creía.

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