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Aragón

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Otra centenaria aragonesa logra superar el coronavirus

La oscense Josefina Ainsa, de 100 años, recibió el viernes el alta del Hospital Militar de Zaragoza y fue trasladada al centro Covid de Gea de Albarracín, en Teruel.

La oscense Josefina Ainsa, de 100 años, recibió el viernes el alta del Hospital Miliar de Zaragoza y fue trasladada a la residencia de Gea de Albarracín, en Teruel.
La oscense Josefina Ainsa, de 100 años, en el centro Covid de Gea de Albarracín, donde le atiende Alina.
Heraldo.es

A sus 100 años, Josefina Ainsa, nacida en Huesca el 10 de diciembre de 1919, siempre ha presumido de ser una mujer con suerte. Algo que muestra con orgullo cada vez que cuenta una de sus historias favoritas, aquella en la que sobrevivió a una bomba que cayó sobre su casa de la capital oscense durante la Guerra Civil tras guarecerse bajo una mesa.

Ahora, varios años después, la oscense vuelve a protagonizar otro hecho prácticamente inimaginable para su familia hace unos días al convertirse en una de las pacientes más longevas de España en curarse de coronavirus, en este caso en Aragón. Y no es la única, puesto que otra centenaria, también oscense y de 101 años, se curó de Covid-19 recientemente.   

Josefina Ainsa ha sido enviada  a la residencia de Gea de Albarracín porque es uno de los dos nuevos centros intermedios, también llamados centros Covid, que la DGA ha abierto para atender a quienes han recibido el alta pero que, por su situación personal, necesitan un espacio para completar su recuperación.  

"Al principio lo dábamos todo por perdido. Entró muy mal al hospital y es tan mayor… lo peor era sentir que estaba sola y alejada de su familia”, reconoce Ana Iglesias, una de sus nietas.

Ainsa ha permanecido casi dos semanas ingresada en el Hospital Militar de Zaragoza donde fue trasladada desde la residencia Royal Augusta de la capital aragonesa el pasado 30 de marzo tras presentar fiebre y una leve afección respiratoria. Tan solo 24 horas después la familia recibía la peor noticia: Ainsa daba positivo en coronavirus. “Aunque es verdad que para su edad está muy bien, enseguida te pones en lo peor, han sido días muy complicados que, además, nos han pillado a todos separados por el confinamiento”, afirma Iglesias.

Sin embargo, todo cambiaba a finales de esta semana cuando comunicaron a su familia que Ainsa iba a recibir el alta. Así, a última hora del viernes Ainsa era trasladada a la residencia Nuestra Señora de los Dolores de Gea de Albarracín, en Teruel, habilitada por el Gobierno de Aragón para acoger a personas mayores con coronavirus con el objetivo de evitar la propagación del virus en las instituciones donde habitan actualmente.

Este sábado tras recibir las primeras fotografías de su abuela ya en la residencia su familia aseguraba sentirse aliviada y, sobre todo “muy agradecida”. “Mi madre ni siquiera tiene whatsapp y no le hemos podido enviar nada. Estamos todos muy emocionados”, resume su nieta.

“Sobre todo nos preocupaba el hecho de que llevase tanto tiempo sin ver a su familia. Mi abuela siempre ha estado muy acompañada y desde el inicio del estado de alarma no nos dejaban ir a verla”, relata Iglesias que explica que en el último año su abuela había “perdido mucho”. Hoy reconoce que han sido unos días “muy duros” para esta familia que al final puede celebrar su vuelta a casa. “Ya casi no puede oír nada y nos la imaginábamos rodeada de desconocidos con mascarilla y sin entender lo que estaba ocurriendo”, afirma.

Madre de tres hijos, Santiago (83), Julia (79) y María José (67), es hija de Marín Ainsa, uno de los fundadores del PSOE en Huesca a quien fusilaron el 12 de octubre de 1936 en la capital oscense donde todavía hoy se le rinde homenaje cada año. Además, tiene cinco nietos y ocho biznietos, el más pequeño de 12 años.

Tras enviudar hace una década y vivir una temporada entre su casa, ubicada en el centro de la capital aragonesa, y las de sus hijos; a los 96 años la trasladaron a la residencia en la que se encuentra actualmente. “Desde entonces vamos a verla a diario, nunca está sola. La última vez que fui no hacía más que pedirnos besos”, recuerda su nieta emocionada.

Poco amante de los viajes, su vida estuvo marcada por los constantes traslados de su marido, Santiago de las Heras, militar de profesión. Eso sí, nos cuentan que jamás faltó a una cita con la costa Mediterránea donde iban a veranear cada año.

Josefina Ainsa y su marido, con sus hijos.
Josefina Ainsa y su marido, con sus hijos.
Heraldo.es

Una vida dedicada a la familia

“Se casó con mi abuelo muy joven, a los 19 años, y tuvo a su primer hijo en Huesca y a la segunda, mi madre, en Madrid donde vivieron una temporada”, explica Iglesias. Cuando Julia, su segunda hija, era muy pequeña; sobrevivió a una meningitis tuberculosa que la mantuvo una larga temporada ingresada en el hospital. “Prometió que si se salvaba su hija, vestiría con hábito morado durante dos años. Y así lo hizo”, añade. Finalmente, su tercera hija nacería en Tarragona cuando tenía 33 años. De allí finalmente se trasladaron a Zaragoza donde su marido se retiró de la vida militar en 1954.

Tan solo un año después abrirían una tienda de ultramarinos cerca de su domicilio, un SPAR ubicado en el número 6 de la calle San Ignacio de Loyola esquina con plaza San Sebastián. El establecimiento, bastante popular en la época, pasaría años después a manos de su hijo mayor, Santiago, quien lo regentó hasta su cierre definitivo 25 años después.

Ainsa dedicó su vida al hogar y al cuidado de los suyos. “La recuerdo cosiendo a máquina todo el tiempo. Siempre le ha encantado. Y también leer el periódico y las revistas”, relata Iglesias, que la describe como una mujer risueña, cariñosa y muy familiar.

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