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Aragón

Semana santa

Tambores asomados a una guerra silenciosa

El Bajo Aragón encara una Semana Santa triste e insólita. Con las procesiones suspendidas a causa del coronavirus, los balcones refugian los redobles y contragolpes.

Famila de hijaranos en su balcón de la plaza de la Villa.
Famila de hijaranos en su balcón de la plaza de la Villa.
Blanca Esther Pina

Una mirada por la ventana basta. Nada y todo a la vez. La realidad de las calles vacías, no tan excepcional en los ojos del Bajo Aragón, desafiando a la imaginación. Traspasar el cristal induce a pensar. Y ese reflejo, con la llegada de la Semana Santa, desconcierta sobremanera. Los tambores y bombos invaden -imaginariamente- las calles de los nueve pueblos que componen la Ruta. Me lo relata, de balcón a balcón, un hijarano fantasioso.

Desde su privilegiado prisma, en el arranque de la calle Mayor, epicentro de redobles y contragolpes, atisba la plaza de San Blas y el paseo de San Francisco. La mitad del recorrido de las procesiones entre el Monte Calvario y la Iglesia, que este año, a causa del virus que nos cerca, no marcharán.

En los cinco siglos de historia que se le atribuyen a la Semana Santa del Bajo Aragón (Híjar conmemoró esa efeméride el año pasado), tan solo los conflictos bélicos habían interrumpido, hasta la fecha, su celebración. El estruendo de las bombas acalló los instrumentos durante la Guerra Civil; los desfiles de los tanques sucedieron a las marchas religiosas; y el fuego arrasó la memoria de un legado que hoy se enfrenta a otra batalla silenciosa, de laboratorio.

La Burrica no saldrá este domingo sin ramos. Las palmas de los niños se ofrecerán, desde lo alto, a los valientes sanitarios. El día grande se hará muy chico. De apenas un cuarto de hora. Lo que dure el recuerdo, el eco, del concurso de tambores y bombos de Híjar, el más antiguo de España.

El Ayuntamiento de la localidad ha impulsado una iniciativa para que hoy, a partir de las 12.00, se toquen marchas características de un certamen que anualmente atrae a una veintena de municipios. Desde Zaragoza (Siete Palabras, Zuera, Ejea de los Caballeros) hasta Castellón (Alzira y Almassora), pasando por la capital turolense (La Muerte, Asociación Cultural, los Dilatantes) y, por supuesto, el Bajo Aragón Histórico.

Los Posesos representan a los municipios de la Ruta (Albalate, Alcañiz, Alcorisa, Andorra, Calanda, Híjar, La Puebla de Híjar, Samper y Urrea), que este inusitado 2020 celebran el 50 aniversario de una fusión, de una mezcla de sonidos, que la pasada semana (29 de marzo) se compartió desde los hogares.

Alcañiz no pudo albergar las Jornadas de Convivencia, como Alcorisa no había podido antes (22 de marzo) presidir el hermanamiento de los integrantes del Consorcio Nacional; esa amalgama de conceptos tradicionales y paganos que ahora, en rincones variopintos, pone banda sonora a este surrealismo que parece extraído del cine de Buñuel.

Él, el más ilustre calandino, acostumbraba a romper la hora en la lejanía. Cualquier lugar era idóneo para colgarse el tambor y experimentar lo que esta Semana Santa será para los que permanecen apartados de sus casas. El estado de alarma impedirá reencuentros y abrazos, pero no podrá acallar el son de las palilladas enrabietadas; el compás de los mazazos que espantarán al enemigo virulento.

Cada pueblo de la Ruta, insistiendo en que nadie cometa la irresponsabilidad de salir a la calle, ha lanzado sus propuestas. Fachadas adornadas (Albalate y Andorra), concursos de dibujo (Samper), vídeos (Alcañiz, Alcorisa, La Puebla de Híjar, Urrea), fotos... y el poder de internet para compartir ese singular acto de Romper la Hora que Híjar ofrecerá, por vez primera, al mundo entero.

Se hará vía streaming, para que cualquier persona, independientemente de dónde esté, pueda participar. Veinte minutos de tregua virtual en la medianoche del Jueves Santo, antes de que los balcones se vacíen de nuevo. Unos querrán que el sueño acelere este trance; otros, como mi vecino el fantasioso, prolongarán su engaño con la frente sobre la ventana.

Los Despertadores no sonarán; las únicas Imágenes que subirán y bajarán serán de vacío; el Pregón se hará más largo que nunca; el Entierro será solitario; y esa Soledad nos recordará que lo primordial es que al año que viene estemos todos juntos de nuevo.

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