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Tercer Milenio

Covid-19-Investigación

Crear vacunas a velocidad de pandemia

La situación de emergencia ha impulsado las investigaciones en busca de una vacuna cuyo desarrollo culmine en unos meses en lugar de los habituales 10-20 años

Laboratorio de coronavirus del Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC).
Laboratorio de coronavirus del Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC).
Álvaro Muñoz Guzmán, SINC

"Después de esta pandemia, ¿habremos aprendido que es más barato prevenir que paralizar el mundo?", se pregunta el investigador Carlos Martín. "Debemos aprender que es muchísimo más caro parar la economía que invertir en salud y en investigación en salud".

Con la Covid-19 no solo le hemos visto las orejas al lobo sino el lobo entero y también las vacunas se desarrollan a ritmo de pandemia. "Los tiempos de desarrollo de una nueva vacuna, como ocurre con los nuevos medicamentos, arrojan una media de 15-20 años", recuerda quien lidera desde hace dos décadas el desarrollo de una nueva vacuna contra la tuberculosis (MTBVAC) en la Universidad de Zaragoza. Esta pandemia está batiendo todos los récords: desde que la OMS fue informada del nuevo virus, SARS-Cov2 fue secuenciado en menos de 10 días, se pusieron a punto test de diagnóstico en una semana y, en estos momentos, son 52 los candidatos a vacuna que se ensayan en laboratorios de todo el mundo.

Buscamos desesperadamente una vacuna porque "se prevendría la aparición de la enfermedad y podríamos volver a una situación de normalidad absoluta, sin preocuparnos por este coronavirus, como ocurre con otras enfermedades para las que existe vacuna y que en el pasado fueron fuente de pandemias arrasadoras", apunta Nacho Aguiló, coordinador del equipo de inmunidad MTBVAC.

Para que una vacuna llegue a la población recorre un largo camino lleno de pruebas en laboratorio y en animales de experimentación, como ratones o primates, y una sucesión de ensayos clínicos escalonados en humanos. "La etapa más larga es el desarrollo preclínico, la investigación previa necesaria para diseñar y construir un candidato, que después tiene que probarse en humanos", precisa Jesús Gonzalo, bioquímico del mismo grupo de investigación.

En situaciones de emergencia sanitaria, se pisa el acelerador. "Las agencias del medicamento, valorando siempre el riesgo/beneficio, pondrán todos los esfuerzos en acortar los tiempos al máximo, pero la comunidad científica –asegura Martín– no espera que sea posible su autorización y uso en menos de un año; por lo tanto, no va a poder ser útil para el actual brote de Covid-19 a corto plazo, pero podríamos estar preparados para futuros rebrotes con la nueva vacuna disponible".

Lo ideal sería vacunar a toda la población a nivel mundial, "para crear una inmunidad de rebaño"

Para Aguiló, "es necesario que la gente entienda el tiempo que cuesta desarrollar una vacuna y todas las fases que tiene que superar hasta poder ser utilizada de forma masiva en la población" y anima a "no dejarse llevar por la impaciencia, pues, más allá incluso de su eficacia, lo más importante para una vacuna es que tiene que ser segura". Lo ideal sería vacunar a toda la población a nivel mundial, "para crear una inmunidad de rebaño, y esto supone casi 8.000 millones de personas".

Por eso, aunque se podría optimizar mucha burocracia, los límites de seguridad hacen que no se pueda correr más que hasta cierto punto. Por otro lado, la realización de los experimentos necesarios para la construcción y caracterización de una vacuna llevan un tiempo marcado por los tiempos biológicos: "Por ejemplo, si el tiempo de gestación de un ratón es de 3 a 4 semanas, eso no se puede acelerar de ningún modo, nos guste o no", concreta Aguiló.

"No sirve de nada una vacuna que proteja muy bien si no se puede producir en cantidades de millones de dosis a escala industrial"

Cuando se consiga una vacuna, no es lo de menos que se pueda fabricar a gran escala y que todos podamos pagarla. "Este es un punto clave –destaca–. No sirve de nada una vacuna que proteja muy bien si no se puede producir en cantidades de millones de dosis a escala industrial". Esto requiere infraestructuras de gran envergadura. Gonzalo recuerda "la reciente escasez de vacunas contra la meningitis B o frente a la tos ferina. En el caso de una vacuna nueva, que parte casi de la línea de salida, como la que se está ensayando frente al SARS-CoV-2, la dificultad es aún mayor".

Una cura de humildad

Antes de la Covid-19, la protección de las vacunas era algo invisible porque las enfermedades contra las que nos protegen casi han desaparecido en algunos casos. "Esta crisis va a ser una cura de humildad para la humanidad en muchos sentidos, también en este –reflexiona Aguiló–. Ya estamos viendo lo que ocurre cuando no tenemos vacuna para una enfermedad, lo destructiva que puede llegar a ser". Después, "los antivacunas seguirán existiendo, pero creo que la sociedad va a ser más inflexible con ellos. Las vacunas son con toda probabilidad la intervención sanitaria que más vidas ha salvado en la historia de la humanidad, y esto es algo que se nos estaba olvidando".

Paso a paso: así se hace una vacuna

Las vacunas enseñan al sistema inmunitario a defenderse de un virus o una bacteria.

En el laboratorio
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Laboratorio

Siguiendo cuatro grandes estrategias, se produce un candidato a vacuna.

Ensayos preclínicos en animales
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Ensayos preclínicos

Debe demostrarse que la vacuna es segura y eficaz en modelos animales.

Inversión en vacunas
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Inversión

Una empresa biotecnológica desarrolla la producción industrial de la vacuna.

Autorización
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Autorización

Las autoridades regulatorias dan luz verde a los ensayos clínicos.

Ensayos clínicos escalonados: Fase I.
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Ensayos clínicos escalonados: Fase I

Se comprueba la seguridad de la vacuna en unas decenas de voluntarios.

Fase II.
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Fase II

Se evalúa la seguridad en una muestra más representativa de la población: unos pocos cientos de personas.

Fase III.
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Fase III

Se ensaya la eficacia en varios cientos o miles de voluntarios en diferentes países y poblaciones.

Al mercado.
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Al mercado

Si la vacuna ha demostrado ser segura y efectiva, las autoridades licencian el producto y puede ser comercializado.

Al llegar a este punto no acaba la evaluación de la vacuna. Durante los años posteriores se siguen haciendo estudios de caracterización del producto y detección de efectos secundarios. Es la Fase IV.

Más de cincuenta proyectos en marcha

Las vacunas para Covid-19 que se encuentran ahora en fase clínica “han llegado tan rápido porque están basadas en vacunas que se habían desarrollado anteriormente para otras enfermedades y que se han adaptado para el SARS-Cov2”, explica Nacho Aguiló. En los 52 proyectos en marcha en todo el mundo, en dura competencia –dos de ellos en España–, se están desarrollando vacunas de varios tipos: “Desde coronavirus inactivados o atenuados a genes que expresan proteínas del virus inoculados en el interior de lo que se llaman vectores virales, que suelen ser virus atenuados que se han usado como vacuna para otras patologías, y se sabe que son seguros”. Uno de estos vectores es el virus 'vaccinia', derivado de la vacuna de la viruela. Esta es la estrategia del equipo del Centro Nacional de Biotecnología que lidera Mariano Esteban. En el mismo centro, el equipo de Luis Enjuanes e Isabel Sola está tratando de obtener un virus atenuado que carezca de alguna de las proteínas esenciales que le permiten unirse a la superficie y entrar en la célula del huésped para infectarla.

SARS-Cov2 es “un virus relativamente nuevo, aunque también muy parecido al que causó la epidemia del SARS y que, afortunadamente, parece que muta muy poco comparado con otros virus”, explica Jesús Gonzalo. Esta baja tasa de mutación “es una buena noticia, ya que se pueden predecir estrategias para diseñar vacunas basadas en subunidades, vectores virales o incluso atenuadas”.

​MTBVAC produce inmunidad entrenada

 A una velocidad muy distinta, continúa su camino como candidata para la vacunación universal contra la tuberculosis –la enfermedad infecciosa que causa más muertes en el mundo–, y alternativa a la actual (BCG), la vacuna que desarrolla la Universidad de Zaragoza (UZ) desde hace veinte años. El caso es muy diferente al de la contrarreloj por dar con una vacuna ante la Covid-19: Mycobacterium tuberculosis es una vieja conocida y la población ya dispone de una vacuna. Una vacuna que lleva funcionando cien años y a la que se quiere reemplazar en los programas de salud pública. Precisamente por eso, la nueva MTBVAC tiene que demostrar, paso a paso, que su eficacia supera o iguala a su predecesora en varios frentes. Esta semana se ha dado uno más de esos pasos.

Según los resultados de la investigación que acaba de publicar la revista ‘Plos Pathogens’, además de inmunizar frente a la tuberculosis, MTBVAC pone tan en forma el sistema inmunitario que protege frente a otras infecciones respiratorias bacterianas, como la neumonía neumocócica. Como hace BGC, la nueva vacuna genera una reprogramación a largo plazo de las células del sistema inmunitario innato. "MTBVAC produce grandes cambios metabólicos en las células del sistema inmunológico que desencadenan el fenómeno de la inmunidad entrenada", explica Raquel Tarancón, primera firmante del artículo.

Así lo han demostrado investigadores del CIBER de Enfermedades Respiratorias Ciberes en el Centro Nacional de Microbiología del Instituto de Salud Carlos III y en la UZ, con el grupo de investigación de Carlos Martín, en colaboración con investigadores holandeses de la Universidad Radboud de Nimega.

El 90% de los bebés del mundo se vacunan con BCG y "si queremos ponerles MTBVAC, debe demostrar que confiere al menos los mismos beneficios no específicos que su predecesora: disminución de la mortalidad, disminución de infecciones respiratorias...", señala Martín. Sabemos que "BCG lo hace por modificaciones epigenómicas de determinados genes" y el artículo recién publicado"demuestra por primera vez que MTBVAC comparte este mecanismo de regulación del sistema inmunitario".

Mientras tanto, y pese a la pandemia que ha paralizado tantas cosas, el grupo de Genética de Micobacterias sigue con los estudios clínicos en adultos y en bebés en Sudáfrica. “Aunque han cerrado el país por el Covid-19, en la distancia estamos en contacto permanente con ellos porque hay que tomar medidas y mandar informes".

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