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Cuando una pandemia mundial pospone el día más feliz de tu vida

El sector se vuelca para que los enlaces se puedan celebrar después del verano, entre septiembre y noviembre, con los mínimos costes para las parejas.

Las bodas, al menos las que congregan nutridos grupos de amigos y familiares, deberán esperar.
Las bodas, al menos las que congregan nutridos grupos de amigos y familiares, deberán esperar.
Arantxa Alcubierre

Nadie, ni la persona más catastrofista sobre la faz de la tierra, se imaginaba un año atrás un escenario como el actual. Una cuarentena que se prolongará durante semanas y durante la que se prohíbe -bajo multa- pisar la calle más allá de lo estrictamente necesario. Una de las consecuencias más evidentes es la cancelación de todo evento social, sobre todo aquellos que impliquen una concentración de personas en un espacio cerrado. Y en estas ha llegado abril, mes que abre la temporada de bodas. Eventos que salen adelante gracias al trabajo de los profesionales que se ocupan de que todo sea perfecto: la finca, la comida, los trajes, la ropa, la música… Incontables detalles que dan sentido a un sector cuya actividad económica gira, en buena medida, en torno al próximo trimestre.

La pandemia de coronavirus ha caído como un jarro de agua helada. “En el sector, que se está mostrando muy comprensivo con la situación, hay tristeza por lo que está ocurriendo y miedo a perder dinero”, cuenta Wendy Vidal, cofundadora de la empresa zaragozana Bodas de cuento. “Hay que pensar que en una boda participan unas dos decenas de empresas y autónomos. Económicamente va a ser demoledor para todos, desaparece la liquidez”.

Su socio, José de Domingo, explica que “los novios que tenían fijadas fechas en abril y mayo están optando por retrasar las bodas unos meses, se están posponiendo a septiembre, octubre y noviembre. Solo unos pocos las pasan al año que viene”. Aquellos que estuviesen invitados a un enlace esta primavera es posible que pasen a celebrarlo en una jornada poco habitual. “Ante el posible escenario, cada vez más real, de no encontrar una fecha que les satisfaga, la gente empieza a plantearse los viernes y domingos”, añade.

El amplio abanico de proveedores, indica De Domingo, “está siendo muy comprensivo, no se están cobrando suplementos, y los restaurantes están mostrándose muy colaborativos, cambiando fechas sin penalización”. Aunque avisa: “Va a haber unos pocos que, por disponibilidad, no van a poder cambiar fechas, lo que tal vez genere algún conflicto”.

Una boda, indica Wendy, lleva detrás un mínimo de nueve meses de trabajo: “Y algunas casi las hemos rehecho enteras. Son unos veinte proveedores de otros tantos servicios, tienes que conseguir que a todos les encajen las fechas, lo que no siempre va a ser posible. Los novios, en algunos enlaces, van a tener que hacer cambios sobre lo planeado inicialmente”.

Los autónomos, a tirar de remanente

La del fotógrafo es una de la clásicas figuras de profesionales autónomos en los convites. La zaragozana Arantxa Alcubierre centra parte de su trabajo en los enlaces, por lo que se ha visto económicamente perjudicada por la cuarentena: “Un tercio de las bodas que tenía firmadas han sido retrasadas a septiembre y octubre, aunque ahora también hay bodas en el resto del año. Económicamente, como autónoma, una tiene unos gastos fijos, como licencias, alarma, seguros… que siguen ahí. Es el momento de tirar de remanente, de ese pequeño ahorro que uno guarda para una situación imprevista, y así aguantar el tirón”.

“No queda otra que aceptarlo”

Las parejas están encajando la situación con una mezcla de tristeza y resignación. “Parece todo una mal sueño, una situación irreal”, relata Fran, que a finales de este mes tenía previsto dar el ‘sí, quiero’ junto a su novia, Elena. “Los primeros días de cuarentena aún mantuvimos la esperanza, pero luego vimos que esto se iba a prolongar demasiado y que si no aplazábamos la boda corríamos el riesgo de que nos pillaran los plazos y perdiésemos dinero. No nos quedó otra que aceptarlo y posponerla hasta octubre. Nos ha costado alguna lágrima, pero pronto recuperaremos la ilusión inicial y antes de darnos cuenta llegará el día de la boda”.

Comuniones aplazadas o en la intimidad

Otras celebraciones clásicas de estas fechas son las primeras comuniones. La mayor parte también se están posponiendo para después del verano, en algunos casos debido a la necesidad de cancelar los convites reservados. Según indican fuentes de la Archidiócesis de Zaragoza, “cada párroco tiene libertad para tomar las medidas que considere oportunas y no hay indicación de prohibir las celebraciones”. De hecho, en un comunicado rubricado por el arzobispo de Zaragoza permite la actividad sacramental en las parroquias (bautismos, bodas, funerales) que queda “al criterio de los párrocos, en diálogo con la familia, contando con el vicario episcopal correspondiente y siempre con un grupo muy reducido de participantes”.

El obispo de Tarazona, por su parte, marcó el 12 de abril como fecha tope para conocer la evolución de la pandemia, aunque en su escrito a los fieles ya avisaba del posible escenario de un aplazamiento. La diócesis de Teruel y Albarracín pidió esperar con paciencia a la vuelta a la normalidad después de que algunos padres trasladaran su inquietud de perder la señal de reserva en los restaurantes. El obispo de Barbastro-Monzón dejó en manos de cada párroco la celebración o no de las primeras comuniones.

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