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Aragón

confinamiento

Tractor parado y entre hilvanes, así es el confinamiento en clausura

Están acostumbradas a permanecer en sus conventos sin salir, pero la pandemia de coronavirus ha modificado parte de su día a día.

Las clarisas de Monzón en su taller de costura.
Las clarisas de Monzón en su taller de costura.
Heraldo.es

El tractor de las carmelitas descalzas de Maluenda está parado desde hace unos días. Del horno de las clarisas de Monzón ya no salen dulces artesanos. A pesar de estar acostumbradas a vivir confinadas, la pandemia de coronavirus ha modificado su rutina, ya que en muchos conventos se están dedicando en cuerpo a la confección de mascarillas y en alma, a la oración. "Las monjas en los conventos no estamos aisladas, a lo nuestro. Estamos siempre ahí", sentencia la madre María Alegría desde la ciudad montisonense.

"Estamos acostumbradas a esta situación", asegura la hermana María Isabel, priora del convento de las carmelitas descalzas de Zaragoza, de la avenida de Cataluña. Señala que siguen un horario, como siempre. "No nos aburrimos, nos falta tiempo". Esta religiosa relata la apretada y concurrida agenda del convento desde por la mañana hasta por la tarde: "Hacemos gimnasia, limpiamos, estudiamos, jugamos..." y deja en el aire otras actividades mientras las intenta recordar. Por supuesto, en todos los conventos apelan a la oración, un gesto que están intensificando estos días.

"Estamos acostumbradas a esta situación. No nos aburrimos, nos falta tiempo"
Las carmelitas de Maluenda mientras confeccionan mascarillas.
Las carmelitas de Maluenda mientras confeccionan mascarillas.
Ayto. Maluenda

Las carmelitas de Maluenda, en la Comunidad de Calatayud, han alterado un poco su día a día. El contexto de confinamiento ha hecho que los vecinos se vuelquen con ellas y les acerquen alimentos, como carne, pollo o pescado. Una solidaridad con la que responden a la sociedad. "Tenemos arbolado, huerto e invernadero, pero ahora tenemos el tractor parado porque estamos haciendo una labor que urge más", asiente la priora Teresa Margarita. La mayor parte de su tiempo lo destinan a la confección de mascarillas, una iniciativa que les sugirió la alcaldesa de la localidad. Desde entonces, no han cesado de dibujar sobre tela, cortar, hilvanar y coser. "Fíjese, para el día de San José (19 de marzo) teníamos que haber plantado las patatas, pero lo hemos dejado porque esto es más importante", se justifica la hermana.

Están pendientes en todo momento de lo que acontece al otro lado de los muros de su casa. El sentimiento de "dolor" es aparente en su conversación, ya que personas afines al convento se han contagiado de coronavirus en Madrid y rezan por ellas. Coser y orar, incluso, las dos cosas a la vez. Las primeras fueron para los voluntarios de la Cruz Roja, pero amplían su voluntad. "Si alguien necesita más que nos digan", se ofrece Teresa Margarita. Algunos vecinos de Maluenda ya les han llevado sábanas y piezas de tela porque las religiosas convierten cada retal en una mascarilla. No obstante, se han encontrado con un contratiempo: la falta de gomas. "No sabemos dónde comprarlas porque llamamos a las mercerías pero están cerradas". De este convento maluendano salen las mascarillas bendecidas y también el patrón. La priora, Teresa Margarita, ha preparado la muestra para mandarla por correo postal a las hermanas de otras comunidades autónomas.

Más modernas son las clarisas de Monzón que lo comparten por Whatsapp. Ellas han cerrado el obrador donde realizaban sus dulces artesanos y han dejado a un lado los bastidores de bordar, las dos labores que ocupaban la mayor parte de su tiempo. Sin embargo, se han dejado el acerico en la muñeca y la aguja enhebrada para coser también mascarillas. Una vez realizadas, las introducen en bolsas individuales y ya han sido donadas a varios entes públicos, como al Ayuntamiento de Monzón.

"Ahora desinfectamos todo lo que gira el torno"

Las medidas de prevención que utilizan en la entrega de mascarillas lo extienden con todo lo que entra en sus dependencias. "Ahora desinfectamos todo lo que gira el torno", explica la madre María Alegría, que reside allí desde hace 36 años. La aplicación de mensajería por la que comparten sus patrones, también la utilizan para recibir peticiones de oraciones: “La gente nos escribe para que recemos por ellos".

Las nuevas tecnologías son el mejor aliado de las carmelitas de Zaragoza, las de la avenida de Cataluña, María Isabel y el resto de hermanas, siguen misas y clases. Actividades que se abren hueco en también en la confección de mascarillas. "Nos están haciendo tantas peticiones que no damos abasto. No sé dónde lo anunciarían que estábamos haciendo. Todo surgió por una vecina". Al día pueden salir de este convento unas 50 unidades, que son las que corta una hermana, tantas que han tenido que comprar una pieza nueva de tela tras haber agotado las sábanas antiguas de algodón 100% que conservaban en las estancias de su convento. Mantienen la misión y la ilusión.

También fuera de clausura

La hermana Milagros y la enfermera Milagrosa, a la máquina de coser.
La hermana Milagros y la enfermera Milagrosa, a la máquina de coser.
Heraldo.es

"Nosotras llevamos el confinamiento perfecto", reconoce la salesiana Teresa Rodríguez, de la comunidad de religiosas salesianas de Vía Ibérica de Zaragoza. Todas las hermanas que residen en estas instalaciones de la orden acusan alguna patología o son ancianas.

La Fundación Los Camilos se encarga de su cuidado y también les ha sentado en la máquina de coser, como se ha dado en otros tantos hogares de religiosos. "Milagrosa, la enfermera me propuso la idea y la primera que se sentó en la máquina de coser fue Milagros, una hermana de 95 años. A ellas le siguieron el resto", narra Teresa. Esta colaboración no entiende de edad, tanto que las dos religiosas que hilvanan son centenerias. En principio las mascarillas son para el uso de la casa, pero no descartan ampliar su público cuando reciban la pieza de tela que han encargado.

"Los médicos son nuestros ángeles"

La labor de confección de estas hermanas, sean de clausura o no, no está dedicada a los sanitarios, ya que son conscientes de que son necesarias de otro tipo, pero en mente tienen a estos facultativos. "Los médicos son nuestros ángeles", concluye la priora Teresa Margarita desde Maluenda.

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