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José Manuel Pérez Latorre: «La creatividad nunca se resiente por estar entre cuatro paredes»

El autor del Auditorio de Zaragoza o de la ampliación del Museo Pablo Serrano asume el confinamiento como una oportunidad para crear.

El arquitecto José Manuel Pérez Latorre, en el salón de su casa.
El arquitecto José Manuel Pérez Latorre, en el salón de su casa.
@pilargomezsalvador

Lleva una semana sin salir de casa. ¿Le ha pasado factura?

No, no. Me ha venido estupendamente, ya que puedo aprovechar este tiempo y estoy bien de salud, aunque soy población de riesgo porque me dio un infarto hace unos años. Estoy pintando, y mucho, porque hasta ahora lo hacía a tiempos sueltos. Ahora tengo quince días seguidos. Para mí es como si fuera el paraíso.

¿En qué proyecto está trabajando en estos momentos?

Estamos acabando la fábrica de La Zaragozana y estamos con un proyecto de viviendas con cierto carácter. Lo estamos haciendo por vía electrónica. La gente del despacho se llevó a casa las partes en las que estaban trabajando y estamos todos en contacto.

¿Han podido trabajar en red?

Dentro de lo que se puede. Algunos tienen hijos pequeños y trabajar desde casa es complejo.

¿La creatividad se resiente o sale reforzada entre cuatro paredes?

Nunca se resiente. Primero, porque uno lleva almacenada en su cabeza muchas cosas y un parón permite la reflexión y aflorar ideas. El problema lo tiene la gente que es hiperactiva, que necesita correr por la calle, ir al gimnasio… Los de mi edad estamos más acostumbrados a la reflexión. Los proyectos se sueñan en soledad, aunque luego se ejecuten en conjunto. Es un tiempo, con perdón por lo que supone esta plaga, de regalo cuando te encuentras bien.

¿Están las casas preparadas para tanto tiempo encerrados?

No. Cada vez más se plantean para tener todo fuera. Antes había más metros cuadrados para desarrollar una vida y ahora es cada vez más pequeña. Están pensadas en resolver la vida social fuera de casa. Y en este tipo de situación, son un poco criminales. Ya veremos al final cuántos divorcios hay.

¿Su diseño cambiará después de esta experiencia?

Ojalá, pero eso hace tiempo que tendría que haber cambiado. La anchura de pasillos no tendría que bajar de metro veinte porque cuando eres joven necesitas almacenar y cuando eres mayor, pasar en una silla de ruedas. Lo mismo pasa con los baños. Y todo eso tendría que cambiar, pero por ley. Si esto se hubiera solucionado, no tendríamos el problema de los geriátricos. Si las cosas estuvieran en condiciones para mantener a los mayores, la mitad desaparecerían.

¿Le han anulado algún encargo?

Aún no, pero me temo que sí. Es un problema ligado directamente a la economía. Y no tanto anular como que se ralenticen. De todos modos, en mi estudio hay proyectos con los que llevo 19 años.

¿Qué le parece que se plantee utilizar hoteles medicalizados?

Tiene poco sentido. Sería más lógico utilizar el museo Pablo Serrano, y solo haría falta retirar las obras. Se dispondría de grandes espacios para poner camas, aire acondicionado, montacargas, escaleras mecánicas y cocinas. Se puede montar lo que se quiera. En los Sitios ya se utilizó el Pilar, ya que sus grandes naves permitían disponer de un gran espacio.

Tras la gran recesión se vaticina otra sin que se sepan sus proporciones. ¿Cómo pilla a su sector?

Son muy distintas. Aquella fue la crisis del ladrillo, por decirlo de alguna manera, pero ahora requiere un arreglo muy complejo, una reflexión muy profunda sobre lo que es Europa y el mundo.

¿Tras esta crisis habrá fondos para iconos arquitectónicos?

Cada momento histórico aporta una manera de estar. Después de la dictadura, vivimos un momento de optimismo y hubo una serie de cosas que expresaban las ganas de estar y de ser. Ahora tenemos que ser capaces de aprovechar todas esas infraestructuras. No es el momento y la arquitectura se lee muchas veces en clave histórica. Si no, es imposible entenderla.

¿Qué será lo primero que haga cuando pueda salir de su casa?

Correr. Tenemos preparadas tantas fiestas con amigos que no sé si llegaremos a enero vivos (se ríe). Sobre todo, saldremos a abrazarnos; es lo que más se echa en falta. Ahora no lo haces ni con tu mujer. Eso sí, el codo nos lo damos.

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