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Aragón

covid-19

Concienciados para vencer al "bicho" desde casa

Las familias aragonesas afrontan con serenidad y esperanza el anuncio de la prórroga del estado de alarma. Preocupan los mayores mientras los niños exhiben aguante.

Raquel, en la bici estática.
Raquel, en la bici estática.
José Miguel Marco

Recién cumplido el ecuador del periodo de estado de alarma a causa de la crisis del coronavirus, este domingo, a través de una videoconferencia, Pedro Sánchez comunicó a los presidentes autonómicos que habrá una prórroga de 15 días en el confinamiento. La decisión -que será aprobada el miércoles en el Congreso de los Diputados- era un secreto a voces, ni siquiera los más optimistas confiaban en una solución próxima, aunque no por ello dejó de interceder en el estado emocional de las familias. Algunas lo afrontaron con mayor ánimo. Otras, con menos. Pero entre casi todas imperó la esperanza del "todo saldrá bien"; ese arcoiris gigante que los niños han viralizado y nos cobija a todos.

"Hasta que no muera el bicho, no salimos de casa», le dice la pequeña Zaira, de cuatro años, a sus padres. El viernes 13, coincidiendo con el cierre de los colegios en Aragón, fue la última vez que correteó por la calle. Suma 10 días confinada y no ha perdido la sonrisa. "Lo está llevando muy bien. El día es largo y recurrimos a distintos entretenimientos, lectura, dibujos animados, tablet… La verdad es que se comporta de maravilla", explica Sandra Fernández, la madre, y asegura que le quedan menos horas en el día que antes. "Por suerte somos jóvenes -ella tiene 34 años y su marido, Eduardo Martínez, 35- y tenemos energía para estar jugando todo el día con ella. Intentamos que esté entretenida con actividades y no tenga tiempo para pensar en lo que sucede a su alrededor", añade Sandra, antes de destacar el vínculo vecinal como uno de los "aspectos positivos" de la pandemia.

Viven en el barrio de Zalfonada, en las proximidades de la calle Salvador Allende, y cada tarde comparten un rato de conversación con los residentes de los domicilios contiguos. "También es necesario un rato de distensión, para dejar a un lado el nerviosismo. Todos tenemos la incertidumbre de saber hasta cuándo durará esta situación", concluye Sandra, inquieta por la salud de sus padres y de su suegro.

Daniel Utrilla, Susana Westeryer y Sandra Fernández, posando desde la ventana.
Daniel Utrilla, Susana Westeryer y Sandra Fernández, posando desde la ventana.
José Miguel Marco

Las personas mayores suscitan otro tipo de preocupación que los niños. Son más vulnerables ante el virus. Sobre todo, si presentan algún tipo de patología. De ahí que, durante esta etapa de confinamiento, el pensamiento de muchas familias vaya dirigido a las residencias. "Mi madre, de 80 años, está en Hermanitas de los Pobres y me duele no poder ir a verla. A mi suegra, también de 80, la tenemos interna en la residencia de Santa Isabel, cerca de casa, pero anteayer la mandaron al hospital Royo Villanova porque se constipó. Pasamos muy mal día al no poder ir a visitarla a la UCI, pero por suerte ya está otra vez en la residencia", cuenta Miguel Ángel Moreno, que vive junto a su mujer, Pilar Maisanava, y sus dos hijas en el citado barrio de Santa Isabel.

Pilar Maisanava, su hija pequeña Marta, y su marido Miguel Ángel Moreno
Pilar Maisanava, su hija pequeña Marta, y su marido Miguel Ángel Moreno
José Miguel Marco

La mayor de las hijas, Paula (18 años), empezó hace poco a trabajar en una tienda de alimentación. Solo lo hace los fines de semana, pero Miguel Ángel y Pilar, a pesar de que use las medidas de prevención pertinentes, sufren por un posible contagio. «Aunque se protege bien, con la mascarilla y demás, el peligro está ahí. No estamos del todo tranquilos», indica el matrimonio Moreno-Maisanava, implicado en que la pequeña de sus retoñas, Marta (8 años), se distraiga el mayor tiempo posible con juegos y otro tipo de actividades. "La libertad se nos acabó el 14 de marzo. Estábamos en una casita que tenemos en San Mateo de Gállego y nos tuvimos que volver por el anuncio del estado de alarma", concluyen.

Deporte en la terraza

Frente a esa imposibilidad de salir a la calle a disfrutar de un rato de ocio o practicar deporte, de tener vida más allá de las cuatro paredes de casa, las ideas que surgen son múltiples y variopintas. Las redes sociales son un hervidero de imágenes de cocheras, trasteros o salones convertidos en gimnasios improvisados. Y también las terrazas son utilizadas para quemar algunas calorías, con la bicicleta estática como aparato predilecto.

Raquel Costas se ha mudado temporalmente a casa de su hermana Marta -en la calle Mamblas, también en Santa Isabel- para pasar el periodo de confinamiento y no ha dudado en llevarse la montura consigo.

"Mis compañeros de ‘spinning’ me pasan clases para que pueda hacer ejercicios. Estoy alrededor de una hora subida en la bici y así los días se hacen más llevaderos. El deporte es fundamental", explica esta zaragozana de 41 años que tiene la custodia de su hija compartida con su exmarido. "El Gobierno de España no ha aclarado bien cómo se debe actuar en esas situaciones mientras dure el estado de alarma, y, como no me parece justo que su padre no pueda verla, ha pasado el fin de semana con él", concluye Raquel.

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