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El equipo del 061 que hace los tests del virus denuncia que debe reutilizar ahora toda la semana las mascarillas

Advierte del riesgo de contagio y resalta que desde esta semana solo hace las pruebas al personal esencial.

Una hilera de sillas evita que los usuarios se acerquen al mostrador en un centro de salud.
Una hilera de sillas evita que los usuarios se acerquen al mostrador en un centro de salud.
HA

El equipo del O61 que se encarga de ir a los domicilios a hacer las pruebas del coronavirus denuncia que el "racionamiento del material de protección" les obliga a reciclar toda la semana las mascarillas que hasta ahora se desechaban con el resto del equipo de protección tras cada intervención. El cambio de protocolo también les lleva a reutilizar a lo largo de la jornada la pantalla facial, lo que conlleva tener que desinfectarla al salir de cada servicio, unos 70 cada día por todo Aragón. Además, se les ha retirado las calzas y los gorros desechables. "La excusa no puede ser que en los hospitales están peor, porque formamos la primera línea de lucha contra la pandemia", apuntan.

Los sanitarios advierten no solo del riesgo de contagio al que se les somete a ellos, sino a sus familias y a los propios afectados. En este sentido, subrayan que solo atienden desde este martes al personal esencial en cuarentena por tener síntomas de la enfermedad: compañeros, policías, bomberos e integrantes de la Unidad Militar de Emergencia (UME). "Los compañeros están cabreados, la situación general rabia porque no podemos trabajar en estas condiciones", añaden.

El O61 moviliza cada día a seis parejas, formadas por un conductor y un sanitario, que en turnos de doce horas atienden los avisos acumulados en toda la Comunidad para realizar los test. "No damos abasto, la lista de espera supera los 140 pacientes", han detallado este miércoles.

El protocolo establece ahora que deben reutilizar las mascarillas, para lo que deben guardarlas cada día "en un sobre de papel con el nombre del trabajador" en las taquillas después de cada jornada. "Las que tenemos son FFP2 y las desechábamos junto a los dos pares de guantes, la bata quirúrgica, las calzas y el gorro que utilizábamos en cada domicilio para efectuar el frotis de faringe a los paciente"», apuntan antes de resaltar que su trabajo es vocacional y lamentar la frustración que supone trabajar en estas circunstancias.

Expuestos a gran "carga viral"

Enfermeras del servicio de Urgencias del hospital Miguel Servet de Zaragoza también critican la falta de equipos de protección y alertan de que los protocolos "van cambiando cada día". Este colectivo, según indican, es el más afectado y el que tiene "más riesgo al estar expuesto a mayor carga viral".

La falta de medios ha hecho que enfermeras y auxiliares de urgencias hayan comprado 46 pantallas de protección (cada una ha costado 12,60 euros), que además se tienen que turnar. Por ello, subrayan la "tensión" a la que están sometidos y la "incertidumbre" con la que se enfrentan a esta crisis sanitaria.

Los profesionales del centro de salud de Monzón también tienen carencias de mascarillas de mayor protección, las FFP2 y FFP3. Para paliar la escasez utilizan las de tipo quirúrgico y hacen acopio de otras de tela que envían de pueblos del Cinca Medio. La diferencia es que estas últimas previenen la transmisión pero no el contagio. En este centro algunos sanitarios están en cuarentena en sus domicilios y los profesionales están atendiendo vía telefónica casi la totalidad de los casos. En el de Sariñena el material de protección es "escaso" y debe atender una mayor carga asistencial al cerrarse los pequeños consultorios. Para paliar la situación, la Facultad de Ciencias de la Salud de Huesca ha donado todo su material de protección, más de 25.000 piezas, al Salud.

Por su parte, médicos del hospital Obispo Polanco de Teruel alertan de que la escasez de material obliga en Urgencias a reutilizar batas y mascarillas. Facultativos y enfermeros colocan sobre su bata azul –impermeable y de doble capa– otra verde de inferior calidad que van renovando.

Triaje en la entrada y dos metros de distancia en centros de salud

Los centros de salud que carecen de mámparas en los mostradores de admisión e información recurrieron al inicio de esta crisis sanitaria a instalar sus propias barreras de protección y son muchos los que siguen teniendo sillas o cajas para que los usuarios se queden a dos metros de distancia, con el fin de extremar la precaución ante la propagación del virus.

Si un paciente acude a un centro, por lo general, se hace un triaje en la entrada para decidir si pasa a consulta o se atiende telefónicamente, una opción que se prioriza desde el Salud.

Y, para mantener la distancia de seguridad, se coloca una hilera de sillas, con carteles que recuerdan la necesidad de guardar de forma correcta la fila. Los profesionales sanitarios reclaman la instalación de mámparas, tanto por seguridad del personal como por higiene. 

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