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"A quien se anime a cruzar Siberia en bici en invierno, le digo que se lo piense dos veces"

José Andrés Abián, 'el zaragozano de las nieves', acaba de regresar de Rusia, tras atravesar Siberia en bicicleta soportando temperaturas de hasta 55 grados bajo cero. 

José Andrés Abián, en el paseo de la Independencia la semana pasada, antes de que empezara el confinamiento en los hogares por el coronavirus.
José Andrés Abián, en el paseo de la Independencia la semana pasada, antes de que empezara el confinamiento en los hogares por el coronavirus.
Guillermo Mestre

José Andrés Abián es el “español de las nieves”. Así le conocen en Rusia, donde los reportajes de las televisiones le han hecho famoso. Conserje en un colegio de Cadrete, acaba de atravesar Siberia en bicicleta, soportando temperaturas de hasta -55 grados. Una locura que le ha llevado a vivir aventuras increíbles, momentos inolvidables y algún que otro susto. Ahora, ya en Zaragoza, se ha encontrado con que la crisis del coronavirus no le permite reencontrarse con los alumnos de su cole.

¿Cómo se encuentra?

Bien, aunque cansado después de tanto ajetreo de viajes y aviones. Estoy con ganas de volver al colegio de Cadrete y estar con todos los críos.

¿Se va recuperando?

Sí, mi metabolismo ha funcionado como esperaba. Tuve algún amago de congelaciones y me queda alguna mancha residual en la cara, pero sin grandes complicaciones.

¿Cómo fue su viaje?

La idea era hacer 4.600 kilómetros desde Magadán hasta el lago Baikal. He hecho la ruta de los huesos entera, en la zona más dura y fría de Rusia. El problema fue que me retrasé porque hice algo de turismo, visité colegios... No me quedó otra que coger el Transiveriano y hacer 1.000 kilómetros en tren para adelantar, porque el visado se me acababa el 18 de marzo.

José Andrés Abián, en la localidad de Megino-Aldan, en la república de Sajá (Rusia).
José Andrés Abián, en la localidad de Megino-Aldan, en la república de Sajá (Rusia).
Heraldo

¿Qué sufre más: el cuerpo o la cabeza?

Físicamente tienes que estar preparado, pero sobre todo mentalmente.

¿Qué es lo más duro?

Estás muy expuesto al frío, es muy extremo. A quien se anime a hacerlo, le recomiendo que se lo piense dos veces. He visto expediciones en todoterrenos, con presupuestos de 400.000 euros, que me vieron y se quedaron flipados, porque hacerlo en bicicleta…

El año pasado se tuvo que volver al poco de partir. ¿Aprendió de aquello?

Sufrí congelaciones en tres dedos al quitarme la manopla un momento. Ahora sabía que cualquier error me mandaba a España, así que tenía todo muy medido, sabía qué tenía que hacer para orinar, para hacer fotos, para ponerme los patucos dentro de la tienda… Llevaba tres pares de guantes, según el trabajo que iba a hacer.

¿Qué es lo más complicado?

Montar la tienda de campaña, que no te entre nieve y los pinchazos de la bici. No se pueden arreglar a esas temperaturas, porque si te quitas los guantes, la mano se congela. Tenía que esperar a un vehículo, que me llevara a un sitio caliente y repararlo allí.

¿Cuántos días estuvo sin ver a nadie?

Llegué a estar tres días. Pero allí te puedes encontrar cualquier cosa, un hombre en una cabaña, un vehículo que pasa y te ofrece algo…

José Andrés Abián, durante su aventura por Siberia.

¿Cómo se lleva la soledad?

Estoy preparado para la soledad, es parte de mi vida. Vivo solo y llevo 20 años viajando solo. A veces es buena y a veces no.

¿Y cómo son las noches?

Son duras, porque en la tundra en una tienda de campaña estás muy expuesto al frío. Hubo una noche de luna llena que no hacía más que ir de arriba para abajo por la carretera, viendo la luna y calentando para entrar en la tienda y memorizando los movimientos que iba a tener que hacer.

¿Qué cuenta de la gente que se encontraba?

Eran maravillosos, me daban lo que no tenían. Me han dado carne de caballo, corazón de caballo, pescado crudo, me han regalado termos, dinero, collares… Los colegios me daban de todo para traer a Cadrete, pero no lo podía llevar en la bici. Hubiera llenado dos tráilers.

¿Qué le decían de su aventura?

Me decían que era famoso en Rusia, porque he salido mucho en la tele.

¿Y qué le dice su familia?

Que estoy loco. Este viaje me ha marcado. Me llaman el español de las nieves, pero soy una persona normal. A partir de ahora me verás con la bici por Zaragoza y para ir a Cadrete a trabajar.

¿Qué va a hacer ahora?

Me compraré un tanga rojo y me iré a Salou (ríe). Es broma. Me iré al Pirineo con los perros, y el tanga rojo para otro.

¿Piensa ya en su próxima aventura o se dará un tiempo?

Sí, esto (se señala la cabeza) es una lavadora y empieza a centrifugar… Pero me lo guardo para mí. La próxima será subir todos los días a Cadrete a estar con los niños, que es una aventura superbonita y superarriesgada.

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