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coronavirus por el mundo 

Dos aragoneses confinados en mitad del océano: "Tratamos de disimular, pero el miedo va por dentro"

María Pilar y Ángel López forman parte de las 3.000 personas que viajan en uno de los pocos cruceros del mundo en activo. El barco, que está limpio, emprendió el sábado desde Tasmania una singladura hacia Europa de semanas con solo escalas técnicas.

María Pilar Aguelo, en uno de sus últimos desembarques.
María Pilar Aguelo, en uno de sus últimos desembarques.
Heraldo.es

A lo zaragozanos María Pilar Aguelo y Ángel López, la crisis del coronavirus les ha pillado en Tasmania, durante una vuelta al mundo en un crucero de MSC, el Magnífica, que se ha interrumpido cuando acumulaban casi dos meses de periplo y les quedaban otros dos. 

El barco, con 3.000 personas a bordo entre pasajeros y tripulación, uno de los escasísimos cruceros que quedan activos en el mundo, regresa desde el sábado a Europa por decisión de su capitán, en lo que será una travesía que arranca en el Océano Índico, de alrededor de mes y medio, según los cálculos, y que solo hará escalas para repostar y recibir suministros y medicinas.

El objetivo prioritario del capitán, el italiano Roberto Leotta, es mantener a toda costa la situación actual: el barco limpio del virus.

La duración de la navegación de vuelta dependerá, además, de la situación en Europa. El capitán quiere hacer tiempo a la espera de que remita lo peor. También está al pairo de lo que se encuentre en cada puerto, con pasos complicados, como el Canal de Suez.

Se da la paradójica circunstancia de que, ahora mismo, la nave es mucho más segura para sus ocupantes, muchos españoles e italianos, que estar en casa. No obstante, el barco puede abandonarse cuando se quiera. De hecho, en Sidney han bajado numerosos alemanes con la idea de volver a casa en avión. Eso sí: el que baja no vuelve a subir. Tan es así, que se da la circunstancia, de que unos tripulantes bajaron en Nueva Zelanda para reenganchar con el Magnífica en Sidney y no podrán hacerlo. Se han quedado en tierra.

La situación escenifica muchos aspectos de la pandemia. La más obvia, su globalidad. Pero también otros desconcertantes y paradójicos, de complicada gestión emocional, sobre todo por lo insólito del caso.

Así, María Pilar, en mensajes de voz en whatsapp, cuenta cómo se debate entre la consciencia de saberse privilegiada, 'encerrada' en un barco de lujo, y a la par víctima del desasosiego y la incertidumbre, mayores en las antípodas (literalmente) de la casa de uno y de la famila.

"Ojalá estuviéramos ahí", dice. Y eso que, relata, "los españoles hemos decidido bailar, jugar al dominó... Montárnoslo como podamos, con mucha juerga". Unos buenos propósitos que no ocultan, también, cierto temor: "Nos damos los buenos días todos, nos sonreímos, nos miramos con cariño con tal de disimular, pero estamos cagaditos, el miedo va por dentro. Si te pones malo, quieres estar en tu casa, no en el otro lado del mundo".

María Pilar, con uno de los artistas que entretienen a los pasajeros del Magnífica.
María Pilar, con uno de los artistas que entretienen a los pasajeros del Magnífica.
Heraldo.es

Entre los principales miedos de estos zaragozanos está "que la gente empiece a ponerse nerviosa". María Pilar y su marido son expertos cruceristas, con muchas travesías, incluida otra vuelta al mundo a sus espaldas, pero hay gente para la que es su primera vez "y se pueden asfixiar". En todo caso, subraya que el personal del barco se está volcando para entretener al pasaje. María Pilar no pone "ninguna pega, se portan bien", insiste.

No obstante, es realista. En el 'hospital' del barco "debe haber como ocho camas; aquí hay gente mayor, como nos contagiemos nos tendremos que tirar al mar", dice tirando de humor negro.

Desde proa, este mismo lunes esta zaragozana asiste a la espectacular llegada al puerto de Sidney: "Tan cerca y tan lejos", reflexiona.

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