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Aragón

leguminosas

La soja avanza en Aragón

Productores, cooperativas e investigadores trabajan desde hace años en Aragón para impulsar el cultivo de la soja.

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Recolección de la producción de soja en unos cultivos de pruebas realizados por la Red Arax en la Comunidad aragonesa.
Red Arax

Europa es un gran consumidor de soja. Primero, y sobre todo, porque esta proteína vegetal es un ingrediente esencial para la dieta de la ganadería. Segundo, y creciendo, porque cada vez es mayor la demanda para consumo humano. Sin embargo, apenas la produce. Importa 33 millones de toneladas y el 98% de esta leguminosa llega desde Brasil, Argentina y Estados Unidos. Una dependencia que quiere ir acortando no solo para dar una alternativa de futuro a los productores locales, sino también para desligarse de un cultivo intensivo, allá de donde se importa, que lleva asociado el apellido de transgénico y que, en algunos países, se le culpa de la desforestación que sufre, por ejemplo, la Amazonía.

Aragón está dando los primeros pasos en esta dirección. Es cierto que el cultivo es todavía testimonial -apenas existen 1.000 hectáreas dedicadas a su plantación- y las experiencias privadas que existen no son todavía muy numerosas. Pero el camino recorrido es mucho más largo en investigación, campo en el que la Comunidad trabaja desde hace más de una década para conseguir que su adaptación a las condiciones del suelo y el clima de la región permita hacer rentable su producción.

Los resultados conseguidos y los logros alcanzados con este análisis, que se hicieron públicos en una jornada organizada por la Red Arax (Red Aragonesa de Cultivos Extensivos y Leguminosas) en el marco de la celebración de la 41 edición de la Feria Internacional Agrícola que cerró sus puertas ayer en Zaragoza, arrojan cifras «esperanzadoras» que le permiten situarse como uno de los cultivos con un futuro más prometedor.

Pero no son solo las ventajas económicas las que hacen atractiva la producción de esta leguminosa. Las cualidades del cultivo son más que convenientes ahora que se exige una agricultura cada vez más sostenible. De hecho, las leguminosas tienen una gran capacidad de fijar el nitrógeno atmosférico en los suelos, lo que mejora su fertilidad y, por tanto, aumenta la productividad de las tierras de cultivo.

Fue en 2009 cuando el Centro de Transferencia Agroalimentaria (CTA) del Gobierno de Aragón comenzó a trabajar de manera más organizada en el cultivo de soja para consumo humano. Lo hizo de la mano de las empresas y del propio sector productor y transformador y desde entonces se ha ahondado en el conocimiento más preciso de su cultivo y de los factores que lo definen y con ello se ha logrado, aseguran sus impulsores, "que este cultivo sea uno de los más interesantes y posiblemente uno de los que más recorrido tienen en un futuro cercano en la Comunidad autónoma".

Para recorrer este camino se creó un grupo de trabajo al que se denominó ‘Soja del Valle del Ebro’ y en el que se integraron cooperativas, técnicos y productores que habían manifestado su interés por su cultivo y su mercado en Aragón. Y para explotar las posibilidades de su producción, especialmente como segundo cultivo y siempre detrás de un cereal, las tierras de las cooperativas de San Licer de Zuera, Virgen de la Oliva de Ejea de los Caballeros, Los Monegros de Sariñena o SCLAB de Barbastro sirvieron de campo de pruebas para estudiar la adaptación de material vegetal a las condiciones de cultivo de los regadíos (con aspersión o riego a pie) de Monegros, Bardenas, Gállego y Cinca.

Ahí están ahora las cifras. Se ha identificado el material vegetal y los ciclos que permiten tanto el cultivo en primera siembra como en doble cosecha, es decir, cuando el grano llega a la tierra a primeros de julio, tras haberse recogido el cereal, y se recolecta en noviembre.

Las cualidades del cultivo son más que convenientes ahora que se exige una agricultura cada vez más sostenible

Cuando se ha optado por convertirlo en cultivo primero y principal, los rendimientos conseguidos pueden incluso superar los 5.000 kilos por hectárea. En el caso de la doble cosecha, la producción obtenida se sitúa entre los 2.500 y los 3.700 kilos por hectárea.

Son las cifras que recoge el último estudio realizado por la Red Arax, un documento cuya presentación oficial se realizó prácticamente al mismo tiempo que la Feria Internacional de Maquinaria Agraria abría sus puertas en Zaragoza y que logró reunir en el salón de actos del recinto ferial de la capital aragonesa a más de 300 asistentes. "Queda demostrado que las producciones y las calidades obtenidas se enmarcan como muy aceptables para ser competitivas y especialmente en cultivo de segunda cosecha, con unos rendimientos que pueden augurar una oportunidad económica y de gestión de nuestros suelos importante", explican desde el CTA.

Los datos son atractivos, pero los responsables del documento reconocen que también existen dificultades. Las mayores se dan, explican, por la falta de herramientas que controlen aspectos como el desherbaje adecuado, una tarea fundamental para el control y desarrollo del cultivo. Pero también resulta complicada la multiplicación de variedades en el territorio aragonés que aseguren el material adecuado en tiempo y forma.

"Una alternativa real"

Pese a estos inconvenientes, los impulsores de ‘Soja del Valle del Ebro’ consideran que los estudios realizados y los resultados conseguidos dan respuesta a una de las inquietudes principales de las explotaciones de regadío. Y esta no es otra que la búsqueda de alternativas reales y económicamente sostenibles con las que complementar, que no sustituir, al cultivo de maíz, "inmerso en una encrucijada de precios y producciones que están complicando su supervivencia a medio plazo", señalan.

Porque el estudio, insisten, pone en evidencia que la soja es una oportunidad que encaja perfectamente en los planteamientos de las explotaciones aragonesas y abre unas posibilidades de mercado a día de hoy todavía muy poco exploradas, pero no por ello imposibles.

Uno de los mercados más atractivos para las producciones de soja es el consumo humano. De hecho, en Aragón ya se cultiva esta leguminosa y con este destino. Lo hace Calidad Pascual, referente en el sector de la alimentación en España, que desde 2004 decidió apostar por el aprovisionamiento de soja local (española) para abastecer las necesidades de su fábrica y reducir así su dependencia con el exterior, fundamentalmente de Francia, país del que importaban hasta ahora la mayor parte de esta leguminosa. "En estos momentos estamos trabajando con 1.200 hectáreas en toda España", explica Pablo Redondo jefe de compras agrícolas de Calidad Pascual, que participó en la jornada realizada en la FIMA. De ellas 220 se encuentran en la Comunidad aragonesa, de la que obtiene entre el 20% y el 25% de sus necesidades de soja. Una plaza de la que la empresa de alimentación se muestra especialmente satisfecha. "Aragón es una zona en la que tenemos la oportunidad de disponer de suelo fértil y grandes extensiones de regadío, lo que nos permite la posibilidad de realizar dos cultivos", detalla Redondo. Además, asegura el responsable de compras agrícolas de Calidad Pascual, contamos también con el apoyo investigador que realiza el CTA, un centro "que está abriendo muchas posibilidades de innovación con nuevas variedades", matiza.

De todas estas tierras consiguen rendimientos de entre 3.000 y 4.000 kilos por hectárea cuando se trata de un primer cultivo y unos 3.000 kilos por hectárea en la producción de segunda cosecha. "Además las calidades son excepcionales y el nivel de proteína es muy satisfactorio", destaca Redondo.

"La producción para la alimentación animal tiene mucho recorrido"

Pero con esta superficie y la producción con ella obtenida han conseguido ya -lo hicieron el pasado año- ser totalmente autosuficientes con soja nacional y disponer de la producción necesaria para cubrir las necesidades de su planta de su producción, que consume unos cuatro millones de kilos anuales.

Esto significa que no tiene previsto contar con nuevos proveedores. "Las necesidades de nuestra planta son las que son", detalla el responsable de Calidad Pascual, quien, sin embargo, anima a los agricultores a producir soja, como lo hizo también ante el auditorio de Feria de Zaragoza, porque aunque las posibilidades de destinar el fruto del cultivo al consumo humano pueden parecer escasas, lo cierto es que, "la producción para la alimentación animal tiene mucho recorrido".

Redondo está convencido de que si esta leguminosa fue perdiendo terreno en España, no fue por la escasa aceptación que tiene entre los agricultores, sino por un problema de capacidad de competir con producciones que llegaban de otros países a precios mucho más bajos. "En los años 70 y 80 había en España cerca de 30.000 hectáreas dedicadas a la soja, pero se creó un cuello de botella con las importaciones que llegaban por barco desde otros países. Cuando somos un mercado global lo somos para todo", matiza.

Como Redondo, los impulsores de Red Arax y del grupo operativo ‘Soja del Valle del Ebro’ están convencidos de que si bien es cierto que la producción de soja para consumo humano tiene un mercado limitado en España, hay otras alternativas comerciales por explorar que pueden asentar y hacer crecer la demanda de este tipo de cultivo. Reconocen por ello, que esta leguminosa no solo se presenta como una leguminosa rentable, además "genera valor y fija población en el medio rural, reduce la huella de carbono y el impacto ambiental y puede terminar con la dependencia de las importaciones".

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