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Aragón

Crisis del campo

Nuevas movilizaciones con viejas reivindicaciones

Las peticiones con las que ahora han salido a las calles los agricultores y ganaderos ya se escuchaban hace más de dos décadas.

Tras el veto ruso. Los fruticultores protagonizaron en agosto de 2014 intensas movilizaciones para denunciar la «ruina» del sector tras el boicot a las importaciones.
Tras el veto ruso. Los fruticultores protagonizaron en agosto de 2014 intensas movilizaciones para denunciar la «ruina» del sector tras el boicot a las importaciones.
Patricia Puértolas

Repiten los agricultores que han sacado los tractores a la calle porque están «hartos». Y no se les puede culpar de tener poca paciencia. Llevan años, décadas, protestando por unos precios bajos en origen, unos costes de producción disparados, unas ayudas insuficientes, unas prácticas comerciales abusivas y, en definitiva, por la lenta agonía de la rentabilidad de sus explotaciones.

Lo dicen las hemerotecas y lo recuerdan también aquellos que hace más de 20 años lideraban las protestas o las tenían enfrente. Ahora el sector agrario vuelve a estar en pie de guerra. Son nuevas las movilizaciones, pero las reivindicaciones son las mismas que defendían -y lo siguen haciendo ahora como agricultores que son- Javier Sánchez (secretario general de UAGA entre 1999 y 2009) o Rafael Escanero (presidente de Araga entre 1993 y 2009).

Reivindicaciones que llevaba a los despachos de los responsables políticos Fernando Marcén (presidente de las cooperativas aragonesas entre 2004 y 2014), que lideró Cooperativas Agroalimentarias de España durante seis años (2008-2014).

Y unas reivindicaciones que en muchas ocasiones escuchó Gonzalo Arguilé durante los 12 años que ocupó la consejería de Agricultura, Ganadería y Alimentación del Gobierno de Aragón. Un cargo que asumió desde 1999 hasta el año 2001.

Así, con su experiencia y esos ecos del pasado, analizan ahora el presente de lo que ya se conoce como la crisis del campo.

"Hace unos minutos, antes de comenzar esta conversación, he abierto una pancarta que utilizamos hace veinte. En ella se lee: “Por unos precios justos”. ¿Te suena?" Quien habla es Fernando Marcén, agricultor de Zuera (Zaragoza), activo defensor y practicante del cooperativismo que lideró en plena crisis económica la organización nacional que agrupa a estas entidades y al que no le sorprende que el sector vuelva a tomar las calles para "volver a reivindicar lo mismo". Quizá lo que le causa más sorpresa es que en estas movilizaciones "en las que no se ha hecho más que en otras protestas anteriores", hayan tenido tan "potente" repercusión mediática. Y aunque le alegra que la movilización ocupe primeras planas en los periódicos, abra informativos televisivos y radiofónicos y se haya hecho hueco en todo tipo de tertulias, confiesa que no siempre le gusta "como se está tratando el problema".

Pero lo que le da "pena" y le "cabrea", asegura, es que los agricultores hayan tenido que volver a las calles para reclamar eso que ya se pedía mucho antes de cambiar de siglo. "O no lo hemos sabido hacer bien o tenemos una clase política que no se lo ha tomado en serio", señala, para reclamar "un gran debate" que concluya en una política de Estado para el campo.

Hay que reclamar un gran debate que concluya en una política de Estado para el campo

Que las reivindicaciones actuales sean un calco de aquellas que se exigían hace décadas no significa, insiste, que en todos estos años no se haya conseguido nada. "Hubo momentos en los que se dieron pasos y hubo logros", señala. Pero llegó la crisis y con ella la gran distribución entró en una guerra de precios -que se jugó en terreno agrario- para ver quién perdía menos clientes, explica. "Y cuando el objetivo es que la gente cruce la puerta del establecimiento lo que se hace es ofrecer un precio superbajo en la carne de cerdo, en la chuleta de ternera, en el aceite de oliva, en la leche...", critica Marcén. Porque así, continúa, atraídos por esas ofertas los consumidores adquieren otros productos con los que el súper consigue márgenes mucho mayores. Y así, de aquellos barros vienen estos lodos: unas ventas a pérdidas con las que tiene que cargar el primer y más débil eslabón de la cadena, denuncia.

El que fuera responsable del cooperativismo español lo tiene claro. "Hay que ponerse las pilas todos", dice. Y enumera: "Los productores tenemos que intentar organizarnos en la medida de lo posible para ser más fuertes en la negociación". Una labor que está todavía pendiente, reconoce. "El Gobierno tiene que volcarse a nivel legislativo rozando los límites de lo permitido por Europa", prosigue. Es hacer lo mismo que los países vecinos, ni más ni menos, insiste Marcén, que advierte que si los agricultores no ganan dinero para las inversiones y el esfuerzo que requiere el campo en pocos años no van a quedar profesionales que garanticen la alimentación en Europa. "Y esto es muy grave, tendría que ser una cuestión de Estado porque estamos hablando de un sector que garantiza la seguridad y la estabilidad social de un país: la alimentación".

Además, añade, en las soluciones a esta crisis también hay que implicar al consumidor, aunque reconoce que habría que comenzar por las escuelas, porque "en materia educativa se hace bien poco por este sector".

Marcén también responde al ministro de Agricultura que, para dar soluciones a esta crisis ha repartido responsabilidades a todos los agentes del sector, dejando una de las patatas calientes en el tejado de las cooperativas, a las que les pide mayor dimensión. Le recuerda que ya existe una Ley de Fomento de la Integración de Cooperativas, aprobada en 2013 y de la que el aragonés se siente especialmente orgulloso y satisfecho porque tuvo mucho que ver en su factura. "Dará sus frutos poco a poco", asegura. Pero lamenta que esta norma requería que cada comunidad autónoma abordase su propia ley de integración, una situación que todavía no se ha producido en Aragón, una de las pocas comunidades (apenas tres) que no disponen de este tipo de normativas.

Tampoco cree imprescindible que haya que reformar la ley de la cadena alimentaria, que apenas tiene siete años. Eso sí, Marcén reconoce que lo que hay que hacer es aplicarla con más intensidad, en toda su extensión. "La ley no es mala -las grandes superficies no la querían-, lo malo son los reglamentos que la desarrollan", explica, para señalar que faltan inspecciones y sanciones, que hay que incrementar la cuantía de las multas y, sobre todo, investigar más profundamente cómo se forman esos precios de ruina.

Desesperación generalizada

Detrás de esa pancarta (o similar) a la que Marcén hace referencia al comienzo de la conversación iría a buen seguro y en cabeza de manifestación Javier Sánchez, agricultor de Tauste (Zaragoza) que entre 1999 y 2010 llevó las riendas de UAGA. Sánchez enumera los problemas actuales que están echando a los profesionales del sector y reconoce que parece estar rememorando aquel escenario que le llevó a él y a su organización agraria a levantar la voz en las calles (y hasta tirar el maíz o la fruta) para denunciar los mismos precios de ruina.

Pero aunque las situaciones se parecen, "ante los mismos problemas no puede haber las mismas soluciones", señala. Porque ahora hay un pequeño pero muy importante matiz: "la desesperación es generalizada, la precarización se ha agudizado en la práctica totalidad de los sectores agrícolas y ganaderos y se extiende y es común por todos los territorios", dice.

Las movilizaciones que se convocaron años atrás sí consiguieron avanzar en las demanda del sector. Sánchez recuerda la devolución del impuesto del gasóleo o los logros en materia de Seguridad Social, pero reconoce que "las políticas llevadas a cabo todos estos años han echado todo por tierra".

Se muestra orgulloso de lo que se hizo en el pasado, pero mucho más de lo que se está librando en el presente, "donde cada vez más jóvenes están liderando las movilizaciones", señala Sánchez, que considera que "sin esperanza no vamos a estar, quedándonos sentados no vamos a estar". Por eso augura que las protestas en la calle van para largo. Y aunque muestra sus dudas: "Si no se pusieron soluciones hace años lo van a hacer ahora? La respuesta está en el aire", advierte que "esta vez, (los gobiernos, las grandes superficies....) no se pueden ir de rositas".

Fusión de organizaciones

Casi coincidiendo con los años en los que Sánchez peleaba por los afiliados de UAGA, lo hacía Rafael Escanero por Araga. Este agricultor y ganadero de Leciñena (Zaragoza), que presidió esta organización agraria de ámbito exclusivo en Aragón entre 1999 y 2009, asegura que no le sorprende la intensidad de las movilizaciones que desde finales del mes de enero han llevado los tractores del campo al asfalto. Es más, dice, "espero que las organizaciones convocantes sigan coordinadas y unidas porque el campo está peor que nunca".

A Escanero las consignas actuales le suenan conocidas, pero justifica su actualidad. "Nos pagan como hace 50 años, no se puede sobrevivir ni en secano ni en regadío porque se nos comen los costes de producción", detalla. Pero añade un matiz que explica el hartazgo generalizado que muestra ahora el sector. "Con esos precios antes se vivía mejor porque el coste de los insumos era más bajo, había más agricultores e incluso más mano de obra", señala Escanero, que lamenta que "la Administración no se entera de nada".

Y en este escenario, el que fuera presidente de Araga asegura si estuviera ahora al frente de la organización intentaría propiciar "una fusión entre las organizaciones agrarias para lograr mayor fuerza y representatividad". Defendería "a capa y espada" la continuidad de las Cámaras Agrarias como órganos de representación del sector y, sobre todo, volvería a insistir en el mensaje que no dejó de repetir mientras ocupó la máxima responsabilidad de la organización agraria: "Las explotaciones y las cooperativas tienen que ser empresas con capacidad para llegar directamente al consumidor".

Discurso estancado

Estas reivindicaciones las conoce bien Gonzalo Arguilé. Las escuchó en repetidas ocasiones durante los doce años que ocupó la consejería de Agricultura de los gobiernos socialistas de Aragón entre 1999 y 2011. Por eso cuando vuelve a ver a los profesionales del sector en la calle la sensación que tiene es que "el discurso de las organizaciones agrarias está estancado en aquellos años y ahora la condiciones del mercado no son las mismas", explica. Porque, según asegura, a nivel global ya no es la Bolsa de Chicago la que decide las cotizaciones de las materias primas, "son los fondos de inversión que se guían por los precios del petróleo y las bolsas".

Pese a todo, entiende "perfectamente" el desánimo de los agricultores y coincide con que el origen de esta crisis del campo está en los precios, "que no se han movido desde hace más de 50 años, mientras las ayudas que soportaban esta pérdida de renta se han ido reduciendo cada vez más".

Así que si las reivindicaciones vienen de lejos, allí hay que buscar también los remedios para un problema que se hizo visible incluso a mediados de los años 70, cuando la llamada ‘guerra del maíz’ ya tenía por bandera la reivindicación de unos precios justos. Con su larga trayectoria como representante político, Arguilé apunta hacia Bruselas para insistir "aunque algunos piensen que es una locura" en la necesidad de aumentar los fondos de la PAC "que se ha burocratizado de tal manera que ya no es una ayuda decisiva". Mira también hacia el Ministerio, a cuyo titular recomienda poner coto a las marcas blancas "porque suponen una perjudicial presión para la industria alimentaria" y reconoce que también hay margen de maniobra en el Gobierno aragonés, a quien aconseja "ser dinamizador de las racionalización de las estructuras económicas del sector".

CONCENTRACION TRACTORES EN GALLUR / 27-10-05 / FOTO: ESTHER CASAS [[[HA ARCHIVO]]]
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Crisis del campo

Mayo de 2004. Fernando Marcén era nombrado presidente de Cooperativas Agroalimentarias de Aragón y ya entonces insistía en la necesidad de considerar al sector agrario tan imprescindible como la sanidad. Y antes las dificultades que atravesaba la actividad se preguntaba: ¿Cómo no va a haber agricultores que garanticen que la población está alimentada y a un precio asequible?

Diciembre de 2014. El entonces presidente de Araga, Rafael Escanero, denunciaba y justificaba con un informe realizado en colaboración con la Asociación de Consumidores Torre Ramona, "las desorbitadas" diferencias entre los precios en origen y destino.

Noviembre de 2009. El sector agrario aragonés salía a las calles y secundaba un "histórico" paro general para gritar al Gobierno central y al autonómico que el campo se estaba arruinando y necesitaba soluciones para hacer frente a la «grave» crisis que padecía el sector.

Febrero de 2011. Los olivareros denunciaban que gastaban 2,49 euros para producir un kilo de aceite por el que cobraban 1,85 euros. Una situación de la que responsabilizaban a la gran distribución, a la que acusaban de abaratar el producto para utilizarlo como reclamo.

Agosto de 2017. Tras varias campañas arrastrando el impacto del veto ruso, fueron los fruticultores los que salieron a las carreteras para denunciar los bajos precios. Advertían que había más de 50.000 toneladas de fruta almacenada y sin sitio en el mercado.

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