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Aragón

Zaragoza

A 200 kilómetros del mar... las gaviotas también encuentran su hogar

Los depósitos de Casablanca, la Expo o el azud de Vadorrey son algunos de los puntos donde se puede avistar esta ave.

Imagen captada en un vial de Valdespartera.
Imagen captada en un vial de Valdespartera.
Pablo Barba

La Unidad Verde del Ayuntamiento de Zaragoza difundía este miércoles una fotografía quizá no insólita, aunque sí poco habitual. En ella se ven dos gaviotas patiamarillas, una de las distintas especies de este animal que tan pronto asociamos a las poblaciones costeras, en un balcón de la capital aragonesa. Se las ve reposando al sol, con una envidiable calma… frente al Paraninfo de la Universidad. ¡En plena Gran Vía!

La presencia del ave en Aragón no es nueva, pero su acomodo va ganando terreno cada invierno e incluso algunos ejemplares han comenzado a criar. Ya no están de paso. La cosa viene de unas pocas décadas atrás, cuando las gaviotas pioneras se aventuraron a remontar el Ebro. “Hace 30 o 40 años no se veían mas que unas pocas, pero se veían. Ahora es habitual verlas en invierno, sobre todo, en torno a varios embalses de la Comunidad. La acción humana les ha facilitado una especie de hábitat, una suerte de mares pequeños y tranquilos en los que encuentran alimento gracias a la suelta de especies exóticas invasoras de peces de gran tamaño como carpas, siluros o truchas arco iris”, apunta Luis Tirado, portavoz de la asociación de ornitología SEO/Birdlife en Aragón.

Los vertederos cercanos a Zaragoza, Barbastro, Ejea de los Caballeros, Tudela o Lérida son otros polos de atracción para estas aves, que ven en ellos una suerte de bufé libre de baja calidad. El biólogo recuerda que “la materia orgánica disponible se mezcla con cartones, plásticos... Comer ese tipo de elementos puede llevarles a sufrir intoxicaciones, y quizá eso explique que se les haya podido fotografiar en Gran Vía, pues todas las mañanas cruzan la ciudad de lado a lado y estos dos ejemplares quizá hayan tenido que posarse por encontrarse en mal estado e, incluso, por cansancio.

Dos gaviotas en la Gran Vía zaragozana, un escenario poco habitual para estas aves.
Dos gaviotas en la Gran Vía zaragozana, un escenario poco habitual para estas aves.
Unidad Verde

Tirado, sin embargo, apunta hacia Vadorrey a la hora de encontrar una explicación a la creciente -sin encender las alarmas- población de gaviotas en la capital: “En Zaragoza ha ocurrido un fenómeno especial y es que el azud, desde el momento de su construcción, ha creado un minimar. Todo el mundo las veíamos, pero desde la Expo a ahora, la gaviota patiamarilla y la reidora (pequeña y cabeza marrón oscuro, casi negro) han venido incrementando su presencia. El azud favoreció la creación de un grupo que hasta hace diez años solo estaban de paso y en estos momentos constituyen una población permanente”.

El entorno de la Expo, los juzgados y los tejados de los edificios con menos actividad también sirven de hogar para las colonias. Tienen el Ebro a tiro de piedra, lo mismo que en el parque del Agua. En las playas de la Expo, que abren sus puertas cuando llega el calor, son un refugio de lujo, tal y como apunta Luis Tirado: “Las hemos visto criar en maceteros, tranquilas, sin ser molestadas por nadie y en un entorno que puede recordar al mar”. El otro gran dormidero de gaviotas, indican fuentes municipales, son los depósitos de Casablanca.

"El azud favoreció la creación de un grupo que hasta hace diez años estaban de paso y ahora constituyen una población permanente"

No se espera una ‘invasión’

La venida de gaviotas ha sido paulatina y en ningún caso se espera que llegue a ser un asunto preocupante. De un tiempo a esta parte también se avistan en zonas ligadas a regadíos, como las Cinco Villas o las riberas del Ebro, donde se alimentan de una especie invasora, el cangrejo americano, del que dan buena cuenta. “Se han ido acumulando factores que explican lo que nos encontramos hoy día”, resume Tirado, quien recuerda que también ha habido avistamientos en la huerta del Almozara, Alcañiz, Sariñena o el pantano de Barasona.

Otras especies, como el estornino, dispararon su población en muy poco tiempo. “Se veían pocos y ahora se cuentan por miles, pero la gaviota no ha tenido un crecimiento tan exponencial. No lo tiene tan fácil para reproducirse ya que le gusta criar en colonia, así que prevemos que no va a suponer un impacto especial ambiental. Crecerá algo, pero es bastante probable que con la entrada en vigor de la nueva normativa de gestión de la materia orgánica pueda decaer, ya que se reducirá la cantidad de comida disponible en los vertederos”, augura el experto.

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