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Aragón

política hidráulica

Biscarrués: un proyecto de embalse con dos caras

Poco más de 70 kilómetros separan dos realidades opuestas. Comparten una única premisa: el agua es fundamental para fijar la vida en sus pueblos.

Ramón, regante de Sodeto, y Gustavo, empresario turístico en Murillo de Gállego, mantienen opiniones encontradas en torno al futurible embalse en biscarrués.
Ramón, regante de Sodeto, y Gustavo, empresario turístico en Murillo de Gállego, mantienen opiniones encontradas en torno al futurible embalse en biscarrués.
Aránzazu Navarro

Completar el recorrido que separa Sodeto de Murillo de Gállego permite conocer, en menos de una hora de viaje, dos realidades muy distintas en la superficie, aunque similares en la base. Porque en los dos municipios se abraza el agua como único medio de vida, como generadora de empleo y fijadora de población. Solo en esa premisa coinciden. Los monegrinos, por su parte, buscan la ejecución de las obras del pantano de Biscarrués, que les permitiría disponer de más litros con los que saciar sus cultivos. Los otros, ribereños al pie de los Mallos de Riglos, piden quietud, que se les deje seguir creciendo en población y servicios a rebufo del turismo activo.

En realidad sí hay un segundo punto de encuentro entre quienes se posicionan a favor y en contra de la obra: el cansancio ante un debate que se reabre. En la plaza principal de Biscarrués, María José Estacho, fundadora de la coordinadora que se opone a la infraestructura "desde hace ya 32 larguísimos años", repite una frase: "No pedimos dinero, ni que nos den nada que no sea nuestro. Solo pedimos que nos dejen en paz. con eso, y que dejen de despilfarrar en estudios e informes, nos damos por satisfechos".

El hijo de María José, de 24 años, dejó las oposiciones que estaba preparando para adquirir "unas tierras para vivir donde realmente quiere, en nuestro pueblo". El embalse le haría cambiar de rumbo. "Su campo quedaría inundado por las agua, el pantano iría justo encima de sus propiedades, se las quitarían", dice la vecina y activista mientras señala en dirección a Erés, visible desde el camino de salida al norte del municipio.

El mismo tedio expresan los regantes, quienes ansían el cumplimiento del Pacto del Agua de 1992. "¿Cuánto tiempo más habrá que esperar para que, simplemente, se cumpla con lo prometido y acordado?", se pregunta Álvaro Barrabés, vecino de Alberuela de Tubo, también de 24 años, quien entiende que en los pueblos que viven del turismo se defienda la postura contraria a la suya, si bien piensa que "lo prioritario es la producción de alimentos y no el divertimento".

Gustavo Ortas, junto al río que hace de motor económico de Murillo de Gállego.
Gustavo Ortas, junto al río que sirve de motor económico de Murillo de Gállego.
ARANZAZU NAVARRO

Gustavo Ortas tiene 44 años y es natural de Biscarrués, donde vive con su mujer y sus tres hijos de 7, 9 y 10 años, que van al colegio de Ayerbe. Dirige la empresa UR Pirineos, radicada en Murillo de Gállego y que en temporada alta emplea a veinte trabajadores, desde monitores hasta fotógrafos. La suya es una de las cinco sociedades de la localidad que organizan descensos del río y en torno a las cuales se estructura la economía de la zona, donde no dejan de emerger negocios hosteleros, recreativos y de servicios.

«Con el embalse se acabaría el turismo y los pueblos morirían»

Este empresario liga su vida en el medio rural a la permanencia de las condiciones actuales: "Si se construyese el pantano, mi familia y yo no podríamos vivir aquí. Las distintas empresas trabajamos a lo largo de 20 kilómetros de río entre los embalses de Lapeña y Ardisa y, de acometerse las obras aguas abajo, el recorrido disponible se recortaría hasta los seis kilómetros aptos para la actividad, algo a todas luces insuficiente. Sin turismo, esta zona no tendría vida y las familias se marcharían. Solo en Murillo hay 17 niños, algo impensable cuando empezamos con la empresa en 2006". La actividad societaria en Murillo de Gállego suma, más allá del turismo activo, hasta 25 empresas de servicios -incluido un supermercado de reciente apertura-, un hotel de cuatro estrellas, seis casas rurales, apartamentos, un camping y tres restaurantes.

Gustavo no ve otro medio para fijar población ni atraer nuevos moradores más allá del turismo: "La única forma de potenciar que viniesen parejas jóvenes sería que hubiese una buena conexión a internet, de modo que se pudiese teletrabajar. Pero hay un problema: la banda ancha, aquí, es todavía muy estrecha".

Los efectos sobre la fauna y la flora constituyen otro caballo de batalla de los contrarios al proyecto. "Las laderas, como ocurre en los demás pantanos, quedarían peladas y el paisaje cambiaría radicalmente", lamenta Gustavo.

El maíz tiñe en gran medida de las tierras de Sodeto.
Ramón Paván posa en un campo de maíz, producto que tiñe las tierras de Sodeto.
ARANZAZU NAVARRO

Pocos vecinos de la localidad monegrina de Sodeto viven de otra actividad distinta a la agricultura. El que quiere tomar otro camino marcha a otro municipio de mayor entidad en el que la oferta laboral sea más variada. "Aquí todos vivimos del campo. De mi quinta, el 95% de los chicos nos dedicamos a esto y también están entrando chicas, algo que antes no pasaba", cuenta Ramón Paván, un joven de 26 años que, tras completar un grado medio en Producción Agropecuaria se hizo cargo de 60 hectáreas de terreno heredadas en las que cultiva cereal y forraje, "como casi todos aquí".

«Necesitamos más agua para poder seguir viviendo del campo»

Ramón es miembro de la comunidad de regantes Sodeto-Alberuela-Lalueza. "Todos compartimos el mismo pensamiento: el clima no nos favorece y necesitamos el embalse para seguir produciendo. La campaña pasada se gastó todo el agua embalsada el primer día, es evidente que se necesita más. O se toman medidas o llegará un punto de no retorno en el que no podremos seguir viviendo del campo", dice el regante.

Este oscense compagina su labor agrícola con la ganadería, pues heredó también una pequeña explotación con cabezas de ternero: "Es la única manera de subsistir y de poder pensar en progresar. A día de hoy, con 60 hectáreas, un soltero puede tirar, pero en el momento en que uno se plantea formar una familia necesita muchas más. Por eso todo el mundo procura crecer y la tierra está muy cotizada. Además, se buscan plantaciones más productivas, como el forraje, que es lo más seguro, pero que necesita más agua", reconoce, a la vez que recuerda que "venimos de una sequía muy fuerte el pasado verano".

La escuela infantil de Sodeto reabrió hace tres cursos tras años cerrada. "Eso demuestra que los jóvenes queremos quedarnos y dar vida al pueblo. Si la clase política habla tanto de recuperar la vida rural, ¿por qué no nos apoya y ejecuta las obras? Necesitamos más agua para seguir viviendo del campo y no abandonar nuestra tierra".

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