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La peligrosa obsesión por comer sano

La fijación por un dieta saludable se convierte en un trastorno alimentario cuando se lleva al extremo. Quienes sufren ortorexia, un mal cada vez más extendido, son incapaces de comer fuera de casa al no controlar el origen de los alimentos que ingieren.

Bodegón con chucherías, patatas fritas y bollería industrial.
Bodegón con las poco recomendables chucherías, patatas fritas y bollería industrial.
Heraldo.es

Seguro que en muchas listas de los propósitos de Año Nuevo figura el de cuidar la alimentación y comer más sano. Genial. Es una buena decisión, respaldada por los nutricionistas, siempre y cuando no se convierta en una obsesión enfermiza. Una dieta saludable y el consumo de alimentos ecológicos conlleva un beneficio para la salud, pero puede resultar en un trastorno alimentario -ortorexia se llama- cuando no se piensa en otra cosa que controlar el origen de los alimentos que se ingieren. No se trata ya de evitar los fritos, el azúcar o el aceite de palma, sino que quienes sufren este trastorno “acaban siendo incapaces de acudir a un restaurante, a una comida de trabajo o de amigos, ya que no controlan el contenido nutricional de los alimentos", explican los psicólogos. Para ellos, la fruta y verdura tienen que ser de agricultura ecológica y deben saber de dónde procede la carne que se llevan a la boca: desde que nace el animal hasta que llega al supermercado, esto es, donde ha sido criado, con qué métodos e, incluso, cuánto ha tardado en engordar.

Los nutricionistas advierten de que este trastorno se está extendiendo entre los más jóvenes, sobre todo, por un mal entendido culto al cuerpo. Esta obsesión puede tener consecuencias físicas, ya que a veces quienes la sufren prefieren no comer antes que comer algo que no consideran adecuado. Es cierto que en España apenas afecta a entre el 0,5 y el 1% de la población, pero comienza a popularizarse (en Estados Unidos ya va por el 2%) y está en el origen de otros problemas de infrapeso o desequilibrios nutricionales. No obstante, “es más preocupante el deterioro familiar que genera en estas personas”, porque acaban aisladas y sin apenas vida social. Javier Aranceta, profesor de Medicina Preventiva y Salud Pública, considera que las personas afectadas por esta patología acaban siendo "autistas alimentarios, abocados a la infelicidad".

El término ortorexia fue acuñado por el médico norteamericano Steven Bratman y viene de las palabras griegas 'orthos', que significa correcto, y 'orexis', apetito, y quienes lo sufren son pacientes con una vulnerabilidad psíquica previa que hace que "se tomen demasiado en serio" la máxima de una alimentación saludable.

Es lo que hacen, casi hasta la caricatura, algunos personajes públicos que pueden ejercer una mala influencia sobre quienes dudan de sus hábitos alimenticios y tienen cierta debilidad psicológica o ansiosa. Así, es habitual ver en las revistas a Julia Roberts siempre con su botella de leche de soja (lo único que bebe, dicen) o a Demi Moore ingiriendo únicamente alimentos crudos. También dicen que Jennifer López solo come tortillas que estén hechas con clara de huevo y que sus refrescos deben ser 100% orgánicos. Afortunadamente, y sin llegar a esos extremos, en los últimos años se ha ido clarificando el etiquetado de productos e, incluso, muchas empresas se han ocupado de que sus máquinas de ‘vending’ contengan otros alimentos que no sean solo chocolatinas y bollería industrial.

De vuelta a las dietas sanas, es evidente que comer bien aleja muchas enfermedades relacionadas con el corazón o la diabetes, pero una obsesión desmedida por una ingesta 100% saludable puede convertirse en un trastorno, que tarda en presentar síntomas externos. Concluyen los expertos que la virtud del punto medio está en procurar que la alimentación sea lo más limpia posible, sin sufrir en exceso cuando algún día se comete un "pecado venial", como hacen los culturistas con la llamada ‘cheat meal’ semanal, que sirve para ‘engañar’ al organismo.

Consejos para recuperar la forma tras Navidad
Raúl Luzón y Javier Sánchez, nutricionistas de la escuela de salud Vive!
Raúl Luzón y Javier Sánchez, nutricionistas de la escuela de salud Vive!
Heraldo.es

Los expertos en nutrición de la zaragozana Escuela de Salud Vive! han confeccionado un listado de pequeños propósitos que pueden contribuir a adquirir buenos hábitos alimenticios y a quitarse algunos de eso kilos que se han ganado con los excesos navideños.

Raúl Luzón y Javier Sánchez apuntan, entre otras susceptibles mejoras, la de ir deshaciéndose de los productos excesivamente procesados. Es importante tenelos en cuenta a la hora de hacer la compra “para que en casa solo haya buenas opciones” cuando entra el apetito. También recomiendan ir despidiéndose del azúcar, que es un ingrediente oculto -o en letra pequeña en la etiqueta- en muchos productos. Beber agua sería otro consejo fundamental, “no solo por los propios beneficios de estar hidratado, sino porque el agua desplaza a alternativas menos saludables como refrescos azucarados o bebidas alcohólicas”.

Llevar un estilo de vida activo, encontrar un deporte que motive e, incluso, renovar el material deportivo si esto puede invitar a que le demos más uso son también consejos para lograr el objetivo. Los especialista ponen el acento también en procurar un cambio progresivo porque “hay pequeñas decisiones, que parecen no suponer nada, pero van acumulando sus efectos hasta convertirse en algo grande”. Se refieren, por ejemplo, a elegir una pieza de fruta o unos frutos secos en lugar de una galleta cuando se tiene hambre. Pequeñas costumbres que se descubren fundamentales cuando se llevan a cabo de forma repetida.

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