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Aragón

historia

El Cid vuelve a campear por tierras aragonesas

Que ganara batallas después de muerto es una leyenda, pero que Babieca y Tizona vuelven a la estar de actualidad es una realidad, gracias a la serie que prepara Amazon y a la novela de Pérez-Reverte con sus localizaciones aragonesas.

Fiesta de la llegada del CID a el Potyo del Cid. foto Estibaliz centeno. 11-06-11
Entre las numerosas recreaciones que se hacen en Aragón en torno a la figura de Rodrigo Díaz de Vivar, destaca la fiesta de su llegada a El Poyo del Cid.
Estíbaliz Centeno

Una de las novelas más vendidas la pasada Navidad fue ‘Sidi’ (Alfaguara, 2019), en la que Arturo Pérez-Reverte cuenta cómo se forjó la figura legendaria de Rodrigo Díaz de Vivar. La narración recrea la precuela del héroe, los meses en los que el futuro Cid Campeador –entonces infanzón Rodrigo Díaz– empezó a convertirse en un líder de leyenda. Como es natural, en su periplo viajero de Burgos a Valencia, el Cid recorre gran parte de la geografía aragonesa y Pérez-Reverte siembra su texto de localizaciones como el palacio de la Aljafería o el paraje de Alcocer, en las proximidades de Ateca. La novela se centra en los primeros años del primer destierro porque al autor, según él mismo reconoce, no le interesa el Cid más famoso y épico, ese que en Valencia es ya un guerrero poderoso, sino "el que sale desterrado de Castilla con una mesnada de 40 o 50 hombres fieles de su pueblo". Esto es casi sinónimo del ‘Cid aragonés’, pues son numerosos los capítulos en los que el académico de la RAE sitúa al Cid en Zaragoza, donde estuvo al servicio de la taifa musulmana y donde se recrean diálogos con los emires Al-Mutamán y Al-Muqtadir. De los dos sobrenombres con los que se conoce al caballero, el Campeador es de origen cristiano y proviene del latín ‘campi doctor’, esto es, el que conoce bien las tierras de batalla. Sin embargo, el de ‘Cid’ es de procedencia árabe y lo más probable es que así fuera bautizado en su primer destierro en Saraqusta, donde Díaz de Vivar pasó cinco años (1081-1086). Se le reconocía como ‘señor’ con lo que habría de llamársele ‘said’, que después se pervirtió en ‘sidi’ y, pasado por el tamiz del romance, concluyó en el sobrenombre de Cid.

Si Zaragoza ocupó un lugar trascendental en la formación del Cid, no menos importantes fueron en sus idas y venidas, por ejemplo, por Terrer –donde el Campeador "libró gran batalla"– o El Poyo del Cid, donde el caballero burgalés acampó quince semanas. Ariza es la primera población aragonesa que aparece en el cantar de gesta, en el que se narra cómo el Cid cabalga con sus mesnadas por los valles del Jalón y del Jiloca, hace pagar tributo a Daroca, y en Cella reúne a sus soldados para preparar el envite de Valencia.

Toda una lección de geografía aragonesa que hoy, entre mojones, esculturas y paneles puede volver a recorrerse sin pagar vasallaje y con los salvoconductos que se sellan en las oficinas de turismo y en los consistorios. Explican desde el consorcio que reúne las localidades cidianas (el Camino del Cid recorre 387 poblaciones) que se está revisando la señalización senderista y ciclista de la ruta, y que de esta se encarga la empresa zaragozana UTM Desarrollos, que interviene entre 2.300 y 2.500 señales al año.

Se calcula que son unos 6.000 los viajeros que recorren anualmente el Camino aragonés del Cid, si bien esa cifra es una mera estimación pues resulta difícil cribar quién sigue las huellas del buen vasallo y quién es turista atraído por la gastronomía o los balnearios. En cualquier caso, sí es cierto que la ruta, incluso en su parte valenciana, recorre municipios de la España más despoblada (152 municipios tienen menos de cien habitantes), que no dejan de citarse en la obra de Pérez-Reverte. Es calificada ésta como una ‘novela de frontera’, dado que a finales del siglo XI ‘el de la barba vellida’ luchó con sus hombres en un límite que amalgamaba los reinos cristianos y musulmanes de alianzas cambiantes.

Si bien el autor cartagenero a veces echa mano de una topografía inventada en aras de la ficción, otros estudios publicados más recientemente (valga el ejemplo del de David Porrinas en Desperta Ferro) llaman la atención sobre espacios defensivos en los que se hizo fuerte el Cid: en Aragón se considera que sus grandes fortalezas fueron las de Alcocer y el de Poyo del Cid. Ambas están asentadas en lo alto dos cerros estratégicos y dominantes, soleados y de fácil defensa.

Las últimas excavaciones auspiciadas por la DPZ y dirigidas por Francisco Martínez en el paraje atecano "refuerzan la idea de ocupación islámica de la parte oeste del enclave, formando el típico asentamiento musulmán, quizá con alguna dependencia tipo posada desde donde se estaría en contacto con otros asentamientos mediante señales luminosas o de humo para advertir de posibles contratiempos en el camino". Hablan los expertos también de que el castillo podría custodiar algún vado para cruzar el río Jalón y su ubicación facilitaría explotar los recursos de una vega cercana. Recuerdan que el Campeador seguía la ruta del Jalón con la intención de llegar a Barcelona y buscar cobijo en la corte del conde catalán Berenguer Ramón II, quien no consideró oportuno acogerlo.

Completa asesoría

‘Sidi’, que así titula Pérez-Reverte su novela, no solo reúne decenas de referencias aragonesas sino que también se abre con un reconocimiento especial a la ayuda recibida de dos especialistas de la Universidad de Zaragoza, el arabista Federico Corriente y Alberto Montaner, quien viene trabajando con Reverte desde los primeros años 90, desde que se publicó ‘El club Dumas’. En esta ocasión, Montaner hizo una "revisión técnica final" para supervisar todo lo referido a costumbres o armamento. Aunque Reverte le pidió que se enfrentara al texto como un ‘enemigo’, que le buscara las cosquillas y los gazapos, Montaner hizo pocas precisiones porque, como explicó recientemente, el académico "es un escritor que cuida hasta el extremo la ambientación histórica y se documenta muy bien". El especialista en el Cantar también celebra que ‘Sidi’ presente un Cid alejado de los tópicos patriotas y que la taifa zaragozana y los salones de la Aljafería sean el marco de algunas tramas de la novela.

Cazadores de leyendas

Montaner Frutos, catedrático de Literatura Española, colabora también con el Consorcio del Cid en un proyecto que pretende reunir todas las leyendas del personaje vinculadas a los territorios de la ruta. En los próximos días se presentará la primera recopilación de estas gestas, que sumarán más de medio centenar y que incluyen, en otras, curiosidades como que en la turolense localidad de La Iglesuela del Cid ‘coincidieron’ en el campo de batalla nada menos que Rodrigo Díaz de Vivar y el apóstol Santiago, en un paraje que se sitúa próximo a la ermita de la Virgen del Cid.

Cerca de allí está la huella dejada en una piedra por Babieca, el caballo del Cid que, según otra tradición, fue enterrado en el Monasterio de San Pedro de Cardeña (Burgos). Ojo, que las coces del animal son frecuentes en toda la geografía y alguna resulta, incluso, providencial: cuentan que en Hinojosa, Guadalajara, una de sus patadas abrió una roca e hizo brotar un manantial. También parece ‘documentado’ que el Cid y su caballo calmaron su sed en infinidad de fuentes aragonesas, desde la citada de Iglesuela a la de Valtorres.

"Las leyendas y tradiciones sobre el Cid o sobre cualquiera de sus parientes y amigos se hallan por todos los rincones de nuestra geografía", escribe Alberto Luque Cortina en un artículo titulado ‘Cazadores de lo invisible’. A modo de ejemplo, cita dos leyendas que introducen la variable oscense en la ecuación cidiana: se dice que en Tamarite de Litera el Cid fue el responsable de la expulsión de musulmanes y judíos y, también, que en el castillo de Monzón una de sus hijas, María, depositó la espada que luego empuñaría Jaime I.

Huyendo de ensoñaciones, urge discernir leyenda y realidad, porque si bien probada está la existencia real del que ‘en buena hora ciñó espada’, también se sabe que muchos de los episodios que narra el cantar de gesta son mera fabulación literaria. Ni sus hijas se llamaron Sol ni Elvira, ni casaron con los infantes de Carrión, ni tampoco, evidentemente, sucedió el episodio de la afrenta de Corpes. A la más pura invención respondió también la película que en 1961 dirigió Anthony Mann con Sophia Loren y Charlton Heston como protagonistas. Aunque fue ‘expertizada’ por Ramón Menéndez Pidal, autor de ‘La España del Cid’, el filme incurre en numerosos anacronismos, con lo que se infiere que no atendieron en exceso las indicaciones del medievalista.

Los nuevos trabajos, afortunadamente, presentan a un Cid más fiel al propio Cantar –se sabe que Rodrigo Díaz era instruido en letras y leyes– y alejado de una leyenda mastodóntica que lo ha convertido en devoto cristiano. Pérez Reverte censura la concatenación de Don Pelayo-el Cid-Franco, con la única pretensión ideológica de convertir su figura en un "paladín de la cruzada". Desde los Reyes Católicos, su leyenda fue magnificada e, incluso, Felipe II propuso que se le canonizara. El Cid de ‘Sidi’, sin embargo, es un caballero "apenas caído en desgracia", que emprende en su destierro los episodios históricos que lo definirán y lo convertirán en líder.

Imagen de una de las campañas de excavación en La Mora Encantada, donde se han hallado carbones y restos cerámicos.
Imagen de una de las campañas de excavación en La Mora Encantada, donde se han hallado carbones y restos cerámicos.
DPZ
Continúan las excavaciones en La Mora Encantada

La Diputación Provincial de Zaragoza continuó el pasado noviembre con la campaña de excavaciones –y van cinco– en el yacimiento arqueológico de La Mora Encantada, en Alcocer (Ateca), para esclarecer los restos de lo que fue un poblado islámico relacionado con el primer destierro del Cid. La aparición de un muro defensivo puso de manifiesto que un lugar del que solo había constancia por el ‘Cantar’ tuvo existencia real en la época en la que el Campeador recorrió la ruta del Jalón. Analizados los resultados de 2019, se vuelve a reforzar la idea del abandono definitivo del yacimiento tras su destrucción y quema a finales del siglo XI, tal y como apunta el registro arqueológico obtenido en las diversas campañas desarrolladas en años precedentes. "En esta ocasión el volumen de hallazgos aparecidos en el espacio permite relacionarlos con la cerámica para uso en cocina (ollas, cazuelas, etc), que podrían apuntar a una posible privacidad de los mismos, mientras que estructuralmente únicamente se han podido documentar dos muros muy deteriorados", explican desde la DPZ. La cerámica hallada es semejante a la andalusí encontrada en pasadas intervenciones en el casco antiguo de Calatayud.

El pasado noviembre la serie de Amazon Prime sobre el Cid detuvo su rodaje cuatro días en la Aljafería.
El pasado noviembre la serie de Amazon Prime sobre el Cid detuvo su rodaje cuatro días en la Aljafería.
Javier Belber/EFE
Pendientes de la superproducción de Amazon Prime

La intención de Amazon Prime es que en unos meses la figura del Cid no se asocie solo a la película de Anthony Mann protagonizada por Charlton Heston y Sophia Loren, sino que se representen también con el joven actor Jaime Lorente, popular tras su papel en ‘La Casa de Papel’. La plataforma de internet no tiene aún fecha de estreno para la serie del Cid, que en los últimos meses de rodaje les ha llevado a visitar Soria, Burgos, Zaragoza y Albarracín, entre muchas otras localidades. La producción ha revolucionado los municipios más pequeños de la ruta, pues cerca de un centenar de personas integran el equipo de grabación, que precisa de otros tantos figurantes. La compañía internacional, responsable de esta producción histórica junto con Zebra Producciones, ha anunciado que entre el elenco de protagonistas figuran Carlos Bardem, Juan Echanove, Elia Galera o José Luis García-Pérez, pero el hermetismo del rodaje ha sido tal que se desconoce cuáles de ellos han visitado Aragón. La parte positiva es que durante unos días los hoteles colgaron el cartel de ‘completo’ y que es de suponer que la serie servirá para promocionar algunos rincones de la considerada España vacía.

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