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"Aunque lo dejes eres exfumador para siempre. A mí me sigue apeteciendo"

Aurora Modrego lleva tres años sin tabaco con el apoyo de la Asociación para la prevención del tabaquismo en Aragón (Apta), de la que será una de sus últimas pacientes si la organización no encuentra financiación. Desde este martes ya no acepta nuevos casos.

Aurora Modrego, ex fumadora, en la unidad de dehabituación tabáquica de Apta.
Aurora Modrego, exfumadora, en la unidad de dehabituación tabáquica de Apta.
Oliver Duch

"Empecé a fumar a los 15 años, como una tontería de colegio. Al principio ni te tragas el humo", recuerda Aurora Modrego, de 56 años, que lleva tres sin probar el tabaco. Llegaba a fumar un paquete diario. Como le ocurre a muchas mujeres fumadoras "lo dejé durante el embarazo", pero volvió a engancharse después. "Me dije 'por uno no pasa nada'", pero pasó. Entonces volvió a recaer. Por ello, afirma que no se puede bajar la guardia: "Aunque lo dejes eres exfumador para siempre. A mí me sigue apeteciendo", confiesa. Sigue viviendo situaciones en las que piensa 'ahora me fumaría un cigarro', pero afirma que tiene la fuerza suficiente para no hacerlo. Se considera que alguien es "exfumador" cuando lleva 12 meses sin fumar.

Como parte de la terapia cuenta que tuvo que elegir una fecha para dejar de fumar. En su caso, un 8 de diciembre. Siguió el tratamiento con pastillas que ahora se incluye en la financiación de la Seguridad Social, Champix. "Lo había intentado sola, incluso con hipnosis, y con chicles, que me sabían tan malos que me quitaba el sabor fumando", recuerda. "Yo sustituía una comida por un cigarrillo, por ejemplo, me fumaba un cigarro en vez de cenar". Calcula que ha ahorrado 4.800 euros en los tres años que no ha comprado cajetillas. El momento más difícil fue la primera semana sin pastillas y "la primera quedada con amigos, sobre todo, en verano en las terrazas de los bares".

Advierte de que la medicación no basta. Las pastillas ayudan a "no tener ganas", pero "hay que estar muy convencidos". Por ello, considera que "está muy bien que se financie el tratamiento, pero hace falta un seguimiento y un apoyo". 

La consulta de Apta, en el aire

Lourdes Clemente, Mercedes Pau y Wenceslao Varona, en la consulta de Apta en el centro de Salud de Sagasta.
Lourdes Clemente, Mercedes Pau y Wenceslao Varona, en la consulta de Apta en el centro de Salud de Sagasta.
Oliver Duch

Modrego ha conseguido dejarlo junto a su pareja, también fumador, a través del apoyo de la Asociación para la prevención del tabaquismo en Aragón (Apta), que tiene un punto de atención en el centro de salud del paseo de Sagasta de Zaragoza y otro en Teruel. Es una de las últimas pacientes que atenderá esta organización sin ánimo de lucro, fundada en 1998, si no encuentra financiación este año. Está formada por personal sanitario y no sanitario concienciado con la necesidad de prevenir el tabaquismo.

La organización se han quedado fuera de plazo para solicitar ayudas públicas y si no consiguen fondos para mantener los costes tendrán que cerrar. Estos se dirigen al mantenimiento de equipos y organización de actividades ya que los profesionales no cobran. Además, conceden becas de investigación para analizar los resultados de su trabajo. De momento, han dejado de aceptar pacientes nuevos,aunque algunos les han seguido llegando estos días derivados de médicos de familia, pero mantendrán las consultas periódicas con los 70 que actualmente están en periodo de deshabituación tabáquica. 

"No podemos dejar abandonados a los pacientes", reconoce Lourdes Clemente, médico de familia del centro de salud de La Jota, una de las profesionales que atiende la consulta de deshabituación tabáquica de Apta. La asociación tendría unas 170 personas en lista de espera para acudir a su consulta, calcula Wenceslao Varona, actual presidente de Apta. Calcula que la asociación necesita conseguir 15.000 euros "para mantener abiertas las consultas de Zaragoza y Teruel". El objetivo es "mantener en activo lo que se ha conseguido que funcione", plantea.

En sus consultas se trata una adicción en la que hay que hacer frente "no solo al síndrome de abstinencia sino también a la dependencia psicológica", explica. A ello se unen los fuertes hábitos que hacen que se asocien determinados momentos del día o actividades con el tabaco. Su labor es acompañarles en el proceso que supone dejar de fumar. En las revisiones periódicas "no echamos la bronca a nadie. Estamos para enseñarles a afrontar la situación", apunta Clemente. "Somos como unos entrenadores. Pueden tener las mejores zapatillas, o pastillas en este caso, pero si no te entrenas, no basta para llegar a la meta", añade Mercedes Pau, médico de familia. 

Unidad de deshabituación tabáquica de Apta en el Centro de Salud Sagasta.
Unidad de deshabituación tabáquica de Apta en el Centro de Salud Sagasta.
Oliver Duch

Casi 6.000 pacientes desde 1998

La asociación tiene por objetivo informar a la sociedad de los peligros del consumo de tabaco y formar para prevenir el tabaquismo. Además de tratar a pacientes, ha colaborado con las administraciones públicas en acciones de concienciación y ha denunciado incumplimientos de la normativa. Por su consulta han pasado 5.792 pacientes desde 1998, de los que el 52% han sido mujeres, con una media de 49,6 años. De media fumaban casi 22 cigarrillos al día. El 86,4% de ellas habían intentado dejar el tabaco al menos dos veces. La asociación llegó a tener consultas en Huesca y Calatayud, pero también tuvieron que cerrar por falta de fondos.  

Modrego, pese a llevar tres años sin fumar, sigue acudiendo a la consulta de Apta en Zaragoza para "mantener el vínculo", aunque "ya nos daban el alta".  La buena noticia de la semana pasada de que comienza la financiación pública para los tratamientos para dejar de fumar considera que se ve empañada por el posible cierre de la organización sin cuyo apoyo asegura que "no lo hubiera conseguido".

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