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Aragón

estudio

Predicción para hacer frente a las malas hierbas

El jardín arvense del CITA colabora con la cátedra Adama de la Universidad de Sevilla en la elaboración de modelos predictivos de emergencias de malas hierbas.

En el jardín arvense del CITA se hace un seguimiento a largo plazo de la emergencia de la planta y su fenología.
En el jardín arvense del CITA se hace un seguimiento a largo plazo de la emergencia de la planta y su fenología.
CITA

En materia de malas hierbas, la predicción juega un papel fundamental, porque sabiendo de antemano cómo se comportan estas plantas los agricultores pueden actuar de manera mucho más eficiente en su erradicación, y eso les permite, además, reducir los costes al disminuir las aplicaciones de herbicidas, algo que también es muy beneficioso desde el punto de vista medioambiental.

Conscientes de esta importancia, de la mano de la cátedra Adama, impulsada por la Universidad de Sevilla, se está apostando por la puesta en marcha y consolidación de jardines arvenses donde se estudian estas plantas, en todo su proceso vegetativo.

Uno de los jardines que participan en este proyecto es el del Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA), que cuenta con más de 260 especies, de las cuales, alrededor de 40 forman parte del proyecto de esta cátedra.

"Es una iniciativa muy importante, ya que permite elaborar modelos predictivos de emergencias de malas hierbas. En la Universidad de Sevilla se encargan de desarrollar el modelo matemático y desde el CITA colaboramos aportando nuestro jardín para recopilar todos los datos de evolución de las malas hierbas, con el fin de que los técnicos y agricultores se puedan beneficiar de las conclusiones y actuar de manera más eficiente", indica Ana Isabel Marí, técnico responsable de la coordinación del jardín arvense del CITA.

Para poder calibrar estos modelos se debería disponer de la máxima cantidad de datos de emergencia y desarrollo de las especies a modelizar a lo largo de varios años.

Un largo proceso

En el caso del jardín arvense, esos datos se recogen de las especies que hay sembradas en contenedores y cuya evolución se estudia a lo largo del año. Datos que se relacionan con la temperatura, humedad del suelo o pluviometría.

Así ha ocurrido, por ejemplo, con el estudio del vallico, una de las especies más problemáticas en cereal de invierno. Se trata de un trabajo que ha realizado la cátedra Adama, en colaboración con la Sociedad Española de Malherbología, y con la financiación del Centro de Sanidad y Certificación Vegetal y en el que también han participado otros centros públicos españoles, ya que cuantos más datos se registren más acertado será el tratamiento futuro.

"Finalmente, antes de que el modelo llegue a manos de los técnicos o agricultores, debemos validarlo en campo, fase en la que se encuentra el del vallico. Esto nos permite comprobar que las predicciones que hemos obtenido del modelo matemático a lo largo del tiempo coinciden con los datos de las emergencias tomados en campo", concluye Marí.

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