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El número de mayores de 65 años que viven solos crece y ya hay más de 78.000 en Aragón

Salud Pública alerta del problema de la "soledad no deseada" y del impacto físico y social que tiene. Asegura que esta realidad requiere un "abordaje coordinado" desde todos los departamentos.

La pirámide de la población en España refleja a necesidad de realizar cambios a varios niveles con el fin de contar con estabilidad económica.
Aragón es una de las comunidades más envejecidas de España.
Pexels.

 La soledad se ha convertido en un fenómeno social y constituye uno de los principales retos del siglo XXI. Y más en una Comunidad tan envejecida como Aragón, donde un 21,6% de la población tiene más de 65 años. Actualmente, más de 78.000 mayores viven solos, de los que unos 53.000 tienen más de 80 años. Algunas cifras oficiales anteriores hablaban de más de 65.000.

La mayoría de ellos desarrollan la vida con total autonomía e independencia, pero la Dirección General de Salud Pública alerta del cada vez más arraigado "fenómeno de la soledad no deseada", que afecta con más intensidad a las personas mayores y que ya considera como un "problema de salud pública". "Cuando empezamos a preparar este proyecto hablamos con gente de muy diversos ámbitos y este era un concepto que salía de manera recurrente. Es algo que preocupa a la sociedad", afirma Francisco Javier Falo, director general de Salud Pública, desde donde se trabaja esta cuestión a través del Plan Salud Aragón 2030.

El problema de cada vez "mayor impacto y coste social" afecta especialmente a las mujeres. Son consideradas como uno de los "principales perfiles de riesgo", en parte, por su mayor esperanza de vida. A partir de los 80 años, las personas que viven solas son, fundamentalmente, mujeres. De hecho, el 69% del total de los hogares unipersonales son femeninos.

La "soledad no elegida" –explican desde Salud Pública– puede deberse a pérdidas conyugales, familiares o amistades, pero también a la falta de atención recibida ante la carencia de ingresos, la pérdida de autonomía o el propio "falso estereotipo" que se tiene de la vejez. "Hay que cambiar el concepto de los mayores. No se puede generalizar. Hay que recuperar la idea de que hacerse mayor puede ser positivo. En ocasiones, los ancianos se perciben como carga", señala Falo.

Los expertos insisten, además, en que el "aislamiento social" no solo afecta al comportamiento y la actitud de la persona, sino que tiene un "impacto en su salud física", ya que modifica, por ejemplo, las hormonas del estrés y las funciones inmune y cardiovascular. De hecho, las personas que sufren de una soledad no deseada tienen más riesgo de sufrir ansiedad, depresión, deterioro cognitivo, demencia y, en los casos más extremos, pueden plantearse quitarse la vida. Pero también sufren con más frecuencia abusos y maltrato, insomnio, miedo o una progresión más acelerada de algunas enfermedades cardiacas, la obesidad, la diabetes o el alzhéimer. "Está comprobado que un mayor que vive solo se alimenta peor porque cae en la trampa de no cocinar para uno solo, come cualquier cosa. Pero, además, las adherencias a los tratamientos son muy distintas si se vive o no en familia. Los mayores son más vulnerables ante cualquier circunstancia", explica Falo, que reconoce que el gasto sanitario aumenta en este colectivo.

Afrontar el problema

El informe sobre la soledad en los mayores del Plan de Salud Aragón 2030 no solo desgrana las causas y consecuencias de este problema, sino que propone cómo afrontarlo a medio y largo plazo. Entre otras cuestiones, hace hincapié en que el abordaje de este fenómeno tiene que ser coordinado desde todas las políticas. En ese sentido, Falo recuerda que desde el Departamento de Sanidad se han puesto en marcha iniciativas como el plan de crónicos, mientras desde el de Ciudadanía y Derechos Sociales se habilitó hace unos meses el teléfono del mayor. Un recurso, que solo en sus primeros 50 días atendió 160 consultas.

Pero, sin duda, el director general de Salud Pública destaca que se debe trabajar en otras acciones más enfocadas a "fomentar la salud y no tanto a paliar las enfermedades". El Plan de Salud está poniendo en marcha programas que favorecen el ejercicio físico y la alimentación saludable. "En este sentido, los paseos, la recomendación de ejercicio físico por los profesionales sanitarios y, en algunos casos, la derivación a recursos municipales cumplen un doble objetivo: actividad física e incrementar las redes sociales", apunta.

El plan también plantea trabajar en la identificación de aquellos colectivos que por sus características sociodemográficas tienen un "alto nivel de vulnerabilidad", por ejemplo desde Atención Primaria, o la implantación de programas de entrenamiento físico en coordinación con los ayuntamientos para "prevenir la fragilidad y el deterioro cognitivo". "En definitiva, conseguir años de vida con máxima funcionalidad y libres de incapacidad", subrayan desde Salud Pública.

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