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El miedo a donar alimentos en España

Muchas empresas de restauración no donan sus excedentes porque el donante es el responsable de la seguridad y de la higiene de los productos.

Recogida de alimentos en Zaragoza.
Recogida de alimentos en Zaragoza.
Oliver Duch

7,7 millones de toneladas de alimentos van a la basura cada año en España, lo que supone que nuestro país sea el responsable del 14% del desperdicio de toda Europa. Según las cifras publicadas en la página web del ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, el consumidor es responsable del 42% de la comida que acaba en el contenedor; la fase de fabricación, del 39%; la restauración, del 14% y la distribución, del 5%. Ante estos números, uno se pregunta: ¿antes de que se tire no se podría donar? Eso mismo se planteó, según recoge Efe, en el foro organizado por Soziables, un portal dedicado a la sostenibilidad y a la transformación social, bajo el lema ‘Reducir el desperdicio alimentario. Por las personas, por el planeta’, que congregó a representantes del sector hostelero, de la distribución y de entidades sociales.

En España, las empresas o particulares que deseen donar sus excedentes deben hacerlo a través de una organización. Además, estos alimentos no pueden haber superado la fecha de caducidad y se han tenido que conservar en condiciones óptimas. “Nosotros trabajamos principalmente con los mayoristas de Mercazaragoza, que nos dan un saco de naranjas o borrajas, por ejemplo, a los que es necesario hacerles un triaje, es decir, separar aquellas que están bien de las que están podridas o que tienen muy mal aspecto. Estas últimas son las que les damos a los ganaderos y nosotros aprovechamos lo que se pueda del resto”, detalla José Ignacio Alfaro, presidente de la Fundación Banco de Alimentos de Zaragoza, donde acaba de finalizar La Gran Recogida de Alimentos, la campaña anual que recolecta alimentos básicos en supermercados durante dos o tres jornadas y que este año ha conseguido reunir 454.000 kilos.

También, según anota, les llegan alimentos que las cadenas productoras ya no quieren o yogures con fecha de caducidad cercana. “Todos los viernes recibimos un tráiler de yogures, con una semana de caducidad, y tenemos tres días para distribuirlos”, continúa Alfaro. “Ahora nos están trayendo plátanos, por ejemplo”. Y es que como él mismo declara “además de ayudar y contribuir para que la gente no pase hambre, nuestra finalidad también es minimizar el despilfarro”.

Eso sí, no resulta sencillo. “La realidad es que muchos no nos quieren donar, por ejemplo, hemos tenido conversaciones con restaurantes de comida rápida o que dan bodas y, llegado el momento, nos dicen que ya tienen solucionado el tema del desperdicio y no necesitan donar al Banco de Alimentos. Oficialmente todo el mundo lo tienen solucionado”, apunta.

“Muchos no lo hacen por miedo”, indica el presidente del Banco de Alimentos de Zaragoza. Y es que en España no existe una regulación específica sobre donación de alimentos, su entrega gratuita es considerada una forma de comercialización y, por esta razón, el donante es responsable de la seguridad y de la higiene de los productos.

Aun así, Alfaro apela a los hogares, responsables principales del desperdicio: “La fruta y el pan son dos de los productos que más se tiran a la basura en las casas, cuando pueden tener una segunda vida útil trabajando el producto, por ejemplo para hacer migas o sopas en el caso del pan”.

Ofertas de productos que no sirven para vender mañana

Esta concienciación es a la que apelan proyectos como Encantado de comerte, una iniciativa de dos zaragozanos Enrique de Miguel y Adrián Espinosa y un madrileño, Gabriel Ramos que pone en contacto a empresas y clientes. Las primeras ofrecen productos que ya no van a poder vender al día siguiente y los clientes gozan de un descuento al adquirir en estas. “Estamos presentes en Madrid y en Zaragoza y desde enero hemos conseguido que casi dos toneladas de alimentos tengan salida y no vayan a la basura”, explica Enrique de Miguel.

“No solo es bueno para las empresas porque conseguimos dar salida al excedente sino que además es una forma de conseguir beneficios y un nuevo flujo de clientes”, anota el mismo. “Asimismo, se trata de tomar conciencia y comprometerse por un consumo responsable”.

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