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Aragón

Sanidad

Guerra abierta en los hospitales por la distribución de publicidad para el cuidado de enfermos

Puertas, ascensores y salas de espera se llenan de anuncios a diario, mientras la dirección de los centros ordena retirarlos

Los papeles con el servicio están en carteles, ascensores y salas de espera.
Los papeles con el servicio están en carteles, ascensores y salas de espera.
Toni Galán

Once de la mañana. Un joven baja por las escaleras y se para en cada planta del hospital Clínico de Zaragoza. Busca los espacios más idóneos para dejar publicidad sobre los servicios que ofrece para el cuidado de enfermos. "Excelentes referencias. Turnos en hospitales, residencias, paseos, comidas...", reza el pasquín. El chaval inserta sus anuncios allí donde ve hueco, sobre todo, visible a los usuarios del centro. Los impresos duran poco expuestos. A los pocos minutos, una trabajadora de la planta retira y estruja los papeles que encuentra por el camino.

Una ‘guerra abierta’ entre los centros sanitarios y ‘anunciantes’ que se repite en casi todos los hospitales de la Comunidad y en la que, de momento, no se vislumbra un ganador. No existe una normativa como tal, pero los centros sanitarios son reacios a ese tipo de reclamos publicitarios, identificados con un simple teléfono (la mayoría de las veces móvil) y sin una asociación o colectivo que acredite la solvencia del servicio. No conocen a los titulares y, por lo tanto, no autorizan su reparto dentro de las instalaciones. De hecho, en los últimos meses, se han conocido varias condenas por tramas en el cuidado de los enfermos.

Algunos hospitales aragoneses, como el Clínico de Zaragoza, cuentan con espacios, normalmente en los vestíbulos de entrada, donde cualquier ciudadano puede dejar su anuncio. Si alguna entidad, colectivo o asociación quiere publicitarse en otra zona del centro debe pedir permiso a Gerencia, que es la que valora o no su autorización. La mayoría de centros sanitarios se ponen firmes ante cualquier publicidad que escape a ese control previo. Intentan evitar la distribución por espacios comunes, como salas de espera, mobiliario, ascensores o zonas de paso en las plantas.

La orden a los trabajadores, tanto a los propios del Salud como a los de las empresas concesionarias de los servicios externos es clara: siempre que les sea posible deben retirar estos papeles de los lugares desautorizados.

Algunas fuentes consultadas de los centros sanitarios hacen hincapié en que si permiten la distribución de este tipo de publicidad por el hospital, muchos usuarios pueden interpretar que el Salud avala estos servicios y pueden pensar que se hace responsable del mismo. "No queremos confundir a la gente. Hay otros espacios donde pueden informar sobre estas ofertas", comentan.

"No queremos molestar"

Las personas que distribuyen estos panfletos son conscientes de la situación. Al otro lado de la mayoría de los teléfonos que se publicitan para estos servicios responden personas de otros países. Enrique es de El Salvador y reconoce la pelea diaria que libran con los responsables de los hospitales por el reparto de estos papeles. Asegura que dedican mucho tiempo en recorrer casi a diario los diferentes puntos de los hospitales para hacerlos visibles.

"No queremos molestar a nadie. Me intento ganar la vida", asegura el joven, que reconoce que pese a llevar cuatro años en España todavía no está legalizado al no estar contratado. Asegura que lo que saca con el cuidado de los enfermos "no es una fortuna", pero ayuda a sobrevivir. Explica que las tarifas varían dependiendo de las horas o los días que se contratan, aunque sí que estima que unas 12 horas pueden costar unos 35 euros.

Admite que hace tiempo que el conflicto entre los responsables sanitarios y las personas, que como él, se ofrecen a cuidar enfermos existe desde hace tiempo, pero últimamente incluso han requerido la presencia policial para "invitarnos" a salir de las instalaciones sanitarias. "Ya le dije a la Policía que no hacia nada malo. No soy un delincuente, intento ganarme la vida", se defiende. En otro de los numerosos teléfonos de los planfletos, atiende otra voz anónima que reclama su derecho a poder trabajar.

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