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El ocaso de las cabinas telefónicas: "Creo que mis hijos no saben ni para qué sirven"

En Aragón existen 415 teléfonos públicos de pago. Telefónica es el operador encargado por el Gobierno de continuar con la prestación del servicio hasta el 31 de diciembre de este año.

Una de las cabinas telefónicas de la Glorieta de Sasera de Zaragoza.
Una de las cabinas telefónicas de la Glorieta de Sasera de Zaragoza.
Heraldo.es

Son testigos casi mudos del paisaje urbano y rural de Aragón cuando en otros tiempos prestaron un gran servicio a la ciudadanía. El año pasado, el Gobierno nacional aprobaba un real decreto que designaba a Telefónica como operador encargado de continuar con la prestación del servicio de las cabinas telefónicas hasta el próximo 31 de diciembre de 2019. A falta de conocer los planes del nuevo Ejecutivo, lo que está claro es que la vida de los teléfonos públicos de pago es de corto recorrido en un mundo digital donde lo habitual es que cada persona tenga dos móviles (uno de ellos el del trabajo).

Según datos de Telefónica, en la actualidad existen en la Comunidad un total de 415 cabinas, casi 50 menos que en 2018. La mayoría están en la provincia de Zaragoza (307), a la que le siguen Huesca (67) y Teruel (41). Mientras, en todo el territorio nacional la cifra se eleva a 15.450 con una media de uso de 0,37 llamadas al día por teléfono.

Dos de ellas se encuentran en la Glorieta de Sasera en Zaragoza, aunque una no tiene ni teléfono. Rafael Moreno, empleado del kiosko que hay en ese lugar, al lado de El Corte Inglés de Sagasta, comenta que hasta su establecimiento acuden a día de hoy sobre todo extranjeros para que le cambien monedas de 20 céntimos con las que poder llamar. "También viene mucha gente preguntando si funcionan. Algunas son personas mayores que no llevan móvil y que si tienen que realizar una llamada urgente la hacen a través de las cabinas", afirma.

También Lara Izquierdo, auxiliar de servicio de seguridad de El Corte Inglés, suele atender a personas de avanzada edad que han dejado su teléfono en casa. "La gente me pregunta si hay cabinas en esta gran superficie comercial. Les digo que ahí fuera hay un teléfono", señala Izquierdo, quien sostiene que en los dos años que trabaja ahí -con horario rotativo de mañanas y tardes- nunca ha visto a nadie utilizar las cabinas. "Y mira que me toca estar en la puerta de entrada un día sí y otro no", advierte. No obstante, defiende su utilidad ante cualquier apuro que pueda pasar. "Si te roban el móvil, si te quedas sin batería… Te puede ocurrir cualquier cosa", destaca.

Rafael Moreno coincide en que no deberían quitarlas, pero apunta que el mantenimiento de las cabinas debería ser "primordial". "Alguna vez he visto a operarios reponer algún auricular. Los fines de semana hay vandalismo y aparecen con el cable arrancado y sin teléfono", denuncia.

A Paula Ibor, sin embargo, que desaparezcan o no le es indiferente. "En los últimos 20 años dudo haber usado alguna cabina. Sí recuerdo haber llamado desde alguna cuando iba de campamentos de adolescente o mis padres, cuando viajábamos los fines de semana a la montaña", afirma. "Además, ahora con los móviles no te sabes el número de teléfono al que tienes que llamar".

Al estar incluidas en el servicio universal de telecomunicaciones en España, Telefónica se ha visto obligada a seguir con su gestión al ser el operador dominante. El último concurso se convocó para el periodo 2009-2011, pero no hubo competencia por el desinterés del resto de operadoras. Desde entonces se han aprobado sucesivas prórrogas del contrato con Telefónica, que reclama desde hace tiempo que la prestación del servicio de las cabinas deje de ser forzoso tal y como ocurre en otros países europeos (caso de Francia, Dinamarca o Bélgica).

De cara al cercano 31 de diciembre, se desconocen los planes del nuevo Gobierno y que será de ellas cuando se agote la prórroga. Lo que está claro es que si para la mayoría de los ciudadanos son casi invisibles, para las nuevas generaciones deben ser ya reliquias. “Yo creo que mis hijos no saben qué son ni para qué sirven”, señala Paula Ibor.

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