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Cumbre del clima 2019
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Consumo

¡Cómo quisiera poder vivir sin plástico!

Un periodista de HERALDO pasa varias jornadas intentando, y no siempre consiguiendo, evitar los envoltorios, una práctica difícil de adoptar sin planificación y voluntad.  

Cada año, se generan en el mundo centenares de kilos de residuos plásticos por persona, de los que solo se recicla un 20%
Cada año, se generan en el mundo centenares de kilos de residuos plásticos por persona, de los que solo se recicla un 20%
Freepik

La Cumbre del clima de Madrid se celebra a cientos de kilómetros, pero su espíritu está logrando imbuir hasta al menos concienciado con el futuro del planeta. Motivado y concienciado por las tristes imágenes que nos llegan de las costas de medio mundo -devoradas muchas de ellas por montañas de desechos-, quien firma esta información ha tratado de pasar varias jornadas evitando el consumo de plásticos, cuyo empleo masivo se demuestra perjudicial para el medio ambiente. La jugada no se demuestra sencilla, por lo que salgo en ayuda de Patricia Reina y Fernando Gómez, quienes llevan una vida libre de plásticos desde agosto de 2015 y han plasmado en un libro ('Vivir sin plástico', editorial Zenith) su experiencia.

A la compra, con un plan

Nada más enfundarme el traje de ecologista me doy cuenta de que para ser coherente con la filosofía de plástico cero es necesario no dejar las compras en manos de la improvisación, ya que la falta de un producto clave en la despensa -como el aceite- a última hora del día puede echar al traste nuestros planes. "Una de las cosas en las que hay que hacer especial hincapié para vivir sin plásticos es planificarse. Pensar bien las compras grandes y hacerlas de vez, evitando que sea la nevera vacía la que marque los momentos en que bajas a comprar", desvela Patricia, toda una experta ya en estas lides. Ella y su pareja procuran hacer periódicamente "una gran compra a granel de productos no perecederos o que tengan una vida larga: legumbres, arroz, harina, frutos secos...”. Además, una vez a la semana acuden a por productos frescos, verduras, vegetales, fruta… una experiencia que han plasmado en un libro ('Vivir sin plástico', editorial Zenith).

En Zaragoza han amanecido en los últimos años varias tiendas que permiten adquirir a granel arroces, pastas, sémolas, tes, horchatas, frutas deshidratadas, sales, setas y hongos. Las más conocidas son ‘Sin huella’ (Coso, 156) o ‘De tarros’ (calle Torrenueva, 30), a las que es aconsejable llevar botes de vidrio en un carro para así cebar la despensa durante una buena temporada.

Desde el principio del experimento quedó cristalino que las pequeñas tiendas de barrio son los mejores aliados para alcanzar el objetivo pues son más proclives a introducir los productos en las bolsas de tela que el cliente porta, es el tendero el que pesa el género y no emplea pegatinas sino tiques de papel. Bien es cierto que muchos supermercados se están poniendo las pilas y, por ejemplo, en Eroski se venden pequeñas bolsas transparentes para poder pesar la fruta y los vegetales, pero en el caso de que se quiera abordar una gran compra ya se hacen necesarias varias de ellas. Otras ‘minas’ de las que extraer comida sin envoltorios son los mercados agroecológicos que se celebran en muchas ciudades aragonesas o los hortelanos que venden sin intermediación.

¿Me pone el pavo en este táper?

Uno de los momentos en que más me chirría el uso del plástico es cuando compro el ingrediente capital de mis desayunos: la pechuga de pavo. No hay forma de librarse de los envoltorios, inevitables en los formatos del lineal y solo esquivables cuando se pide al corte. Eso sí, antes hay que pasar por el trago de hacer la pregunta: ¿me pone 150 gramos de pechuga braseada… en este táper, por favor? Porque no en todos los establecimientos aceptan de buen grado esta petición, que puede chocar con las políticas impuestas con la empresa o con la costumbre del propio empresario. Superada la sorna inicial con que me responde el responsable, una charcutería del barrio colma mis deseos. Una pequeña batalla ganada.

La autora del libro considera que lo de llevar la tartera a la compra ser algo habitual más pronto que tarde: “En los mercados de abastos ya no suelen poner problemas y hay mercados, como Carrefour, que incluso promueven que no te lleves la carne envuelta en plástico , tal y como se ve en su cartelería”.

Desodorante sólido

El de la higiene personal es el ámbito que más quebraderos de cabeza me generó. Resulta difícil pensar en una ducha sin botes o un método mediante el que evitar los olores de la transpiración que no implique el uso de algún envoltorio. En ‘Mi Aroma’, en el Actur, se dispensan productos de baño y limpieza a granel (quitagrasas, jabones, detergentes...), pero lo cierto es que no a todo el mundo le pilla a mano. Patricia me abre un nuevo mundo: “Nosotros recurrimos a la cosmética sólida. Jabones corporales y champús que sacan espuma al mojarlos y frotarlos, desodorantes en pastilla… o fabricados en casa. Y aunque hay pieles a las que no les va bien, hay quien usa bicarbonato como desodorante”.

Es probable que la adquisición más complicada de afrontar bajo el precepto que me marqué fuese la del papel higiénico. Pero, pese al pesimismo inicial, me acabé encontrando una vez más con que todo está inventado y que ya hay marcas que comercializan sus rollos bajo envoltorios de papel. “También hay tiendas, al menos en Madrid, que venden los rollos sueltos, e incluso los que tienen sitio suficiente en casa compra grandes cantidades, en inicio pensadas para hostelería, y que se venden en cajas de cartón. Nosotros, en este caso, fuimos un pasito más allá e instalamos una pequeña ducha junto al váter, de modo que también evitamos ese gasto de papel”, cuenta la coautora del libro, que ya va por su cuarta edición, a un neófito en esto de regatear a los polímeros al que le gustaría tener la disciplina suficiente para vivir sin plásticos.

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