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entrevista al portavoz de cs en las cortes

Pérez Calvo: "No creo que Ciudadanos se quede en una situación vulnerable"

El portavoz de Cs en las Cortes de Aragón defiende la coherencia de Albert Rivera al dimitir y ve a Inés Arrimadas como su relevo en un proyecto de futuro.

Aragón
Daniel Pérez Calvo, portavoz de Cs en las Cortes.
Guillermo Mestre

Cs ha pasado de tener 155.000 votos a 59.500 en Aragón en seis meses y ha perdido tres escaños al Congreso y uno al Senado. ¿En qué se han equivocado?

Ese resultado es reflejo en Aragón de lo que ha sido un mal dato a nivel nacional. Es evidente que alguna cosa no hemos hecho bien, pero también es evidente que se ha votado en una coyuntura electoral muy inédita dentro de la polarización y de una radicalización de la sociedad española. Ha habido elementos determinantes como la sentencia del 'procés' y sus consecuencias en las calles de Barcelona que han llevado a una situación de extremos donde el centro no es que esté mal visto, pero no computa o se lo guarda uno para mejor ocasión. El resultado se resumiría en más Pedro Sánchez, más radicalidad y menos centro.

¿Ha podido haber cierto castigo de los votantes de Cs que esperaban un pacto con el PSOE?

Nosotros hicimos una oferta electoral en la que dejamos claro desde el minuto uno que no íbamos a pactar con Pedro Sánchez, y tuvimos 4,2 millones de votantes y 57 diputados el 28-A. No me gusta mirar atrás; hay que mirar siempre al futuro. Me cuesta creer que nos haya penalizado hacer lo que dijimos que íbamos a hacer. Sánchez en ningún caso quiso saber nada ni de nosotros ni del PP. Quería gobernar en solitario y lo que nos pedía era un cheque en blanco que no queríamos darle.

"Cuando un partido se convierte en una copia, al final los votantes eligen al original". Es lo que declaró el candidato Rodrigo Gómez el 10-N tras perder su escaño por Zaragoza. ¿Lo comparte?

No, pero lo respeto. Ni lo comparto yo ni creo que sea el sentir mayoritario del partido o de sus órganos de dirección. Es una valoración que él hizo en un momento muy concreto tras una debacle en el que quizá tenía la necesidad de buscar algún tipo de explicación rápida a lo que había podido pasar. No la comparto pero la respeto dentro del uso de la libertad que él tiene para hacer sus lecturas y sus valoraciones.

¿Se echó de menos en la sede a la secretaria de Acción Institucional Sara Fernández la noche del 10-N?

Lógicamente. Creo que no se encontraba bien, tendría su excusa.

¿Cómo valora la decisión de Albert Rivera de dejar el partido y la política un día después de perder 47 diputados?

Ha sido el Rivera que todos conocemos y que todos esperábamos que fuera. No se hubiera entendido desde un punto de vista de coherencia, honestidad y honradez que hubiera querido seguir después de un resultado adverso. Es noticia porque no es habitual que un líder asuma las responsabilidades cuando las cosas no van bien. No lo hizo Pablo Casado con 66 escaños. Rivera no se va porque ya no le quepan los casos de corrupción en la mochila.

¿Afecta la marcha de Rivera a su papel de liderazgo en Aragón?

No. Me afecta en el sentimiento personal porque tengo una estupenda relación con él, y en lo político, porque creo que perdemos un grandísimo valor de verdadero hombre de Estado. Es una gran pérdida no solo para Cs sino para toda la política española, ante la necesidad que tenemos de encontrar personas de consenso y sensatas. Yo soy el líder del partido en Aragón en la medida en que fui el candidato en las elecciones autonómicas y soy el portavoz parlamentario. Y ese papel tendré los próximos cuatro años. No tengo ninguna intención de irme.

En las negociaciones para conformar el Gobierno de Aragón tras el 26-M hubo cierta división en el seno de su partido respecto a la estrategia a aplicar. ¿Se han superado aquellas diferencias?

No tengo constancia oficial de la existencia de esas opiniones diferentes porque nunca se hicieron públicas ni se manifestaron en ningún órgano de Gobierno del partido. Estaría espantado si este fuera un partido dogmático, de pensamiento único, donde no se permite que uno tenga su propio criterio. Uno tiene su criterio, pero luego asume democráticamente lo que se decide en el seno del partido. Si todo el mal que hemos cometido ha sido decirle ‘no’ a Sánchez, no fue una decisión personal de Rivera sino una postura aprobada unánimemente por la ejecutiva nacional. No causó ninguna división interna.

Pero se fueron algunos pilares importantes del partido...

A nivel nacional, no en Aragón. Quien no estuvo de acuerdo, usó libremente su capacidad para tomar decisiones y se fue, lo que es respetable.

¿La situación de vulnerabilidad en las que queda el partido podría hacer resurgir la división?

No creo que el partido se quede en una situación vulnerable. Se queda en una situación difícil con diez diputados y un presidente que ha dimitido. Pero son situaciones que están previstas, como también lo están las peores que se puedan dar en un avión en vuelo. Hay unos estatutos y un reglamento que regulan el proceso de sucesión. Rivera se ha ido, pero ha dejado como legado un partido que tiene muy claro dónde está y hacia dónde va. Lo que más nos preocupa, incluso más que el futuro de Cs, es el futuro de España en un escenario de resultado electoral endiablado donde vamos a ver si es posible llegar a acuerdos.

Cs gobierna el Ayuntamiento de Zaragoza. ¿Les puede ayudar a recuperar la confianza de los aragoneses?

Tanto desde el Ayuntamiento como en las Cortes. La gente nos va a conocer mejor y va a ver que cumplimos lo que decimos.

¿Sería Inés Arrimadas el relevo natural de Rivera?

Los militantes decidirán pero yo, personalmente, considero que Inés Arrimadas es la persona que debe coger el testigo de Rivera para liderar un proyecto de futuro que antes de lo que nos imaginamos va a estar en parrilla de salida en los primeros puestos.

Con el PP y Vox en la derecha, ¿debería replanterarse Cs su orientación ideológica?

Somos un partido liberal, de centro, que aboga por las grandes reformas que necesita el país, por la regeneración, y ahí vamos a estar. Del centro no se es; uno está, con el planteamiento de poder fluctuar jugando unas cartas básicas como es el respeto a la Constitución. 

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