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gastronomía

La lluvia no logra deslucir la celebración de la Feria de la Patata de Chía

Centenares de personas disfrutaron del sabor de este producto que, este año, ha visto reducida su cosecha en un 90% debido a la sequía y los extremos calores veraniegos.

En la feria hubo desgustaciones de la patata de Chía.
En la feria hubo desgustaciones de la patata de Chía.
Ángel Gayúbar

No ha sido un buen año para los cultivadores de patata de la localidad ribagorzana de Chía; más bien ha sido nefasto ya que la sequía y los extremos calores veraniegos han reducido su cosecha en prácticamente un noventa por ciento con respecto a años anteriores. Aún así, los integrantes de la Asociación de Productores de Patata de Chía no se han desanimado y se volcaban este sábado en la organización de una nueva edición de su popular Feria de la Patata que volvió a convertirse en punto de encuentro de centenares de personas de las más variadas procedencias.

Y eso que las previsiones meteorológicas eran más que preocupantes y –lo que es peor- se cumplieron en el peor de los escenarios previstos otorgando a la lluvia, muy persistente por momentos, un indeseado protagonismo que no consiguió arruinar la que era la octava edición de un certamen que tiene mucho de reivindicativo sobre las potencialidades económicas, sociales y de acogimiento de esa España interior cada vez más vaciada.

Con estos antecedentes, resultó lógico que se dieran cita menos visitantes que en años anteriores, pero aún así las calles de Chía fueron durante toda la mañana un auténtico hervidero de gentes atraídas por el reclamo de una feria que se ha sabido hacer un importante hueco en el calendario ferial y festivo altoaragonés con su oferta lúdica gastronómica con la excelente patata de la localidad como eje vertebrador.

Diversos puestos que ofrecían productos comestibles elaborados en la zona y artículos artesanales y diversas actividades lúdicas al aire libre que quedaron bastante arrumbadas por unas lluvias que, teóricamente, iban a hacer acto de aparición unas horas después no restaron el protagonismo a la elaboración y posterior degustación de un sabroso “recau” pirenaico del que se repartieron unas 2000 raciones de las que muchos d elos presentes repitieron con deleite.

La lluvia inoportunó, pero no logró deslucir la Feria de la Patata de Chía.
La lluvia inoportunó, pero no logró deslucir la Feria de la Patata de Chía.
Ángel Gayúbar

Desde su primera edición la Feria de la Patata ha sabido ganarse el respaldo de un público alentado tanto por la innegable calidad del tubérculo que se produce en esta localidad situada junto a los picos más altos del Pirineo como por excelente hospitalidad y ambiente que reina durante la jornada ferial, incluso con las más adversas condiciones climáticas.

Todo ello ha conseguido que el certamen se haya consolidado como un eficaz altavoz de las bondades de esta patata que simboliza la voluntad de las gentes del entorno rural de reivindicar su producto autóctono frente a las importaciones de una producción agrícola cada vez más industrializada y deshumanizada. La apuesta en Chía por la recuperación de un cultivo de histórico prestigio en la zona que casi se había perdido ha dado resultado y buena prueba de ello es la excelente respuesta de la clientela local y la cada vez mayor consolidación de la oferta de esta patata auténticamente de altura -se cultiva en terrenos entre los 1.200 y 1.500 metros de altitud- en mercados de ciudades como Barbastro, Huesca, Zaragoza o Lérida. Algo que este año, dada la sensible merma en la producción, no podrá repetirse ya que ante la escasez de producto cosechado –y un calibre de buena parte de las patatas por debajo del estándar de comercialización- los productores locales han decidido priorizar la demanda más cercana.

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