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Teléfonos, comidas, visitas, redes de alerta... Así combaten la soledad de sus mayores varios pueblos de Aragón

Artieda, Sigüés, Salvatierra de Esca, Mianos y El Frago son algunos de los municipios aragoneses que han puesto en marcha iniciativas para cuidar de sus mayores ante el envejecimiento y la despoblación.

Jóvenes que ayudan a mayores en Artieda.
Jóvenes y mayores que conviven en Artieda comen dos veces a la semana juntos.
Senderos de Teja

Crema de verduras con almendras, pollo guisado con calabaza y pimientos y de postre, tarta de queso. Un menú sano y equilibrado pero que su principal beneficio no es alimentar el cuerpo sino el alma. Porque alrededor de esta comida se han juntado vecinos del pueblo oscense de Artieda con los jóvenes de Senderos de Teja que se encargan de facilitarles el día a día. El encuentro tiene el objetivo de "estar dos días a la semana juntos en comunidad", explica Diego Quesada, un programador de Zaragoza, que ahora forma parte del heterogéneo grupo de jóvenes que ha puesto en marcha el proyecto 'Envejece en tu pueblo' impulsado por los ayuntamientos de Artieda, Sigüés, Salvatierra de Esca y Mianos en la comarca de la Jacetania.

Este es uno de los ejemplos  de iniciativas que tratan de combatir los problemas comunes de las personas mayores de muchos pueblos pequeños, con una población envejecida y falta de servicios y conexiones de internet o telefonía móvil. "Queremos que la gente esté en sus casas el mayor tiempo posible", dice. Una de las consignas que comparten otros proyectos de acompañamiento de mayores que tienen en marcha el Ayuntamiento de El Frago, Cruz Roja o la organización Adoptaunabuelo.org. Más de 53.000 mayores de 80 años viven solos en Aragón, como se ha recordado esta semana en la jornada sobre mayores en soledad no elegida que organizó El Justicia de Aragón.

David y Presen, un matrimonio de Artieda que participa en 'Envejece en tu pueblo'.
David y Presen, un matrimonio de Artieda que participa en 'Envejece en tu pueblo'.
Senderos de Teja

Jóvenes en Artieda para que los mayores sigan en su casa

David Solana tiene 89 años y Presentación Garcés, 88 años, y después de toda una vida en Artieda quieren seguir allí, pese a la falta de servicios y de población. En el pueblo ya no quedan tiendas. Un par de días a la semana va el panadero y un camión con fruta. Solo está abierto el bar social, donde juegan al guiñote, y el albergue. Ella se fue a vivir allí cuando se casaron "a los 25 años", recuerda, y lamenta que ahora "hay menos gente que entonces". En Artieda viven 70 personas. A ambos se les alegra la cara cuando hablan del grupo de Senderos de Teja, la "gente joven que anima el pueblo". Y lo que más valoran es que se sienten más seguros desde que se puso en marcha hace dos años el programa 'Envejece en tu pueblo'. "Estamos atendidos por ellos y son muy amables", afirma David, aunque confiesa que todavía conduce y hace sus recados sin ayuda. "Mientras podamos estar en casa, queremos estar", coinciden. Se sienten afortunados porque tienen un hijo que todavía vive en el pueblo y otros dos fuera, pero que van los fines de semana "y dan vuelta a la casa". Otros vecinos ya no cuentan con un familiar a quien recurrir.

En el grupo de jóvenes, además de Diego, que es programador, hay desde una psicóloga a dos cocineros. Y todos procedentes de ciudades como Mallorca, Madrid, México, Barcelona… "Somos gente que queremos vivir en el pueblo", afirma Diego. Y les une también el proyecto social que tienen en marcha. "Es más importante lo que hacemos que el sueldo". No lo cambiarían por un empleo en la ciudad.

Félix, Eladio y Basilio, vecinos de El Frago con sus teléfonos nuevos.
Félix, Eladio y Basilio, vecinos de El Frago, con sus teléfonos nuevos.
Ayuntamiento de El Frago

Estrenar móvil a los 80

Félix, Eladio y Basilio ya tienen su primer móvil y lo lucen como unos adolescentes con el último modelo de 'smartphone'. A sus 88, 67 y 92 años, respectivamente viven en El Frago, un pequeño pueblo de la comarca de las Cinco Villas de 99 habitantes (40 en invierno), la mitad mayores. El Ayuntamiento ha decidido adquirir terminales sencillos para repartirlos a alrededor de una docena de vecinos de más edad o con problemas de salud, para que puedan avisar en caso de urgencia. "No me había gustado nunca el móvil. No lo entiendo. Y yo estaba todo el día en el campo", justifica Eladio sobre su desconfianza inicial. Este modelo es fácil. Un botón en la parte de atrás les pone en contacto con el 112 y delante tienen grabados tres teléfonos en las teclas 2, 3 y 4. "Ya he puesto a un hermano que vive aquí, al ambulatorio de Luna y al bar", explica en medio del cursillo improvisado que les está dando el alcalde, José Ramón Reyes. "Me tienen loco", confiesa este último, que con 42 años puede ser el nieto de algunos.

 "Estamos estudiando como críos en la escuela", bromea Miguel, de 81 años, que se suma a la conversación. "Yo me he caído muchas veces y me he levantado solo porque no había más remedio. Ahora uno u otro nos atenderá. Es un alivio muy bueno", reconoce. Entre los que más se alegran de que por fin se hayan animado a tener móvil son las familias. "Tengo una nieta que está loca de contenta porque la puedo llamar al móvil", añade Esther, de 77 años. Los móviles son de prepago y del saldo se encargan los usuarios. Lo que falta por resolver ya no depende del municipio: mejorar la cobertura e internet. "Los políticos cada cuatro años nos dicen que van a poner banda ancha, pero a lo que la pongan aquí igual ya no tenemos gente", critica el alcalde.

Programa de acompañamiento de Cruz Roja en Zaragoza.
Actividades de Cruz Roja Zaragoza con mayores esta semana.
Cruz Roja

Tejer redes de vecindad en los grandes municipios

Afrontar las carencias de los mayores requiere soluciones distintas en municipios pequeños y grandes.  En el caso de la soledad no elegida "es muy distinto cómo la abordamos en un ámbito rural o urbano", explica Fernando Pérez, coordinador autonómico de Cruz Roja. En los pueblos pequeños se padece más el aislamiento y la falta de servicios "pero todavía se mantienen redes informales de toda la vida", dice. Por ello, "si alguien no ha ido al pan, la panadera se entera". Y con esta idea han puesto en marcha un programa piloto que esta semana ha empezado a dar sus primeros pasos en Calatayud, uno de los municipios en los que se espera implantar.

Supone dar un paso más en su programa 'Enrédate', que  fomenta crear redes sociales de personas mayores en zonas más urbanas, pero implicando a todo el entorno. "Hay personas que se meten en su piso, se encapsulan y pierden sus relaciones", lamenta.  Mediante actividades tratan de darles excusas para salir. "A veces es complicado llegar a personas que por su depresión o falta de redes están en su piso", reconoce. Mediante un convenio con el IASS, ahora buscan crear "entornos más amables" en los que "salte una alarma si alguien no ha venido y viene todos los días y para ello quieren implicar desde asociaciones a comercios e instituciones. Con ello se puede combatir uno de los problemas de los mayores en las ciudades, las muertes en soledad.

Voluntarias y una usuaria del programa Adopta un abuelo en Zaragoza.
Concepción, con sus nietas adoptivas Paula y Alejandra.
Adoptaunabuelo.org

Nieta busca abuela para aprender

Hablar puede ser todo lo que necesita una persona mayor para levantar el ánimo. "Más allá de forjar una relación ves que con muy poco de tu tiempo puedes cambiarle para bien la vida a esa persona. He visto a personas con deterioro cognitivo que solo reconocen a su nieto y al adoptivo", explica Alfonso Mata, zaragozano de 24 años que empezó hace cuatro como voluntario de Adoptaunabuelo.org en Pamplona y ahora es vicepresidente. "Nos gusta llamarnos 'start up' social porque al final nuestro objetivo está puesto en llegar a todos los mayores que sufren soledad pero también queremos ser sostenibles". Por ello, crearon una ONG y una sociedad limitada.

El fundador, Alberto Cabanes, tuvo la idea en 2013 cuando iba a visitar a su abuela a una residencia en Ciudad Real. En la comunidad aragonesa esperan pasar de trabajar en una residencia a siete, por lo que buscan voluntarios para su programa. Actualmente más del 80% son chicas. La organización cobra tres euros al mes a los voluntarios porque considera que así aumenta el compromiso.

En Aragón prestan servicios en una residencia de Monzón. En los encuentros semanales que los ancianos esperan con ganas se suelen contar historias, pasear, jugar al bingo, al cinquillo o pintarse las uñas. Y no solo es el anciano el que se beneficia de esos ratos de compañía. Los jóvenes aprenden "comunicación, a ser más extrovertidos, tener empatía, saber escuchar, controlarse y otras 'soft skills' (habilidades blandas)", detalla, que van a necesitar en su vida, por ejemplo en el mundo laboral. "Los mayores aportan mucha cabeza, muchos valores, experiencias, vivencias, te abren los ojos y te enseñan el verdadero valor de la vida", asegura. 

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