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Aragón, en 2100: “De darse el escenario previsto, habrá menos agua cuando más se necesite”

El Informe especial sobre el océano y la criosfera hace hincapié en la “necesidad urgente de actuar” para “limitar el calentamiento global al nivel más bajo posible” y reducir “la magnitud de los cambios”.

RIO EBRO ( ZARAGOZA ) / BAJO CAUDAL / ALGAS / 19/06/2019 / FOTO : OLIVER DUCH [[[FOTOGRAFOS]]]
El Ebro, a su paso por Zaragoza
Oliver Duch

“Las decisiones que adoptemos ahora son fundamentales para el futuro de los océanos y la criosfera (las zonas congeladas del planeta)”. Con estas palabras el Grupo intergubernamental de expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), que ha elaborado el Informe especial sobre el océano y la criosfera en un clima cambiante (Special Report on the Ocean and Cryosphere in a Changing Climate (SROCC)), ha querido hacer hincapié en la “necesidad de actuar con carácter urgente” para “limitar el calentamiento global al nivel más bajo posible” con el objetivo de reducir “la magnitud de los cambios en los océanos y la criosfera”. Y es que en un escenario de altas emisiones, los glaciares de menores dimensiones, situados, entre otros lugares, en Europa, África Oriental, la región tropical de los Andes e Indonesia, perderían más del 80% de su actual masa de hielo de aquí a 2100. Asimismo, si las emisiones siguen aumentando con fuerza, la subida del nivel del mar podría ser de entre 60 y 110 centímetros, lo que incrementaría, a su vez, la frecuencia de los episodios de nivel del mar extremo que tienen lugar, por ejemplo, durante las mareas altas y las tormentas intensas. 

Además, si las emisiones de gases de efecto invernadero siguen aumentando con fuerza, cabe la posibilidad de que se pierda cerca del 70% del terreno de permafrost (es decir, del terreno congelado durante muchos años) que se encuentra cerca de la superficie.

“Puede que, para muchas personas, el mar abierto, el Ártico, la Antártida y las zonas de alta montaña parezcan muy distantes”, afirmó Hoesung Lee, presidente del IPCC, en la presentación del informe, “pero dependemos de esas regiones, que inciden directa e indirectamente en nuestras vidas de formas muy diversas, por ejemplo, en lo que concerniente al tiempo y el clima, la alimentación y el agua, la energía, el comercio, el transporte, las actividades de ocio y turísticas, la salud y el bienestar, la cultura y la identidad”. De la misma forma se ha expresado Juan Ignacio López Moreno, geógrafo e investigador del Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC, un centro de investigación integrado en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)), que a su vez es autor colaborador en el informe del IPCC: “De darse este escenario, en el que las emisiones sigan aumentando con fuerza, en Aragón, por ejemplo, habría menos disponibilidad de agua en los momentos que más se necesita”.

Y es que si las emisiones siguen aumentando con fuerza, y no se toman medidas, según señala el informe, el calentamiento global, que ya es de un 1 °C con respecto a los niveles preindustriales, puede superar los 2 ºC en 2100; lo que conllevaría, entre otras cuestiones, a “una desaparición de los glaciares aragoneses, en caso de darse este escenario”, tal y como indica López Moreno, que anota, a su vez, que “con el calentamiento global actual, ya están al límite de su existencia”. Cabe recordar que los glaciares del Pirineo han reducido su superficie a una cuarta parte en las últimas cuatro décadas

“Con este escenario previsto si no se toman medidas, la capacidad de almacenamiento que tiene el manto de nieve, que actúa como un elemento de reserva natural de agua, se vería muy afectada: los caudales de los ríos serían menores en los meses de verano y más altos en invierno, algo que no interesa dado que el mayor consumo de agua se produce durante la primavera y el verano”, explica el geógrafo del IPE-CSIC. Asimismo, asegura que de darse esta situación, “si el embalsado que hace la nieve se adelanta, habría una desincronización con los embalses construidos”.

“El impacto, que supondría ese aumento de la temperatura previsto, en caso de que no se tomen medidas, es enorme, ya que también subirían mucho los niveles de evaporación”, anota el mismo, lo que pondría en jaque también la disponibilidad de agua. Bajo este escenario, la agricultura, la ganadería y la actividad industrial se verían afectadas, al igual que el sector hidroeléctrico.

Por su parte, el sector turístico también se vería resentido: “De darse este escenario, el manto de nieve se vería muy perjudicado lo que puede afectar directamente a la esquiabilidad, puesto que ya hemos notado como 1 ºC ya afecta a la producción de nieve en las cotas bajas”. Eso sí, como apunta: “también hemos comprobado, y los escenarios del futuro dicen lo mismo, que el invierno es la época menos afectada por este calentamiento, y son los periodos de primavera y verano los que más lo sufren”.

Mayor mortalidad de animales y árboles pequeños

Bajo este escenario, y dado que muchos animales se ayudan del manto de nieve para protegerse del frío, el investigador del IPE-CSIC explica: “Aunque las temperaturas aumenten, va a seguir habiendo heladas, por lo que muchas especies estarían más expuestas al frío del invierno y les podría afectar, que es lo mismo que sucede cuando en un invierno hay poca cantidad de nieve: hay más mortalidad de árboles pequeños o, incluso, de algunos mamíferos”.

Además, si se da este escenario, continúa López Moreno, “las temperaturas más suaves junto con el abandono de la ganadería podrían provocar que el límite del pasto subalpino, el de matorral y bosque, mientras los suelos se lo permitan, subiese en altitud, lo que afectaría a la producción de escorrentía, dado que el hecho de que haya más vegetación hace que haya menos agua”.

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