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Medio centenar de aragonesas eligen cada año ser madres sin tener pareja

Recurren a unidades de reproducción para conseguir semen de donante anónimo. 

Laura Artal decidió hace dos años tener sola a su pequeña Valeria.
Laura Artal decidió hace dos años tener sola a su pequeña Valeria.
ARANZAZU NAVARRO

Medio centenar de aragonesas eligen voluntariamente cada año ser madres solteras. Una opción que se plantean cada vez más mujeres que no tienen pareja estable cuando llegan a determinada edad. A principios de siglo, eran pocos los casos de este tipo que llegaban a las unidades de reproducción de la Comunidad, pero en los últimos diez años la cifra se ha disparado.

Generalmente, según explica el presidente de la Asociación para el Estudio de la Biología de la Reproducción Asistida (Asebir), Antonio Urries, eligen esta opción mujeres a partir de los 38 años, que se dan cuenta de que las posibilidades de ser madre se van reduciendo y el "tiempo apremia". Aunque la sociedad y los ritmos de vida han cambiado, el reloj biológico sigue siendo el mismo. A partir de los 35 años, la reserva ovárica va perdiendo calidad y se va reduciendo considerablemente la tasa de éxito de conseguir un embarazo. Además, llegados los 40, el número de abortos durante el primer trimestre puede llegar a ser de entre un 35% y un 40%. De hecho, los expertos aconsejan a las mujeres que tengan claro que quieren tener un hijo en el futuro la congelación de sus óvulos antes de los 30.

"Es verdad que la gente ya va siendo consciente de los problemas que puede acarrear la edad y en los últimos años, han recurrido a nosotros mujeres cada vez más jóvenes que tienen claro que quieren ser madres solteras", explica Urries.

La opción de ser madre soltera por elección requiere acudir a unidades de reproducción asistida (públicas o privadas), donde se valoran las técnicas más idóneas para cada mujer. Las leyes españolas impiden hacer una elección "a la carta" del semen del donante, pero sí se tienen en cuenta similitudes físicas con la madre, sobre todo, su raza.

Normalmente, los profesionales no recomiendan la inseminación artificial a partir de los 38 años, pero en estos casos tampoco se rechaza a la primera, ya que "no sabemos cómo es la fertilidad de esa mujer porque no ha intentado tener un hijo antes". "Pero si no da resultado, sí que se recurre a una fecundación in vitro", explica Urries, , que es también director del Instituto de Reproducción Humana Asistida de Quirón Zaragoza, donde se hacen más del 60% de los ciclos a madres solteras de todo Aragón.

En el caso de que se requiera recurrir a una fecundación in vitro, donde la unión entre el espermatozoide y el óvulo de la mujer se hace previamente en un laboratorio, habitualmente, estas mujeres son partidarias de implantar un embrión. "Al ser madres solas, normalmente, eligen tener a la vez solo un hijo", explica. No obstante, hay mujeres que si es posible biológicamente y la calidad lo permite, guardan embriones congelados para no descartar un embarazo en el futuro. 

"A los que me conocían no les sorprendió mi decisión"

A nadie de su entorno le sorprendió cuando Laura dijo que quería ser madre pese a no tener pareja. "Soy muy chiquera y siempre lo había dicho. Los que me conocen sabían lo que pensaba y lo único que hice fue hablar con mis padres", recuerda. A pesar de vivir en La Coruña por motivos de trabajo, eso no le frenó para que poco antes de cumplir los 40, iniciara los trámites y el procedimiento para lanzarse a esta aventura. Tampoco se desilusionó cuando resultó fallida la primera inseminación. De hecho, en el segundo intento, justo el mismo día que cumplió 40 años, se animó a que le implantaran dos embriones. "En esos momentos me ofrecieron regresar a Zaragoza en el trabajo y no me hubiera importado tener dos hijos a la vez. Había llegado el momento, estaba en una etapa profesional en la que podía dar el paso", asegura Laura, que hizo el traslado a la capital aragonesa cuando estaba embarazada de cinco meses.

Finalmente, hace dos años tuvo a la pequeña Valeria, "lo mejor que me ha pasado en la vida". "Es el mejor dinero que me he gastado", asegura Laura.Estos procedimientos suelen superar los 6.000 euros.

Ahora, asegura que es "súper feliz" con su pequeña, en ningún momento se ha arrepentido de la decisión y solo, muy de vez en cuando, le asalta una duda. "Solo me da miedo que me pase algo, porque mis padres son mayores y no sé con quién se quedaría la niña", afirma Laura, que también reconoce que le ha dado vueltas a cómo le dirá a su hija que no va a conocer a su padre. "No sé cómo lo haré, pero se lo intentaré contar con normalidad", cuenta.

Por su cabeza ha pasado aumentar la familia (de hecho, todavía tiene dos embriones guardados), pero admite que lo ideal en ese caso sería tener una pareja, por la carga económica y física que supondría tener un segundo hijo. De momento, serán dos en la familia.En un futuro, quién sabe.

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