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“Ya me he hecho a la idea de que no voy a volver a trabajar"

En la Comunidad aragonesa, hay alrededor de 26.300 personas que llevan en el paro más de un año. De estos, los mayores de 45 años son los que encuentran ante mayores problemas, según la Fundación Adecco, para encontrar trabajo debido al estigma de la edad.

OFICINA DE EMPLEO ( INAEM ) / 04/09/2018 / FOTO : OLIVER DUCH [[[FOTOGRAFOS]]]
Oficina de Empleo.
Oliver Duch

“Ya me he hecho a la idea de que no voy a volver a trabajar”. Con estas palabras, M. A. A., un aragonés de 60 años que perdió su empleo hace nueve años cuando la empresa en la que trabajaba cerró, resume el panorama ante el que se encuentran algunos de los 26.300 aragoneses que llevan más de un año en el paro. “Las personas mayores de 45 sufren lo que se denomina 'estigma de la edad' y uno de los consejos que proponemos, para superar esta barrera a la hora de encontrar empleo, es que ellos mismos tienen que dejar de considerarse mayores, ya que en la actualidad la esperanza de vida ha aumentado y una persona con 45 o con 50 años no puede considerarse mayor”, explica Beatriz Gutiérrez, coordinadora en Aragón de la Fundación Adecco, entidad que tiene como objetivo la inserción en el mercado laboral de aquellas personas que, por sus características personales, encuentran más dificultades a la hora de encontrar un puesto de trabajo.

En la Comunidad aragonesa, un 13,5% de la cifra total de desempleados, es decir, 8.800 personas, llevan entre un año y dos en situación de desempleo, según los últimos datos de la Encuesta de Población Activa (EPA), elaborada por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Es señalable que, de estos, un 72,7% son mujeres; mientras que 27,3% son hombres. Asimismo, un 26,9% de las 65.100 personas que se encuentran sin trabajo en Aragón llevan más de dos años en esta situación. En esta ocasión, 8.800 hombres frente a 8.700 mujeres.

"Sigo levantándome a la misma hora, como cuando mis hijos estaban en casa y yo iba a trabajar: a las 7 suena el despertador"

“Hay a dos grupos de edad a los que hemos notado que les cuesta encontrar empleo: a los mayores de 45 y a los jóvenes que buscan su primera oportunidad laboral”, anota Gutiérrez. “Que alguien me diese mi primer empleo fue un calvario, yo había ayudado en un negocio familiar, pero no constaba. Fue por esto, por ayudar, por lo que dejé los estudios. Cuando el negocio cerró, me encontraba perdida: sin dinero para poder realizar estudios superiores y sin experiencia que constase. Entregaba mi currículum, pero nadie me llamaba”, narra H. G., de 27 años. “Ahora, tras más de un año y medio de desesperación, por fin tengo mi primer empleo oficial y me ha cambiado hasta el carácter”.

Esta historia, la de la desesperación, es la de muchos que se encuentran sin trabajo. “Por eso, tras el intervalo veraniego hemos puesto en marcha la I Guía #PonleFinAlParo –señala la coordinadora de la Fundación Adecco en Aragón–, dirigida a parados de larga duración para ayudarles a retomar la búsqueda de empleo, con consejos y recomendaciones que les ayudarán a cambiar de estrategia en su proceso de inserción al mundo laboral, como por ejemplo afrontar con ilusión y actitud positiva la búsqueda de empleo”. Pero, “¿tras casi tres años en los que he hecho tan solo dos entrevistas cómo voy a seguir con una actitud positiva?”, se pregunta María Pilar D., de 54 años, que perdió su trabajo tras 26 años en el mismo puesto. “Lo intento, sigo levantándome a la misma hora, como cuando mis hijos estaban en casa y yo tenía que ir a trabajar: a las 7 suena el despertador. Siempre estoy apuntada a algún curso para no perder la costumbre y sigo haciendo deporte porque por suerte tengo ahorros y mi marido tiene un empleo estable”.

"Al principio quedábamos todos los que nos habíamos quedado en la misma situación pero, bueno, nos hemos acostumbrado"

Esta búsqueda de empleo es complicada y dura sobre todo para las personas mayores de 45 años, para las que, para la gran mayoría, el marcharse del país o cambiarse de ciudad no es una opción. A estas se les está excluyendo por la edad, por eso, lo primero es que ellos mismos, las personas desempleadas, no se consideren mayores, y después se debe concienciar al tejido empresarial de que cuanto más diversa sea una compañía, más rica va a ser”, asegura la coordinadora en Aragón de la Fundación Adecco. “Todos aportan: los jóvenes, nuevas ideas, frescura; los más mayores, experiencia y un nivel de compromiso con la empresa mayor”. De hecho, como narra M. A. A.: “Yo llevaba en esa empresa toda la vida, entre con 18 años, y hasta que decidieron cerrarla esperaba jubilarme allí”. Lo mismo que J. S., de 59 años, que también sufrió el cierre de esta: “Fue muy duro no trabajar, no conocíamos otra vida. De lunes a viernes, o incluso sábados, trabajábamos y, de repente, estás en casa: tus hijas y tu mujer van al colegio, al trabajo, a sus cosas, y tú, en casa. Al principio, quedábamos todos los que estábamos en la misma situación, pero bueno, ahora nos hemos acostumbrado, hemos vuelto a cultivar las tierras de nuestros padres, y al menos ahorras en verdura, patatas, ajos, traes algo a casa”.

Marcarse una meta, construir una marca personal sólida, hacer uso de las relaciones sociales o digitalizar la búsqueda de empleo son algunas de las recomendaciones que se dan en la guía de la Fundación Adecco. Y es este último punto el que supone una brecha con las nuevas generaciones: “La digitalización supone una barrera, muchos no saben utilizar las redes de empleo que existen en la web”, indica Gutiérrez. “Mis hijas me apuntaron a estas webs, me ayudaron a hacer el currículum, nunca había hecho uno, en mi época tú ibas a la empresa y preguntabas si necesitaban a alguien, hablabas con el dueño o el encargado sobre lo que sabías hacer, preguntabas por el sueldo. Ahora, es diferente, mis hijas me dijeron que no hay que preguntar por el sueldo lo primero”, detalla J. S., que ahora reconoce que ya ha perdido la esperanza de encontrar algo y que espera a la jubilación forzosa a los 61, le quedan dos años.

Una historia con final feliz es la de A. A. C., de 61 años, que se quedó en el paro con 58 años, y que ahora lleva ya casi un año trabajando en una nueva empresa: “Tuve suerte, pero tras tantos años cotizando no quería perder la jubilación que me pertenece y eché el currículum, que hice con mi mujer, a todas las empresas de la zona. No pensaba que me llamarían, y estaba desanimado, pero tuve suerte y aquí estoy, rodeado de gente joven y muy contento de poder terminar mi vida laboral, trabajando”. “El problema es que como es natural estas personas entran en un círculo muy desesperante y sus ganas van decayendo, por eso usar la vuelta en septiembre para renovar esa energía y enfrentar la búsqueda de empleo con actitud e ilusión es imprescindible para encontrar un nuevo trabajo”, concluye Gutiérrez.

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