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Aragón

Tercer Milenio

Entrevista a María Teresa Estevan Bolea

"En la política hacen falta muchos ingenieros"

Nacida en Huesca, María Teresa Estevan Bolea llegó a presidir el Consejo de Seguridad Nuclear y fue de las primeras mujeres en obtener el título de Ingeniería Industrial en España. 

María Teresa Estevan Bolea, todo un referente en ingeniería industrial.
María Teresa Estevan Bolea, todo un referente en ingeniería industrial.

Hoy recibe en Madrid el Premio Nacional de Ingeniería Industrial 2019 en la categoría Trayectoria Profesional, un galardón promovido por el Consejo General de Colegios Oficiales de Ingenieros Industriales. No es, ni mucho menos, el primero que recibe.

El año pasado recogí en Londres el Premio Mundial de Ingeniería. Fue realmente espectacular porque la Federación Mundial de Organizaciones de Ingeniería, de todas las especialidades –minas, telecomunicaciones, agrónomos, industriales...–, en 50 años, y con 34 millones de ingenieros y de ingenieras, nunca había premiado a una mujer. Se presentaron 20 nominaciones, unas ingenieras japonesas, alemanas, inglesas, americanas..., que ni te imaginas. Y mira por dónde, de 90 países eligieron a España y, de 34 millones de ingenieros, me tocó a mí.

Ya era hora de que premiaran a una mujer.

Vamos avanzando, vamos abriendo caminos. Cuando la Real Academia de Ingeniería me dio el galardón Ingeniero Laureado, también era la primera vez que premiaba a una mujer en 25 años. Y en España hay muchísimas ingenieras, y buenísimas. La directora del aeropuerto de Barajas es una ingeniera aeronáutica y una ingeniera de Adif dirige el Ave a la Meca en Arabia Saudita.

Siempre pionera. En el inicio de su carrera y ahora también.

Tan pionera que hasta en el Casino de Madrid, la primera mujer socia fui yo. Pero es por razones de edad. También fui la primera en ingresar en el Cuerpo de Ingenieros Industriales del Ministerio de Industria y Energía.

Cuando se matriculó en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Barcelona, ¿no le dio vértigo elegir una profesión entonces tan ‘de hombres’?

Era la única mujer en clase, pero éramos pocos y mis compañeros eran estupendos. Las clases eran magistrales. Casi todos nuestros catedráticos venían de la industria y cuando te explicaban algo, enseguida veías para qué servía. Se dice que fui la tercera en obtener el título de Ingeniería Industrial en España, pero fui la quinta o la sexta. Después, he tenido una suerte impresionante en mi vida profesional y no he dicho no a nada que me interesara.

Pronto desempeñó cargos ejecutivos en la industria, ver a una mujer en ámbitos tan masculinizados y, además, de jefa ¿se aceptaba bien?

Cuando una mujer llega a un puesto ejecutivo debo decir que las que colaboran menos son las mujeres que tienes alrededor. Esto tiene que cambiar. Los hombres se ayudan mucho y las mujeres se ayudan poco. O las mujeres se unen o les será muy difícil continuar en puestos ejecutivos. Tienes que trabajar muchísimo más que tus compañeros porque cuanto haces se mira con lupa. A una mujer no le permiten que se equivoque. No se lo perdonan.

Estuve en puestos ejecutivos desde que acabé la carrera, porque las empresas nos venían a buscar a la escuela. A veces tenías que ser muy dura, no queda más remedio, pero al mismo tiempo, muy flexible. Un ingeniero nunca trabaja solo, hay que trabajar en equipo. Un ingeniero tiene que aprender a trabajar con los demás. Cuidar el equipo es muy importante. Hay que pensar que todos somos seres humanos, que la gente tiene problemas. Una de las cosas que me tienen desquiciada son los horarios de España. No hay forma de lograr la conciliación familiar con estos horarios que son un disparate. Tener familia y ser una gran profesional es imposible. No tienes tiempo para las dos cosas. Yo estaba semanas, meses enteros, fuera de España, y he tenido mucha ayuda. La familia es lo más importante del mundo.

También entró en política.

Fui diputada por Madrid en dos legislaturas y portavoz de Energía en el Parlamento Europeo. Mi dedicación fue corta porque en la política, digan lo que digan, se gana muy poco, hay que dedicar mucho esfuerzo y no es para toda la vida. En la política hacen falta muchos ingenieros porque es una mentalidad totalmente distinta, y no lo que estamos viendo ahora en el Congreso y el Senado.

¿Cómo es esa mente de ingeniero que le falta a la política?

La mayoría de las nuevas leyes que se están haciendo son muy malas porque se hacen sin conocer los temas, sin trabajarlos, sin consultar con los que las tienen que aplicar, con los que tienen que pagar... En España hay leyes que no se cumplen porque no están bien hechas. Y para un ingeniero, 2 y 2 son 4; mientras para un abogado o un sociólogo pueden ser un poco más de 3, cerca de 5... Pues no señora: 2 y 2 son 4. Eso en política sería muy importante. Nos dicen que somos cuadriculados; nosotros, de forma fina, decimos que somos cartesianos. ¿Qué nos enseñan en la carrera? A pensar. Hay quien dice que la política no le interesa. ¿Cómo que no te interesa? El papel del Congreso y el Senado es importantísimo. Tu vida, la mía, la de los niños y los mayores será la que los políticos quieran.

¿Qué temas le preocupan más?

Con 82 años, estudio todos los días -llamo estudiar a leer-. Aparte de literatura y arte, la música es importantísima en mi vida -hice la carrera de piano en Zaragoza, en el conservatorio de la calle Blancas-. Ahora me interesan mucho todos los temas del espacio, la actividad solar, el cambio climático, que estamos enfocando francamente mal. El Acuerdo de París no va a ninguna parte; ni China ni Estados Unidos ni India están poniendo el dinero comprometido. Empiezo a pensar que los grandes países no se creen el acuerdo que firmaron. Si les preocupara tanto, no hubieran ardido en Siberia tres millones de hectáreas, dos o tres millones cada año en la Amazonía y otro tanto en África... Lo primero que hay que hacer es parar los incendios forestales. El papel de la vegetación como sumidero de CO2 es enorme. Habrá que reducir emisiones todo lo que se pueda, pero será una cantidad minúscula comparada con lo que pueden absorber los bosques si no se queman. Es matar pulgas a cañonazos. Y lo que se está pagando por los permisos de emisión de CO2 me parece un disparate total y absoluto, que hace un daño enorme a la industria y las exportaciones y que no resuelve nada.

Desde la Dirección General de Energía Estuvo en el nacimiento de todas las centrales nucleares. Después presidió el Consejo de Seguridad Nuclear. ¿Qué futuro tiene lo nuclear?

La energía nuclear es la más limpia, la más barata y la más segura. Es más barata la hidráulica, pero las presas se caen (tenemos Ribadelago en España y otros casos en el mundo). En cambio, la energía nuclear es segurísima. Yo he estudiado a fondo Chernóbil, donde he estado. Chernóbil era un centro de producción de plutonio para armamento nuclear, no era una central nuclear, por eso pasó lo que pasó. La gente ha visto la serie de cinco capítulos, que está muy bien hecha, pero no lo cuentan entero. En Fukushima no hubo ningún irradiado importante, hubo muertos por las olas de 20 y 30 metros.

En España no le veo ningún futuro a la energía nuclear. Porque ha habido mucha lucha contra ella y los gobiernos no conocen a fondo los temas. No se puede estar en un sector donde continuamente te están atacando sin razón. Donde, siendo una energía superbarata, te ponen unos impuestos que son el 50% de lo que estamos pagando. Al final tenemos una electricidad carísima y eso para la industria es terrible: no se puede competir.

¿Cuál será la energía del futuro?

Ojalá hubiera mucha hidráulica, que es la mejor que tenemos porque, además, almacenas agua. El agua es el gran tema del siglo XXI. Los países nórdicos, Finlandia, Noruega, Suecia, incluso Francia, tienen mucha hidráulica y se pueden permitir algunos lujos. En España tenemos alguna, pero tampoco mucha porque no tenemos muchos ríos grandes, salvo el Ebro. Pero sí tenemos regulados 52.000 hm3 en más de 1.300 grandes presas. Gracias a Dios se hicieron en los años sesenta, setenta y ochenta y ahora no tenemos problemas de suministro de agua. El agua es la clave del futuro. Habrá que tener también centrales de gas, seguramente centrales de carbón y nucleares. En China, en India, en Japón, en Reino Unido, en Francia, la energía nuclear tiene un peso enorme.

Dicen que no queremos carbón por las emisiones de CO2, pero habrá que tratar las cosas de otra manera porque no estamos acertando nada con los programas de Naciones Unidas.

Empiezo a pensar que los grandes países no se creen el Acuerdo de París que firmaron porque Alemania ha construido 17.000 nuevos megavatios de carbón, el 43% de su electricidad es carbón. La media del mundo, el 40% es carbón. Igual que la media de Estados Unidos. En Polonia, es el 60-70%. Uno no puede de golpe y porrazo prescindir del carbón porque nos quedaremos a oscuras. Se irá haciendo poco a poco. Eso de que en el 2030 no tendremos carbón no se lo cree nadie.

Fue usted quien, en los años sesenta, preparó en el Ministerio de Industria y Energía la autorización para la central térmica de Andorra. ¿Qué siente ahora que se cierra?

No es muy rentable porque son unos lignitos de muy mala calidad. Ha operado pocos años pero su rentabilidad es baja. Yo creo que habrá que hacer otro tipo de centrales por allí. Lo que se pueda en gas, renovables, sobre todo fotovoltaica y eólica. El problema con la eólica en España es que el viento sopla por la noche. El problema son las pocas horas que operan las renovables y que hay que mantener la estabilidad de las redes.

Vivimos en un mundo enchufado. ¿Es sostenible un consumo energético tan creciente?

Es absolutamente inevitable porque todo lo que viene, la digitalización, la informática, la conectividad, los drones, los teléfonos móviles, las tablets..., todo hay que cargarlo. Todo necesita una alimentación eléctrica. Los consumos eléctricos irán creciendo cada vez más. Sin electricidad, estamos muertos, absolutamente muertos, no hacemos nada. La electricidad no se puede almacenar, por lo tanto, hay que garantizar el suministro en todo momento y eso requiere una diversificación de fuentes y una gestión tan eficaz como la que hace Red Eléctrica de España, que es una gran empresa.

Ahora celebramos con ímpetu el 8M y el 11 de Febrero es el Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia. ¿Es el momento de las mujeres? 

Es la pregunta más importante que me has hecho. El tema de la mujer me preocupa mucho. Para ser independiente y tener libertad hay que tener ingresos económicos. Realmente que el 8 de marzo salgan las mujeres a hacer política con el tema de la mujer me indigna. ¿Qué necesita la mujer? Empleos. Que le paguen un poco mejor. Horarios mejores. Con eso se ayuda a las mujeres, no gritando por la calle. Y eso está en manos de todo el mundo: de la izquierda, de la derecha, del centro, de unos y otros países, y también de nosotros mismos, que vamos a vivir 95 años. El siglo XXI va a ser el siglo del agua y el siglo de la mujer, inevitablemente.

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