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Quesos Benabarre, 25 años de espíritu emprendedor

Esta quesería y la granja La Fondaña celebran sus bodas de plata. Durante este tiempo se han convertido en un referente en la comarca de la Ribagorza.

El matrimonio hace 25 años, cuando comenzaron este proyecto.
El matrimonio hace 25 años, cuando comenzaron este proyecto.
Q.B.

"Ningún soñador es pequeño y ningún sueño es demasiado grande". Esta frase, leitmotiv de muchos emprendedores, resume muy bien la aventura personal y profesional de Pilar Marqués y Juan José Baró, propietarios de la granja La Fondaña y la quesería Benabarre. Un sueño que arrancó hace 25 años, el 13 de agosto de 1994, cuando este matrimonio decidió emprender en su pueblo natal, Benabarre, y hacerlo creando una empresa familiar y artesana de quesos tradicionales, que hoy vende más de 20.000 kilos al año, que se distribuyen por toda la región, así como por comunidades limítrofes.

"Cuando arrancamos este proyecto lo hicimos con mucho miedo, pero también con ilusión y ganas. Eran los años ochenta y 22 ganaderos de la zona tuvieron que malvender sus cabras porque no cobraban la leche que sacaban. Yo empecé en el año 1981 con treinta y tres cabras dedicadas a la producción lechera. Después, en 1986, se incorporó mi mujer Pili a este proyecto tan sacrificado", recuerda Juan José.

Los comienzos no fueron fáciles, pero ellos no decayeron a pesar de que algunos días las jornadas laborales superaban las 18 horas. Además, poca gente creía en la idea que tenía en mente el matrimonio, quien no se conformaba con criar cabras de leche, sino que quería transformar su propia materia prima.

"No fue sencillo y las dudas nos asaltaban. En el pueblo, de manera muy cariñosa, algunos vecinos me llamaban ‘el loco de las cabras’. Pero, mi mujer y yo no nos vinimos abajo y siempre decíamos que algún día haríamos nuestro propio queso y en el aparcamiento de la granja estacionarían autobuses llenos de gente interesada en comprar nuestro género. A fecha de hoy, después de muchos esfuerzos, personales y económicos, podemos decir que lo hemos conseguido", apunta Juan José, quien echa la vista atrás, con añoranza, para recordar lo mucho que les costó conseguir los 15 millones de las antiguas pesetas que necesitaron para poner en marcha la quesería. 

Primeros pasos

El punto de partida de los primeros quesos se remonta unos cuantos años antes de la inauguración oficial. Fue en 1990, cuando decidieron hacer sus primeras pruebas con la leche que ordeñaban de sus cabras. El resultado final lo vendían en un pueblo cerca de Benabarre, Tolva, a pie de carretera, junto a una panadería.

La aceptación de su producto les animó a continuar y con el dinero que obtenían de la venta de los cabritos fueron invirtiendo en este proyecto. "Recuerdo perfectamente el día que abrimos las puertas de nuestra quesería. Hacía mucho calor y yo pensé que era una buena señal. Estaba convencido de que este buen tiempo nos acompañaría siempre en esta aventura que nació con nuestro queso Benabarre, un claro homenaje al pueblo que nos vio nacer a los dos", indica.

Poco a poco, a este queso se le fueron sumando otros, con nombres tan representativos de la zona como el queso Pirineos, elaborado con leche pasteurizada; o el Conde de Ribagorza, que se hace con leche cruda de cabras cuya alimentación es cien por cien natural, ya que pasan muchas horas del día pastando por los campos próximos a la quesería.

Para dar a conocer sus productos, Pilar y Juan José se recorrieron los mercados y ferias de muchos rincones de la provincia de Huesca, entre los que recuerdan con especial cariño su primera feria de Biescas, en octubre de 1994. La popularidad de los quesos empezó a traspasar fronteras gracias, sobre todo, a los premios que fueron cosechando y que arrancaron con una medalla de Bronce en el concurso de queso artesano del Pirineo, de La Seo de Urgel (Lérida), en el año 1999.

La Fondaña

Al éxito de la quesería hay que sumar otras propuestas que también les han hecho merecedores del título de emprendedores rurales. Una de ellas es su apuesta por convertir su granja La Fondaña en un lugar de referencia de muchos grupos de escolares de todo Aragón y Cataluña y también en lugar de parada obligada para muchos visitantes españoles y franceses, sobre todo, que recorren este rincón de la comarca de la Ribagorza.

"Anualmente, vienen una media de 50 o 60 autobuses para conocer de cerca el trabajo que se realiza en la granja y también en la quesería, donde ven el proceso de elaboración del queso, la cava y el afinado de nuestros productos", afirma Juan José, mientras recuerda que cuentan con una curiosa iniciativa que consiste en apadrinar una cabrilla, de manera totalmente gratuita (Facebook La Cabra Mari De Quesos Benabarre). 

Con las bodas de plata a punto de cumplirse, el matrimonio, que no tiene hijos, sueña con la continuidad del proyecto. "Nos gustaría que alguien se animara a seguir con esta empresa, que se ha convertido en un referente en la zona. De hecho, el 70% de la producción se vende en la propia tienda y la gente viene expresamente a comprar a la quesería, aunque estamos alejados del núcleo urbano. Es un negocio con futuro y no queremos que este sueño tan bonito se muera con nosotros", concluye.

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