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El oro líquido pierde brillo

El llamado oro líquido no vive sus momentos de mayor brillo. Los precios del aceite de oliva se han hundido "sin motivo" y las previsiones de producción para la próxima campaña hablan de descensos.

Cuando aún no ha terminado la campaña de aceite de oliva, el sector comienza a calcular la producción de la próxima cosecha 2019-2020
Cuando aún no ha terminado la campaña de aceite de oliva, el sector comienza a calcular la producción de la próxima cosecha 2019-2020
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La campaña de aceite de oliva 2018-2019 que está a punto de terminar ha sido para olvidar. Nadie se podía imaginar cuando comenzó la recolección allá por el mes de noviembre del pasado año que lo que parecía el "escenario ideal" se iba a convertir en "una auténtica pesadilla".

Tenía todos los ingredientes para ser una buena campaña. Aunque el seco otoño de 2018 hacía presagiar lo peor, las lluvias de primavera y un verano inusualmente fresco revitalizaron la producción hasta tal punto que se consiguió una cosecha récord en España. La producción alcanzó los 1,8 millones de toneladas, gracias a la buenas cifras del potente sector andaluz. Había cantidad y calidad. Además, el ‘enlace’ era ajustado, es decir las existencias del año anterior apenas alcanzaban las 374.800 toneladas.

Había otro detalle que situaba en buena posición de salida a los productores de España, la principal exportadora de este oro líquido. Se auguraban desastres en el resto de países productores, con caídas de producción histórica en Italia (-53%), Grecia (-33%), Turquía (-16,3%) o Túnez (-40%).

Pero nada ha sido como se esperaba. Sin una explicación lógica, sin saber por qué –aunque las organizaciones agrarias acusan directamente a la especulación de las grandes empresas–, el precio en origen (lo que cobran los agricultores) del aceite de oliva español se ha hundido hasta nada menos que los 2,20 euros. Esta cifra no solo está por debajo de los costes de producción, sino que es la cotización más baja de los países productores. Los españoles cobran su aceite mucho más barato que los griegos, que reciben hasta 2,55 euros, incluso que los tunecinos que reciben 2,30 euros, y por supuesto que los italianos, donde el precio de este producto -el rey de la dieta mediterránea– llegó a alcanzar los 5,21 euros, más del doble que en nuestro país.

Aragón tendrá una cosecha mayor pero estará por debajo de los niveles medios.

Esta "incomprensible" situación mantiene las almazaras llenas de aceite, ha llevado a los agricultores a las calles (en Andalucía una movilización llegó a reunir a 20.000 manifestantes) y ha obligado a buscar mecanismos de regulación que permitan sacar producto del mercado para intentar reducir la presión sobre los precios.

Mientras, ya se mira hacia la próxima campaña. Es cierto que faltan todavía más de tres meses para que se inicie la recolección de la oliva, por lo que puede parecer muy aventurado estimar ahora cómo será una cosecha que no empezará a llegar hasta bien entrado noviembre. Pero lo cierto es que el sector ha comenzado a hacer cálculos.

Ya sea desde las cooperativas, como desde las organizaciones agrarias y las almazaras, se intuye que la cosecha quedará muy por debajo de aquellos 1,8 millones de toneladas de la campaña anterior. Nadie quiere aventurarse a dar cifras concretas, porque aunque escasean las tan ansiadas lluvias y las temperaturas de julio y estos comienzos de agosto han sido muy elevadas, el sector recuerda que el olivo es un árbol "fuerte", capaz de soportar un moderado estrés hídrico.

Pero todos coinciden en que la cosecha en su conjunto será inferior, por la sequía que padece Andalucía y la vecería (a una campaña de buena producción le sigue una de baja cosecha) que tanta afecta a los cultivos de secano. En Aragón, sin embargo, se espera un aumento de producción, aunque la cosecha no alcanzará los valores medios de este cultivo en la Comunidad.

No suele ser hasta el mes de septiembre cuando comienzan a hacerse públicas las previsiones de cosecha de aceite de oliva. Pero en este año tan extraño para el sector, también ha sido una peculiaridad que en el mes de julio comience a hablarse de la próxima campaña, que no llegará hasta entrado el mes de noviembre (si no hay retraso en la recolección).

Los más ‘madrugadores’ a la hora de poner cifras a la próxima campaña han sido los miembros del consejo sectorial de Cooperativas Agroalimentarias de España, en el que participan representantes de esta organización de todo el territorio nacional. Aunque el presidente de este órgano, Rafael Sánchez de Puerta, insiste en que "se trata de unas estimaciones muy provisionales cifras muy provisionales" y no ha dado cifras absolutas concretas sobre el previsible volumen de aceite que traerá la campaña española en 2019-2020, Cooperativas augura que el descenso podría situarse en torno al 40%. Y_eso significa que la cosecha se quedará en poco más de un millón de toneladas, cuando un año alcanzó la histórica cifra de 1,8 millones de toneladas.

La sequía, la vecería y el calor explican la merma de la producción total en España.

Andalucía, la principal productora, y Castilla-La Mancha son las Comunidades que salen peor paradas en las previsiones. La producción del olivar andaluz, muy afectado por la sequía, "se verá seriamente comprometida de continuar la ausencia de precipitaciones", augura el comité sectorial, que estima que la producción en el sur español quedará mermada al menos en un 40%.

Mayor es el descenso que se prevé para Castilla-La Mancha. Eso sí, partía de una cosecha récord (la conseguida en la pasada campaña), que llegó a alcanzar las 182.000 toneladas. Muy lejos están este año las cifras de las estimaciones en esta Comunidad que podría perder, según Cooperativas Agroalimentarias, el 60% de esta producción, debido especialmente a la "dramática situación" de la provincia de Toledo. Extremadura ocupa la tercera posición en el ranquin de descensos. Tras dos campañas superando las 73.000 toneladas, los cálculos de esta organización empresarial cifran en un 20% la disminución de aceite de oliva en esta región.

Al otro lado de la balanza se encuentra Murcia, donde los representantes de las cooperativas reconocen que la situación de los cultivos es buena y, por lo tanto, podría convertirse en la región que mayores incrementos mostrará en el conjunto nacional, aunque no la han cuantificado.

¿Y en Aragón?

Ni tan mala, ni tan buena. Las estimaciones de Cooperativas Agroalimentarias ponen el signo positivo a la producción aragonesa, como también sucede en Cataluña, Valencia y Navarra, donde se espera una mayor cosecha. Pero reconocen que la producción aragonesa se situará por debajo de los valores medios.

"Todavía es muy pronto y hay que ser cautelosos", insiste Ana Garín, técnica de Cooperativas Agroalimentarias, que explica que las estimaciones realizadas hasta ahora apuntan a una cosecha que rondaría las 13.000 toneladas de aceite de oliva, lo que supone un incremento del 15% respecto a la campaña actual. Claro que, como recuerdan los productores, mientras el sur del país recogía una cosecha histórica en 2018-2019, la situación en Aragón no era precisamente para celebrar un récord. La producción aragonesa en la campaña fue "muy corta, con poca cantidad de oliva y bajos rendimientos" y especialmente "mala" en el Bajo Aragón, donde se encuentran unas 20.000 hectáreas de olivar de las más de 34.000 que existen en la Comunidad. Tuvo mucho que ver la mosca del olivo y unas intensas lluvias en otoño, que impidieron recoger el fruto que estaba en el suelo. Influyó también la vecería, poque el año anterior la cosecha había sido buena.

A los productores les preocupan los precios, tras un año totalmente ruinoso.

La vecería, precisamente, explica que este año la producción de aceite aragonés mantenga unas previsiones al alza, porque este fenómeno es muy usual en el olivar de secano, que ocupa la mayor parte del cultivo de este leñoso en la Comunidad. Garín reconoce que hay zonas en la región en la que los árboles muestran la huella de la sequía, pero asegura que hay comarcas en las que el olivar "esta bastante bien".

Pendientes del cielo

Habrá que esperar, sin embargo, a ver cómo evoluciona el tiempo durante los meses de agosto y septiembre, porque aunque el olivo es un árbol duro, capaz de soportar con cierto rigor el estrés hídrico, las cifras finales dependerán de la presencia o ausencia de las lluvias. "Sería bueno que hubiera alguna tormenta en agosto y septiembre. Confiemos en que en esos meses vaya lloviendo para poder recoger en Aragón, al menos, una cosecha media".

Es cierto que los últimos datos publicados por la Agencia Española de Meteorología (Aemet) no son precisamente muy esperanzadores. Sus cifras no solo corroboran que en lo que llevamos de verano hemos tenido que soportar temperaturas por encima de la media y unas precipitaciones acumuladas que en muchas provincias españolas suponen solamente el 50-60% de los valores medios. Además, las últimas previsiones apuntan a que "continuaremos con esta ausencia de lluvias durante las próximas semanas y tendremos episodios de altas temperaturas que afectarán prácticamente a toda la Península", recuerdan desde Cooperativas Agroalimentarias.

Hacia el cielo miran también los responsables de las organizaciones agrarias (UPA, UAGA-COAG y Asaja), que si bien prefieren esperar al próximo mes para ajustar sus previsiones, coinciden en señalar que la cosecha será "muy corta".

A pesar de las negativas previsiones para la campaña 2019/2020, el presidente de la sectorial del aceite de Cooperativas Agroalimentarias insiste en que "las elevadas existencias con las que concluiremos esta campaña serán claves para contar con unas disponibilidades suficientes que permitan abastecer los mercados".

... y de los bajos precios

Aunque preocupados por la posible merma de sus producciones, los olivareros temen una campaña como la que está a punto de terminar. Los precios se han desplomado y nadie sabe por qué. "No llegamos a entender lo que ha ocurrido", reconoce la técnica de Cooperativas Agroalimentarias de España. Porque nadie se esperaba que, a pesar del volumen de aceite producido, hubiera tantos problemas para conseguir unas cotizaciones adecuadas, más teniendo en cuenta que los países mediterráneos apenas tenían cosecha, especialmente Italia, que continúa importando elevadas cantidades de oro líquido español que luego comercializa como si fuera producido en su país. "Estamos desconcertados no solo por la caída de los precios, sino porque además no había sensación de que el producto se vendiera", asegura Garín.

Las organizaciones agrarias, sin embargo, si que tienen claro a quién hay que señalar para explicar las millonarias pérdidas que está acumulando este sector durante esta extraña campaña. "Especulación". Es la palabra que utilizan tanto Asaja como UPA y COAG –en la que está integrada la aragonesa UAGA– para explicar por qué en 2017-2018 se produjeron en el mundo 3,25 millones de toneladas de aceite y los productores españoles cobraron por encima de los 3,30 euros, mientras que en la actual campaña la producción mundial ha sido de 3,2 millones de toneladas y los precios, sin embargo, han bajado hasta los 2 euros, situando a España en el furgón de cola de las cotizaciones en origen.

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