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Aragón

Discurso de la toma de posesión de Lambán como presidente de Aragón

Intervención íntegra el 3 de agosto de 2019 en el palacio de la Aljafería. 

Acto de investidura del socialista Javier Lambán como presidente de Aragón
Acto de investidura del socialista Javier Lambán como presidente de Aragón
Guillermo Mestre

DISCURSO DE LA TOMA DE POSESIÓN DE JAVIER LAMBÁN COMO PRESIDENTE DE ARAGÓN

Palacio de La Aljafería. Sábado, 3 de agosto de 2019

Salutaciones

Estamos en el Palacio de la Aljafería, mandado construir afínales siglo XI por alMuqtadir y utilizado después por los Reyes de Aragón, particularmente por Pedro IV el Ceremonioso y posteriormente por nuestros Reyes Católicos, por nuestro Gran Fernando II. Desde 1987 es, con Hipólito Gómez de las Roces, el lugar, nuestro espacio solemne, donde tiene lugar la investidura de los presidentes del Gobierno de Aragón, una circunstancia esta que nos obliga, a quien hemos tenido ese inmenso honor, de tomar conciencia política de lo que es ser presidentes de una comunidad política que tiene más de mil años de historia.

Esta sensación, esta forma de sentir un momento determinado, es una manera de sentir un momento de manera personal, intransferible, inenarrable y que, por la proximidad de lo local, solo puede ser entendida por quienes han sido elegidos alcaldes de sus pueblos, lo cual me obliga, y esta es una razón más, a mostrar mi gratitud, a los diputados y diputadas que ha hecho posible mi elección, a los diputados y diputadas de PSOE, Podemos, CHA, PAR e IU, así como a los ciudadanos que los eligieron.

La próxima semana se constituirá en Aragón un gobierno de coalición entre cuatro partidos políticos, de ideología diversa, pero agrupados, en mi opinión, en torno a un ideal más sugerente y sugestivo. Agrupados en torno a una idea de Aragón, en torno a una manera de pensar y construir Aragón como un proyecto común.

Antes de las elecciones yo me manifesté en varias ocasiones partidario de que la gobernanza de la comunidad, después de que esas elecciones, se produjera en términos de centralidad, huyendo de cualquier tentación frentista. Sé hasta qué punto Aragón tiene ante sí desafíos y retos muy importantes pero también grandes oportunidades que para su gestión exitosa, no pueden depender de un solo partido, es más, no pueden ser privativos de la izquierda o de la derecha. Para su gestión exitosa necesitan gobernanzas transversales, moderadas e instaladas plenamente en la transversalidad. Y así se reafirmó en los resultados que conocimos en la noche del 26 de mayo pasado.

Y a mí, adscrito a una corriente del Partido Socialista, que en mi opinión inauguró Indalecio Prieto, no me cuesta demasiado instalarme en esa centralidad y en la anteposición del interés general a los intereses de partido. Por decirlo en palabras de

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nuestro cada vez más añorado Alfredo Pérez Rubalcaba, un socialista, a la hora de establecer prioridades, si en un momento determinado debe anteponer el interés de España a las del Partido Socialista, no debe tener ninguna duda. Debe anteponer el interés de España.

Pero es que además, por citar al sociólogo alemán, Max Weber, la política no debe hacerse solo con la cabeza. La política ha de hacerse también con pasión, con un punto de locura razonada; en otras palabras, aunque anclada en última instancia en la razón, la buena política debe mirar de vez en cuando al genial caballero manchego don Quijote de la Mancha y a su altísima visión y a su altura de miras antes que a la cortedad de miras y al vuelo gallináceo del Bachiller Sansón Carrasco. Y tengo para mí que esa pasión por la buena política, ese punto de locura razonada, nos inclina de manera inmediata a compartir propósitos entre todos antes que a encaminar nuestros esfuerzos políticos exclusivamente por la vía de nuestra ideología.

A partir de ahí se abre un espacio, un campo de colaboración en el que se ha inscrito el trabajo de estas cuatro fuerzas políticas para formar el gobierno de los próximos años. Un espacio vasto de acuerdo, de colaboración, que tiene como norma rectora el Estatuto de Autonomía que es, en sí mismo, un programa político formidable que tiene como instrumentos los que nos proporciona el autogobierno y, particularmente, el gobierno de la Comunidad y que tiene en este momento concreto, por razones de oportunidad y de urgencias históricas, una serie de finalidades claras que es en torno a las cuales se ha constituido el Gobierno: hacer un Aragón más social, más verde, más digital, y un Aragón plenamente alineado y comprometido con la Constitución y con España.

Cuando hablamos de un Aragón más social estamos hablando de unos poderes públicos provisores de derechos y de oportunidades cada vez en mayor medida. Estamos hablando de una comunidad de hombres y mujeres más libres e iguales que no pierdan de vista que, como ocurrió en otros momentos de nuestra historia, hemos de proponernos ser el pueblo más libre de la tierra

Un Aragón más verde, firmemente comprometido con los compromisos contra los efectos de del cambio climático y a la vez, situando entre sus prioridades la solución del problema demográfico que, en mi opinión, es tanto como reinventar desde un modelo habitacional que supere el heredado de la Edad Media, se inscriba en los parámetros actuales de la economía y sea fielmente respetuoso de los operativos de la biodiversidad y del medio ambiente.

Un Aragón digital, es decir, un Aragón dispuesto a gobernar la etapa de la industria 4.0, un Aragón dispuesto a situar el conocimiento como mentor de todas sus estrategias de futuro, aceptando que el conocimiento es el principal factor de crecimiento de cuyo cultivo radicará el éxito o fracaso de los países y sociedades del siglo XXI; un Aragón

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que anda sobrado de talento que puede ser una comunidad líder, sin ningún tipo de dudas, en esa materia.

Y un Aragón firmemente alineado con la Constitución de 1978, con este gran país que es España, un Aragón plenamente consciente de que es parte constituyente y constitutiva de este gran país que le obliga de manera especial a contribuir a la solución de sus problemas y que además le emplaza a construir la España del siglo XXI desde el ejercicio del autogobierno.

La España radial tiene infinitas ventajas sobre la España centralizada previa a la Constitución de 1978. Esa España centralizada hemos de dejarla definitivamente atrás y construir la España del S.XXI desde los autogobiernos que nos permiten desplegar todas las potencialidades económicas, políticas y cívicas de cada Comunidad, con el éxito asegurado en tanto en cuanto la suma de las partes será infinitamente superior al todo centralizado previo a la CE de 1978.

Un Aragón que entienda que sus grandes proyectos estratégicos (la reapertura del Canfranc, el Corredor Cantábrico-Mediterráneo, nuestro despliegue logístico) lo son para nosotros pero también, queridos representantes del Gobierno de España, para el conjunto de España porque tenemos esa aspiración: la de construir España desde aquí y aportar todo nuestro talento y esfuerzo al acervo nacional, pidiéndoos que en un ejercicio de lealtad compartida entendáis nuestros proyectos como de primer interés, de interés prioritario para España porque así lo son. Algo que he de reconocer abiertamente ante todos ustedes, que en el transcurso del trabajo de este gobierno nos hemos encontrado siempre con respuestas afirmativas y positivas que, sinceramente os agradezco, queridos compañeros y que pido que trasladéis al Presidente del Gobierno.

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Queridas amigas y amigos, esta es mi segunda investidura, después de cuatro años que entiendo que han sido muy provechosos para Aragón pero que no han estado exentos de contratiempos múltiples y por eso les pido un pequeño ejercicio de indulgencia hacia mí, permitiéndome que me autoretrate y me defina como un aragonés enamorado de su tierra que decidió en su día servirla desde el noble ejercicio de la política.

Yo creo que si hubiera una hormona de la aragonesidad o del aragonesismo, yo sufriría trastornos importantes por exceso de la misma.

Pertenezco a una familia que desde el siglo XVIII, lo tengo absolutamente documentado y verificado, está radicada en Ejea de los Caballeros dedicada al oficio de

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la agricultura, desde el oficio de jornaleros o labradores. Hablo igual que mi abuelo o que mi padre; de hecho, hay un periodista de Madrid que dice que cuando me escucha, le parece que Paco Martínez Soria es andaluz. Desde el principio de mi vida he cumplido y he observado rigurosamente todos los rituales que le son exigibles a un aragonés, al menos de mi generación. A los 3 años mi madre me pasó por el manto de la Virgen del Pilar; me emociono profundamente ante la contemplación del Pirineo, del Parque Nacional de Ordesa, del Moncayo, de las montañas ibéricas del sur; me conmuevo hasta el tuétano en San Juan de la Peña, en la Seo, en la pequeña catedral de Albarracín…

Por citarles dos episodios recientes de mi andadura, en Palermo me saltaron las lágrimas viendo reflejada de manera poderosa en la bandera de Sicilia la cuatribarrada, o visitando la tumba de Constanza de Aragón, que salió de Sijena para casarse con Federico II Hohenstaufen y ser emperatriz del sacro Imperio romano-germánico. Y me conmuevo exactamente igual compartiendo charlas y reuniones con jóvenes aragoneses que en Shangai, o en otras de las ciudades más avanzadas del mundo, destacan por su talento, por su competitividad en la investigación o en la gestión de la empresa; dan muestra de hasta qué punto los aragoneses somos universales por naturaleza y uno piensa siempre que con que un diez por ciento de ellos vuelvan, Aragón saldrá netamente favorecida de la inversión que originalmente hizo en ellos.

Dese este punto de vista he servido a Aragón desde la política y si tuviera que elegir la manera en que se recuerde algún día de qué manera he servido al país desde la política, me gustaría que se me recordara como fiel ejerciente de la visión que de la misma tenía el presidente de la II República, don Manuel Azaña. Él hablaba de la emoción política, no como un oficio que se adquiere, sino como algo que se tiene o no, inspirado en un sentimiento de justicia universal que al que lo posee le hace insensible a las pulsiones y halagos de las muchedumbres y además le proporciona seguridad en sus principios como para sentarse en la tribuna al final de su vida y mantener su compromiso con la verdad y ser sincero con sus planteamientos, como la primera vez que hizo uso de la palabra.

Desde esta condición y desde estos principios, me gustaría que a mí, alguna vez, si se tiene una mínima mirada sobre mí por parte de la Historia de Aragón, se me recordara, sabedores de que el talento y las fuerzas que me quedan las pondré enteras y verdaderas al servicio de Argón. Y sobre todo, citando versos del inconmensurable don Antonio Machado, sabedores -se lo digo mirándoles a todos ustedes a los ojos-, estando en la certeza de que “cuando llegue el día de mi último viaje y esté al partir la nave que nunca ha de tornar, me encontrarán a bordo, ligero de equipaje, casi desnudo como los hijos de la mar”.

Muchas gracias

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