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entrevista

Eduardo Francés: "La Luna será el punto de salida para ir a Marte; ya no es ir y volver"

Ingeniero prejubilado (1956, Cifuentes, Guadalajara), es gran aficionado a la astronomía y socio de la Agrupación Astronómica Aragonesa.

Eduardo Francés es socio de la Agrupación Astronómica Aragonesa, que cumple 30 años.
Eduardo Francés es socio de la Agrupación Astronómica Aragonesa, que cumple 30 años.
Toni Galán

Se cumplen 50 años de la llegada a la Luna y la Agrupación Astronómica Aragonesa lo celebró con un ciclo de charlas. Tituló la suya ‘Un desafío irrepetible’. ¿Por qué irrepetible?

Los americanos veían que estaban perdiendo la carrera espacial con los rusos, por lo que echaron dinero para dar y vender. Además, en plena guerra de Vietnam, la carrera espacial era una forma de entretener a la gente. En 1961, Kennedy se echó el farol de decir que llegaríamos a la Luna en esa década. Fue una temeridad. La gente de la NASA se quedó consternada. Metieron dinero a raudales; en pocos meses, la NASA pasó de 40.000 a 420.000 personas trabajando para el proyecto Apolo. Por eso es el proyecto científico y de ingeniería mas importante de toda la historia. Algo irrepetible.

¿Dónde estaba aquella noche del 20 de julio de 1969?

Tenía yo 13 años. Recuerdo aquella noche alrededor de una mesa redonda, con mi familia, mis tíos, todos ahí adormilados. Cuando por fin vimos a los astronautas del Apolo XI dando saltitos y colocando la bandera fue un poco decepcionante porque las imágenes fueron pésimas. La NASA no dio la señal a las televisiones, sino que se proyectó en una pantalla que las cámaras grababan. Eran las tantas de la madrugada.

Los niños empezarían a querer ser astronautas.

No, la España de los sesenta era prácticamente rural y América era como otra galaxia. Nadie en su sano juicio aspiraba a algo así.

Hay quien cree que fue mentira.

En aquellos tiempos de la Guerra Fría, si hubiera sido un fraude, los rusos lo hubieran amplificado hasta la saciedad.

¿Cuál fue la mayor proeza técnica?

El cohete, Saturno V, que pesaba al lanzamiento 2.970 toneladas. Entre Saturno V y las cápsulas suman más de 6 millones de piezas.

¿Qué significó?

Cervantes resumió la batalla de Lepanto con palabras que pueden servir para el proyecto Apolo: "Fue el mayor acontecimiento que vieron los siglos". Reflejan ese afán de conocer nuevos horizontes de la especie humana. Ese pequeño paso fue un gran salto para la humanidad que, a no mucho tardar, tendrá que pensar en salir fuera. Los recursos de la Tierra son muy limitados y tendremos que vivir en el espacio sí o sí.

Apolo XVII fue el último. En 2024, la NASA mandará a una mujer a la Luna. ¿Por qué se ha tardado tanto en planear un nuevo viaje?

El proyecto Apolo se presupuestó en 7.000 millones de dólares y acabó costando 25.000 millones (unos 110.000 millones en dólares equivalentes a 2010). Cada lanzamiento costaba, en dólares de 2010, unos 3.000 millones. Un coste ingente. Además, al tener 6 millones de piezas, la probabilidad de fallo estaba en torno al 50%.

¿Qué queremos hoy de la Luna?

Para mitad de la década de los veinte se espera tener una o dos bases permanentes. La próxima frontera es Marte y el primer paso es dominar bien la tecnología espacial en la Luna porque será el punto de salida para ir a Marte.

¿Quién liderará la expedición?

No es como ir y volver a la Luna. Tiene que ser internacional porque los costes son tremendos. Las ventanas espaciales –cuando la Tierra y Marte están más cerca, a entre 52 y 55 millones de kilómetros– son cada dos años y medio. Así que te tienes que pegar allí dos años y la infraestructura para mantener a varias personas en Marte tanto tiempo es inmensa.

¿Cuáles serían las ocho diferencias entre aquel viaje a la Luna y el que se pudiera hacer hoy?

No habrá más allá de dos o tres cosas diferentes. Antes era tocar chufa y volver, ahora los viajes a la Luna serán para quedarnos. Habrá que llevar equipos para gestionar ‘in situ’, por ejemplo, los combustibles, el hidrógeno y el oxígeno a través del hielo; antes se llevaba todo de la Tierra. Y se utilizará mas electrónica, mientras los ordenadores del Apolo eran infinitamente menores que un móvil.

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