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Apenas uno de cada cinco jóvenes puede irse de casa en Aragón, con alquileres que se llevan hasta el 60% del sueldo

La tasa de emancipación para los menores de 30 años es aún más baja en España, según el Observatorio de la Vivienda. Los expertos hablan de "tormenta perfecta" por la precariedad en el empleo, la falta de políticas públicas de vivienda y el factor cultural, que explica la edad tardía a la hora de dejar el hogar familiar.

Pisos en alquiler en un tablón de la Universidad de Zaragoza.
Pisos en alquiler en un tablón de la Universidad de Zaragoza.
José Miguel Marco

Irse de casa antes de los 30 es casi una misión imposible. En Aragón, apenas el 22% de los jóvenes menores de esa edad han podido hacerlo. Y muchos de ellos no son además tan independientes como soñaron algún día, porque viven sin sus padres, sí, pero en pisos compartidos o incluso cedidos por algún familiar.

Pese a que las cifras no son en absoluto buenas, los jóvenes aragoneses pueden sentirse afortunados. Su tasa de emancipación está tres puntos por encima de la media española. Así lo constata el último Observatorio de Emancipación Juvenil que elabora el Consejo de la Juventud y que alerta de una situación preocupante: la proporción de personas jóvenes emancipadas en el país es la más baja de la última década. Hay que retrotraerse a la mitad de los años 90 para dar con unas cifras tan reducidas, ya que solo 19 de cada 100 jóvenes viven fuera de casa.

En Aragón, después de años muy duros, empiezan a verse brotes verdes. Desde 2016, la autonomía residencial de los jóvenes ha ido creciendo a un ritmo muy suave pero sostenido. Hasta el punto de que es la cuarta comunidad con mayor porcentaje de jóvenes independientes. Solo La Rioja, Cataluña y Baleares registran mejores datos. Son los aragoneses de entre 25 y 29 años quienes están tirando de esa estadística. Y los varones. Ellos se emancipan más que ellas.

Y pese a que los datos de empleo en nuestra Comunidad son de los mejores -Aragón es la sexta región con menor tasa de paro en menores de 30 años- el coste de irse de casa resulta aún inviable para muchos. Para alquilar un piso, tienen que destinar en torno al 60% de sus ingresos (la media española sube hasta un insufrible 90%) y para comprar, el 40%. Y es que el salario neto apenas supera los 10.000 euros. Si a eso se une las altas tasas de temporalidad de los contratos, el panorama se complica aún más.

Por eso, muchos optan por compartir casa y gastos. O bien en pareja, o bien con compañeros de piso. Es la fórmula que permite la ansiada independencia. Según el Observatorio, en Aragón la suma de ingresos de un hogar joven se sitúa de media en torno a los 25.000 euros, cantidad que sí permite en principio adquirir o alquilar una vivienda libre.

Pese a lo que podría pensarse, este ligero cambio de tendencia en Aragón no responde, según los autores del informe, a una mayor creación de empleo o un descenso de la temporalidad, sino más bien a que, poco a poco, los jóvenes aragoneses van encontrando empleos más acordes a su cualificación. De hecho, nuestra Comunidad tiene la tercera tasa más reducida de todo el país (36%) de personas sobre cualificadas para el trabajo que desempeñan.

La dimensión cultural

Para el sociólogo Joffre López, que ha trabajado junto al Consejo de la Juventud en el estudio, los bajos datos de emancipación responden a “una tormenta perfecta que no es nueva ni atípica, y que está provocada por las precarias condiciones económicas y el recurso al mercado libre como vía hegemónica de acceso a la vivienda”.

Su colega, el aragonés David Pac, añade otra dimensión más: la cultural. “Hay lógicas y modelos muy diferentes de entrada a la vida adulta en Europa. En Gran Bretaña, por ejemplo, impera la responsabilidad individual; en los países nórdicos, la responsabilidad pública, y en España y otros países del sur, la responsabilidad familiar”, comenta. Esa dimensión familiar explica, en su opinión, el retraso en la edad para irse de casa en nuestro país.

“Y a esa edad más tardía que se sigue manteniendo por motivos culturales se suma la variable económica, con paro juvenil, precariedad y mucha temporalidad, y la variable política, sin apenas intervención pública para corregir el mercado de la vivienda”, señala Pac. Todo ello combinado impide cualquier proyecto de vida individual, lamenta.

Para intentar corregirlo, Pac lo tiene claro: la administración debería intervenir en el mercado de la vivienda. “La política pública de vivienda es deficitaria y se hacen cosas a muy pequeña escala. Habría que facilitar mucho más el acceso y, por otra parte, evitar a toda costa que las personas se queden sin casa”, critica.

Este sociólogo llama la atención también sobre un aspecto muy concreto del estudio: los pisos cedidos. Como el alquiler se ha disparado, esta fórmula está disminuyendo. Pero el retroceso del alquiler no se ha traducido en un incremento de la propiedad, sino que ha hecho crecer una modalidad que antes era prácticamente anecdótica: la cesión de viviendas.

Y aquí entra de nuevo en juego, subraya Pac, la dimensión familiar de nuestra cultura mediterránea. Cada vez son más los jóvenes que pueden irse de casa porque algún familiar les presta una vivienda. Y también empieza a surgir el fenómeno de las cooperativas.

No en vano, doce de cada cien personas emancipadas residen ya viviendas cedidas. Y son ya más los jóvenes que viven así que en pisos de propiedad sin pagos pendientes.

"Irme a un piso de alquiler suponía destinar a ello la mitad del sueldo"

Raúl Mauleón tiene 20 años y sigue viviendo con sus padres. Pese a todo, puede considerarse un privilegiado. Aunque es muy joven, lleva ya dos años trabajando, el último como fijo. Lo hace en un conocido y afamado restaurante de la capital aragonesa, pero aún así no puede volar del hogar de sus padres.

“Hace un tiempo estuve mirando, junto a un amigo, para tratar de irnos de alquiler a un piso compartido más cerca de mi lugar de trabajo”, explica. Pero la búsqueda duró poco. Los precios enseguida le hicieron desistir. Les pedían, según recuerda, entre 500 y 600 euros a cada uno, una cifra “inviable”.

“Suponía destinar la mitad del sueldo al piso, así que de momento que quedo en casa”, asegura. Además de que reconoce que, por ahora, es más cómodo, el estar en casa le permite ir ahorrando mes a mes. Porque sabe que, llegado el momento, cualquier ahorro será poco. “Es una locura como está el alquiler”, se queja. 

Para acompañar a los jóvenes que, como Raúl, empiezan a plantearse irse de casa, el Instituto Aragonés de la Juventud puso en marcha recientemente un servicio de asesoramiento e información en materia de vivienda. Porque a los altos precios, se suman también otras barreras: requisitos desmedidos, fianzas, seguros, contratos complejos...

Desde octubre, ha atendido a 246 jóvenes. La oficina, que es gratuita, resuelve todas las dudas en el proceso de compra o alquiler de un piso, revisión de contratos, derechos y obligaciones, información de ayudas, recursos de alquiler, etc... "Les traducimos toda la información y les hacemos recomendaciones antes de firmar", explica el director del IAJ, Adrián Gimeno. 

Atiende los martes y jueves en horario de 9.00 a 13.00, solicitando previamente cita a través del teléfono 976 716 810 o en el correo electrónico emancipaciónvivienda.iaj @aragon.es.  El Instituto también informa en su página web de las ayudas, al alquiler o a la rehabilitación, por ejemplo, que pueden solicitar los jóvenes.

A los responsables del Instituto les ha llamado la atención el repunte en el número de consultas sobre compra. El alquiler está actualmente tan disparado que son muchos los jóvenes que piensan que por un poco más es mejor hipotecarse. "Les hacemos ver", explica Gimeno, "que no solo se trata de la cuota mensual, que han de tener en cuenta otros factores, como los años del préstamo, los intereses que tendrán que pagar..."

Esta ventanilla única sobre gestiones de vivienda demuestra, tal y como destaca, la preocupación del Instituto por una cuestión "vital" para los jóvenes. Pese a que Aragón está mejor que la media en cuanto a la tasa de emancipación, Gimeno reconoce que "hay mucho camino por recorrer aún y que las cifras son todavía muy mejorables". 

En este sentido, apuesta por impulsar "una verdadera política global en materia de vivienda que ayude a contrarrestar los precios del mercado libre". "En los últimos años se han hecho cosas, pero de forma aislada y sin continuidad en el tiempo", indica. Cita, por ejemplo, las VPO de compra, cuya oferta actual es reducida, o la renta básica de emancipación, que pese a ser efectiva, acabó eliminándose. 

En su opinión, el reto pasa ahora por la rehabilitación y por las VPO de alquiler para colectivos vulnerables, como los jóvenes. Gimeno reconoce que, para ello, hace falta un "stock importante de vivienda pública", del que no dispone la Administración. "Pero ese, y no otro, es el camino. De lo contrario, la edad de emancipación seguirá retrasándose cada vez más", augura.

 

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